La sombra del Sodalicio en EWTN
El nombramiento de Úrsula Murúa al frente de EWTN News se presenta como renovación institucional. Detrás persiste la continuidad de un equipo formado en el entorno del Sodalicio de Vida Cristiana, la institución disuelta por el Vaticano, y el legado de Alejandro Bermúdez.
El 9 de octubre de 2026, EWTN Global Catholic Network anunció el nombramiento de Úrsula Murúa como nueva presidenta de EWTN News, cargo que asumirá el 1 de noviembre. Sustituye a Montse Alvarado, quien ese mismo día tomará posesión como prefecta del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede, designada meses antes por el papa León XIV. El comunicado oficial es impecable en su tono diplomático: destaca los más de treinta años de trayectoria de Murúa en los medios católicos, su papel clave en la transformación digital de la cadena y un vínculo casi providencial con la Madre Angélica, a quien cubrió de joven para ACI Prensa cuando tenía apenas veinte años.
Michael P. Warsaw, presidente del Consejo y CEO de EWTN, presentó el nombramiento como “obra de la Providencia”. Murúa, por su parte, habló del hambre de verdad y de Cristo que mueve a las audiencias. Ni una sola palabra sobre Alejandro Bermúdez. Ni una alusión al Sodalicio de Vida Cristiana. El texto corporativo construye una narrativa limpia de continuidad profesional y fidelidad al Evangelio. Pero detrás de ese lenguaje estándar se proyecta una sombra más larga y menos luminosa.
La continuidad que no se nombra
Según testimonios de quienes conocieron de cerca el medio, Murúa y su esposo, Rubén León, fueron adherentes sodálites: miembros asociados al Sodalicio de Vida Cristiana como pareja matrimonial. Ambos se formaron dentro de los lineamientos ideológicos de la institución y, de acuerdo con quienes los tratan, nunca manifestaron críticas públicas hacia ella, ni siquiera después de que el Vaticano la investigara y la disolviera. Rubén León trabajó en el equipo de ACI Prensa durante la dirección de Bermúdez y actualmente figura como staff writer (redactor) de EWTN News, con artículos publicados inclusive hasta agosto de este año en la versión en inglés del portal de noticias y hasta octubre en la versión en español.
Pablo Pilco, otro miembro del equipo histórico de la redacción de ACI Prensa, también fue adherente sodálite y colaboró estrechamente en las labores periodísticas bajo la dirección de Bermúdez. Su vinculación con EWTN se extendió más allá de 2022: en junio de 2025 todavía participaba como invitado especial en programas de EWTN Radio.
Estas no son anécdotas biográficas irrelevantes. Bermúdez dirigió ACI Prensa y, más tarde, el Grupo ACI dentro de EWTN durante más de tres décadas. Fue una de las voces más combativas del periodismo católico hispano y, al mismo tiempo, miembro destacado del Sodalicio. Desde Roma, uno de sus colaboradores cercanos fue Enrique Elías, sodálite consagrado de derecho pleno y procurador de la institución. En una redacción pequeña, cohesionada y con fuerte identidad ideológica, las afinidades personales y formativas no son neutrales: condicionan qué se investiga, qué se relativiza y qué se silencia.
El tratamiento que ACI Prensa dio durante años a las denuncias contra el Sodalicio —cauteloso, cuando no defensivo— resulta coherente con esa proximidad. La pregunta que el nombramiento de Murúa vuelve a poner sobre la mesa es si esa cultura se disolvió con la marcha de Bermúdez o si simplemente cambió de cara.
La salida de Bermúdez: ¿retiro consensuado o control de daños?
El 3 de mayo de 2022, Bermúdez anunció que EWTN había hecho oficial su retiro, que completaría el 31 de diciembre de ese año. Los comunicados hablaron de transición ordenada. Sin embargo, el contexto invita a una lectura más pragmática. En septiembre de 2021, el papa Francisco había criticado con dureza a “un gran canal de televisión católico” cuyos ataques constantes consideraba “obra del diablo”. Amplios medios interpretaron que se refería a EWTN, especialmente a programas como The World Over de Raymond Arroyo, que dio plataforma habitual a críticos del pontificado como los cardenales Raymond Leo Burke y Gerhard Ludwig Müller o el arzobispo Carlo Maria Viganò.
Esa tensión no era aislada. Durante años, EWTN ha sido acusada de un marcado sesgo conservador —comparado por críticos con un “Fox News católico”— que prioriza una agenda político-cultural estadounidense (pro-vida, oposición al matrimonio igualitario, crítica a políticas demócratas) sobre un periodismo eclesial equilibrado. Su cobertura del “testimonio” de Viganò en 2018 y del caso del cardenal McCarrick —defenestrado por el papa Francisco— también generó cuestionamientos por haber promovido acusaciones sin suficiente escrutinio de las contradicciones que presentaban (según análisis posteriores, como el de Commonweal y el propio Informe McCarrick del Vaticano).
En el caso de ACI Prensa, las críticas se centraron especialmente en la etapa Bermúdez. El vínculo con el Sodalicio —investigado por abusos sexuales, psicológicos y de autoridad, y finalmente disuelto por el Vaticano en 2025— llevó a acusaciones de que la agencia funcionó, en la práctica, como un brazo mediático del grupo, con cobertura protectora hacia la institución y hostil hacia sus denunciantes. Se documentaron además denuncias de intimidación y hostigamiento por parte de Bermúdez hacia periodistas críticos. En mayo de 2025, tras una denuncia de agresión verbal presentada por las periodistas Paola Ugaz y Elise Allen, varios medios informaron —citando fuentes cercanas a las denunciantes— que la Santa Sede le había retirado permanentemente la acreditación de la Sala Stampa y lo había declarado persona non grata. Bermúdez negó tanto la agresión como la existencia de dicha sanción.
La salida de Bermúdez en 2022 permitió a EWTN desmarcarse a tiempo de un activo cada vez más tóxico. El lenguaje oficial de “retiro voluntario” cumplió su función: proteger la marca mientras se cerraba una etapa incómoda.
El rebranding y la nueva cara
La operación de distanciamiento no se limitó a la salida de Bermúdez. Recientemente, EWTN ha agrupado a Catholic News Agency y al Grupo ACI bajo una única identidad: EWTN News. El nombre histórico de ACI Prensa, íntimamente ligado durante décadas a la figura y al estilo de Bermúdez, ha quedado absorbido por la marca matriz global. Oficialmente, se trata de una decisión corporativa y técnica: unificar la identidad de marca y modernizar las plataformas. En la práctica, funciona como un borrón y cuenta nueva institucional.
El nombramiento de Úrsula Murúa encaja en esa misma lógica. Se mantiene al personal de confianza y de larga trayectoria interna —formado, en varios casos, dentro del entorno sodálite—, pero se presenta bajo una narrativa renovada, digital y desvinculada de las polémicas personales del pasado. La continuidad operativa se disfraza de renovación.
La trinchera política
La sombra del Sodalicio no es solo eclesial. Durante años, EWTN ha sido acusada de mantener una alineación estrecha con el conservadurismo político estadounidense, particularmente con Donald Trump. Aunque la red niega ser partidista y afirma informar desde la doctrina católica, su cobertura —especialmente a través de programas como The World Over y de las agencias de noticias— ha mostrado una sintonía sostenida con las posiciones de Trump en aborto, libertad religiosa, inmigración y cultura. Entrevistas frecuentes, tono empático y escasa confrontación con las contradicciones del expresidente han consolidado la percepción de que el medio opera más como aliado cultural que como observador crítico.
Esa alineación no es ajena a la mentalidad forjada en la era Bermúdez. El combate cultural contra el “progresismo” y la visión de la Iglesia como trinchera frente a la modernidad secular coinciden punto por punto con el discurso de sectores del catolicismo trumpista. La continuidad de personal formado en esa escuela ayuda a explicar por qué, incluso después de 2022, la línea editorial no experimentó un giro significativo hacia un periodismo más distante del poder político.
Lo que persiste detrás del lenguaje oficial
EWTN es hoy una organización global que llega a cientos de millones de hogares y que ha logrado colocar a una de sus dirigentes al frente de un dicasterio vaticano. Ese éxito institucional es real. También lo es la pregunta que el nombramiento de Úrsula Murúa vuelve a plantear con claridad: ¿hasta qué punto la cultura periodística construida durante décadas bajo la dirección de un miembro destacado del Sodalicio —y sostenida por colaboradores que compartieron su pertenencia o adhesión a esa institución— sigue condicionando la selección de temas, el tono y los silencios?
Los comunicados oficiales seguirán hablando de Providencia, de transformación digital y de fidelidad al Evangelio. Ese lenguaje diplomático es legítimo en una institución que debe proteger su marca. Pero el periodismo crítico tiene otra obligación: mirar detrás de él. La sombra del Sodalicio no se disuelve con un cambio de nombre ni con el ascenso de nuevas caras. Mientras las biografías, las redes y las omisiones permanezcan sin interrogarse abiertamente, esa sombra seguirá proyectándose sobre la información que millones de católicos reciben cada día como si fuera simplemente “la verdad”.