Tamayo: "El papa Francisco fue un líder moral internacional"
"Dejó una huella imborrable en la humanidad. Durante los 12 años de su pontificado demostró serlo en una época en la que no estamos muy sobrados de ellos", señala el teólogo Juan José Tamayo en una entrevista en un medio italiano
Pregunta. ¿Quién fue el papa Francisco? Si tuviera que describirlo con una imagen o una expresión, ¿cuál elegiría?
Respuesta. El papa Francisco fue un líder moral internacional, que dejó una huella imborrable en la humanidad. Durante los 12 años de su pontificado demostró serlo en una época en la que no estamos muy sobrados de ellos, tanto en el terreno político y social como en el económico y religioso. Llevó a cabo una de las transformaciones más importantes del catolicismo en la doctrina social de la Iglesia. Supuso un importante freno a los movimientos fundamentalistas e integristas dentro del cristianismo, a las tendencias ideológicas neoconservadoras, a las teorías y prácticas económicas ultraneoliberales y a las organizaciones y los partidos políticos de extrema derecha. Por ello estas organizaciones lanzaron contra él todo tipo de insultos e improperios: comunista, antipapa, hereje, indigenista…
P. En su opinión, ¿cuáles fueron los límites del pontificado del papa Francisco?
R. Empezó su pontificado con el compromiso de reformar la Iglesia y ciertamente dio pasos en esa dirección. Pero poco a poco fue moderándose en dicha reforma y no avanzó con la urgencia y la radicalidad (= ir a las raíces) que el momento requería y que los colectivos cristianos de base, los movimientos feministas en la iglesia y las teólogas y los teólogos de la liberación le pedimos por fidelidad al evangelio de Jesús de Nazaret, que puso en marcha un movimiento no clerical, igualitario entre hombres y de mujeres, en los márgenes de la sociedad y de la religión oficial, crítico del poder político y económico, de la autoridades religiosas, y declaró la incompatibilidad entre amar a Dios y al Dinero.
R. Apostó por la sinodalidad como manera de ser y de organizar la Iglesia, es verdad, pero mantuvo casi intacta su estructura jerárquico-piramidal, patriarcal y clerical. No fomentó la democracia en su seno y yo creo que sin democracia la sinodalidad es una palabra vacía. Cierto es que hizo severas críticas al clericalismo eclesiástico, pero el clero sigue detentando el protagonismo sin concesiones a la participación de la comunidad cristiana en las diferentes estructuras de poder.
R. A pesar de algunos guiños a las mujeres incorporando a algunas en los dicasterios y en puestos administrativos dentro de la Curia, Francisco mantuvo la orientación patriarcal de dichos organismos y siguió excluyéndolas de la mayoría de los ministerios eclesiales, del acceso a lo sagrado, de la elaboración de la teología y la moral cristianas y de los espacios de responsabilidad donde se toman las decisiones más importantes. Todo el poder sigue en manos de los clérigos (papa, obispos, sacerdotes) con exclusión de los laicos y de las mujeres en la práctica. En el caso de las mujeres mantuvo la excomunión para quienes decidieran interrumpir el embarazo y para quienes fueran ordenadas sacerdotes. En estos dos temas no hizo modificación alguna del Código de Derecho Canónico, uno de los textos más misóginos, androcéntricos y patriarcales de la Iglesia católica.
R. Una prueba de la marginación de las mujeres en el seno de la iglesia católica es que mantuvo varias reuniones con los movimientos populares bajo la consigna de las tres “T": Trabajo, techo y Tierra, y no se reunió ni una sola vez con los movimientos feministas tanto laicos como cristianos. Dicha actitud demuestra desdén, minusvaloración y falta de reconocimiento de los colectivos que trabajan en la Iglesia y en la sociedad por la igualdad y la justicia de género.
P. ¿Cuáles son, por el contrario, los aspectos proféticos que habría que relanzar con mayor incisividad?
R. ¡Dos son los aspectos proféticos que él inició y que es necesario continuar. El primero, la llamada a renunciar a los discursos y las prácticas autorreferenciales, que empiezan y terminan en la organización eclesiástica, sin preocuparse por los mega problemas que vive la humanidad, ni dar respuesta a los grandes desafíos de la nueva era que estamos viviendo. El segundo, su llamada a ir a las periferias humanas donde se encuentran las personas más vulnerables, los sectores empobrecidos, los pueblos oprimidos y las mayorías populares, en palabras de Ignacio Ellacuría.
R. Pero no se quedó en los discursos, sino que predicó con el ejemplo visitando numerosos lugares del Sur global, los campamentos de personas migrantes, refugiadas y desplazadas, las zonas marginales de las grandes ciudades, hospitales psiquiátricos, cárceles, centros de internamiento de jóvenes refugiados, reuniéndose en varias ocasiones con los movimientos populares, con las comunidades indígenas, pidiendo a personas abusadas sexualmente que presentaran denuncias en los tribunales civiles y eclesiásticos.
R. A esto cabe añadir su pensamiento revolucionario en materia económica, política y ecológica, centrado en el bien común. En La alegría del Evangelio se mostró muy crítico con el neoliberalismo, al que calificó de injusto en su raíz y denunció la “globalización de la indiferencia” que nos vuelve incapaces de compadecernos ante los clamores de los demás y de llorar ante el sufrimiento. Habló el “dogma neoliberal”, al que calificó de pensamiento pobre y repetitivo.
R. Llamó la atención sobre la estrechez de ciertas visiones economicistas y monocromáticas, sobre ciertas recetas de la teoría económica neoliberal y sobre los estragos que produce la especulación financiera cuyo fin es la ganancia fácil. Criticó con severidad la cultura del descarte que considera a las personas y los colectivos excluidos como desechos y población sobrante, a quienes se deja morir de manera inmisericorde.
R. Pronunció cuatro “noes” que deberían hacer temblar los cimientos del sistema capitalista:
R. - no a una economía de la exclusión y de la iniquidad “que mata” y utiliza a los seres humanos como bienes de consumo de usar y tirar;
R. - no a la nueva idolatría del dinero, que se manifiesta en el fetiche de la propiedad y en la dictadura de la economía sin rostro humano, niega la primacía de los seres humanos y los somete “a los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta”;
R. - no a un dinero que gobierna el mundo en vez de servir y considera la ética como contraproducente;
R. - no a la inequidad que es la raíz de los males sociales, genera violencia y tiene un fuerte potencial de muerte.
R. La defensa de la dignidad y de los derechos de la tierra se encontró entre sus prioridades. Fue el primer papa que escribió una encíclica sobre el cuidado de la Casa Común: Laudato Sí’. En ella critica el antropocentrismo moderno, que considera al ser humano dueño y señor absoluto de la naturaleza, y el antropocentrismo cristiano que, por la incorrecta interpretación del mandato divino “Creced y multiplicaos y dominad la tierra”, transmitió un sueño prometeico sobre el mundo y contribuyó a la depredación de la naturaleza. Propuso como alternativa un nuevo modo de vida eco-humano, un modelo de desarrollo sostenible y una relación armónica entre los seres humanos y la naturaleza.
R. En la encíclica Fratelli tutti hizo un análisis crítico de las densas sombras que se ciernen sobre nuestro mundo, al que define como un “mundo cerrado”, sin proyecto liberador para los seres humanos y la naturaleza, dominado por el colonialismo, por una mentalidad xenófoba, por una cultura al servicio de los poderosos, por una fiebre consumista, la especulación financiera y por el expolio, “donde los pobres son los que siempre pierden”. Reformuló la idea y la experiencia de la caridad y de la amistad, no reduciéndolas al asistencialismo, la beneficencia y el sentir pena y lástima, sino dándoles un carácter político y social y relacionándolas con la solidaridad, la justicia y la fraternidad.
P. ¿Tiene algún recuerdo personal que pueda compartir con nosotros?
R. Le envié mis libros relacionados con sus prioridades políticas, sociales, económicas, ecológicas, espirituales y teológicas y siempre recibí respuesta de su secretario en la que me comunicaba que se los había hecho llegar y los había leído con interés. A decir verdad, aprecié una profunda sintonía entre nuestras visiones.
- (Entrevista publicada en italiano en Nipoti di Maritain, RIATIVARE PAPA FRANCISCO, EFFATA’ Editrice, Cantalupa, 2026, pp. 272-274)