Los dos testigos del Apocalipsis a la luz del profeta Zacarías, la esperanza

"Frente a un mundo frío al Amor de Dios … los dos testigos son dos candeleros porque iluminan nuestra oscuridad con sus profecías"

Maria y Jesús
Maria y Jesús
Diego G. Passadore
30 jun 2026 - 09:47

Mucho se ha escrito de quiénes podrían ser los dos testigos del Apocalipsis, a quienes se menciona en los versículos del 3 al 13 del capítulo 11, antes de que tocara el séptimo Ángel (11,15).

Veamos cómo se describe a estos dos testigos: “Pero haré que mis dos testigos profeticen durante 1260 días, cubiertos de sayal. Ellos son los dos olivos y los dos candeleros que están en pie delante del Señor de la tierra” 11,3-4.

Mientras leía al profeta Zacarías, encontré un pasaje con una similitud muy grande con estos dos olivos, que también están en pie junto al Señor de toda la tierra: “«Veo un candelabro todo de oro, con un recipiente en la parte superior: tiene siete lámparas y siete mecheros para las siete lámparas que lleva encima. Hay también dos olivos junto a él, uno a su derecha y el otro a su izquierda.»…Entonces tomé la palabra y le dije: «¿Qué son esos dos olivos a derecha e izquierda del candelabro?» (Añadí de nuevo y le dije: «¿Qué son las dos ramas de olivo que por los dos tubos de oro vierten de sí aceite dorado?») Y él me dijo: «Estos son los dos Ungidos que están en pie junto al Señor de toda la tierra.»” 4,2 11-12 14.

Los dos testigos
Los dos testigos

Ese pasaje me llevó a darme cuenta de que los dos testigos son Jesucristo y su Madre María, porque si hay dos Ungidos en la humanidad, son ellos dos. Pero algunos dirán: ¿Jesucristo puede ser testigo de sí mismo? Por supuesto, Él mismo -que fue Ungido por el Espíritu Santo en su bautismo- dice que ha venido a ser testigo de la verdad: “«Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.»” Jn 18,37. 

Y Santa María es la colmada de gracia (kexaritomene) desde su concepción, a la que todas las generaciones llamarán bienaventurada, por lo que está evidentemente Ungida por el Espíritu Santo. Y con su obediencia es -unida estrechísimamente a su Hijo Jesucristo- testigo de Dios en cada instante de su vida terrena, y ensalzada por el Señor como Reina universal en el cielo en cuerpo y alma, con una misión maternal con el cuerpo místico de Jesucristo.

Desde el profeta Daniel, “3 años y medio” se ha convertido en la duración típica de toda persecución. Los 1260 días durante los que profetizan los dos testigos deben leerse como 42 meses de 30 días, es decir 3 años y medio. Que estén cubiertos de sayal significa que estos dos testigos están intercediendo por la humanidad, como surge por ejemplo en los libros de Daniel, 1 Macabeos, o Ester

Así se describen a continuación estos dos testigos: “Si alguien pretendiera hacerles mal, saldría fuego de su boca y devoraría a sus enemigos; si alguien pretendiera hacerles mal, así tendría que morir. Estos tienen poder de cerrar el cielo para que no llueva los días en que profeticen; tienen también poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y poder de herir la tierra con toda clase de plagas, todas las veces que quieran.” Descripciones que nos hacen recordar los prodigios de Dios a través de los profetas Elías y Moisés. Esos dos testigos son el cuerpo místico de Jesucristo, de gran fortaleza en tiempos de sufrimiento, pruebas y persecución, que llevan la Palabra que han recibido y, guiados por el Espíritu Santo, tienen el ministerio de Elías, y, como Moisés, recuerdan la Ley del Amor de Dios. 

Nuestra llamada es —como Iglesia fiel— a orar fervientemente por la salvación de nuestros hermanos, por los cientos de millones que sufren persecución de forma directa y violenta por su fe, por la paz del mundo, por el perdón y la reconciliación, por la Unidad de la Iglesia, a rogar al Padre que perdone a las almas obstinadas que se niegan a escuchar y a ver, a proclamar la Palabra, a denunciar el mal, a amar a Dios y unos a otros como hermanos e hijos de Dios.

Los dos testigos son dos candeleros porque iluminan nuestra oscuridad con sus profecías que dan testimonio de la Verdad, y brillan con tal resplandor que todos los pueden ver. Y esos dos tubos que vierten el aceite dorado, derraman el aceite para sanar -como el buen samaritano al hombre medio muerto del camino- a esta generación enferma, cicatrizar sus heridas, y revivirla para que vea nuevamente la luz del Espíritu Santo. Los dos testigos son el Sagrado Corazón de Jesucristo y el Inmaculado Corazón de su Madre, que, latiendo al unísono, han tratado de revivir al mundo durante muchos años.

Dos candeleros
Dos candeleros

El presbítero René Laurentin (1917-2017), mariólogo y perito del Concilio Vaticano II, ha estudiado más de 2.400 mariofonías en la historia del cristianismo, de las cuales cientos corresponden al siglo XX (siendo la de Fátima la más conocida). Asimismo, han existido muchas cristofanías en el siglo XX, donde sólo nombraré algunos profetas: Santa Faustina Kowalska, el presbítero San Pío de Pietrelcina, la Venerable Conchita Cabrera, la Venerable Marthe Robin, la Sierva de Dios Therese Neumann y la Sierva de Dios Luisa Piccarreta. 

El mal parecerá vencer a estos dos testigos de la verdad: “Pero cuando hayan terminado de dar testimonio, la Bestia que surja del Abismo les hará la guerra, los vencerá y los matará. Y sus cadáveres, en la plaza de la Gran Ciudad, que simbólicamente se llama Sodoma o Egipto, allí donde también su Señor fue crucificado. Y gentes de los pueblos, razas, lenguas y naciones contemplarán sus cadáveres tres días y medio: no está permitido sepultar sus cadáveres. Los habitantes de la tierra se alegran y se regocijan por causa de ellos, y se intercambian regalos, porque estos dos profetas habían atormentado a los habitantes de la tierra.”

Si los dos testigos profetas habían atormentado a los habitantes de la tierra, es porque están frente a un mundo frío al Amor de Dios. Un mundo que no baja sus propias voces para oír las voces de los dos testigos. No logra levantar la mirada de lo terrenal para buscar el Santo Rostro del Señor. El rechazo de la Verdad Divina, una verdadera plaga para ellos, los ha conducido a una vida sin Dios. 

Nuevamente el mundo no reconoce al Señor, permitiendo que la Bestia haga la guerra a los enviados en su Nombre (Dn 7,21), silenciando las profecías celestiales por tres días y medio. Que no se puedan sepultar sus cadáveres nos recuerda a 1 Macabeos, donde no había quien les diese sepultura (7,17)

La gran ciudad en la época de san Juan era Roma (también se nombra en Ap 14,8 16,19 17,5 17,18 18,2 18,10-21). El espíritu de rebelión y la falta de fe de esta generación recuerdan a Sodoma y Egipto: a los rechazos de Sodoma a las llamadas de Dios y las persecuciones a sus portavoces (la Justicia de Dios hace retirar a los únicos justos antes de destruirla: a Lot y su familia), y a la obstinación y sordera del Faraón de Egipto que no abre su corazón y se somete.

Que también el Señor sea crucificado en Roma, puede interpretarse como un rechazo a las llamadas de los nuevos profetas convocados por Cristo y por su Madre, por lo que muchas de las palabras que da el Señor las vuelven a crucificar, clavándolas a un madero. En Roma varias cristofanías y mariofonías mantienen su condición de que no consta sobrenaturalidad o se sugiere la valoración prudencial de los escritos proféticos, con lo que las profecías de los dos testigos no se difunden ni dan el fruto que deberían a esta generación.

Hace cinco siglos en América ocurrió la mariofonía más lograda de la historia del Cristianismo: Santa María de Guadalupe, Madre del amadísimo Dios, modelo de evangelización inculturada, la que, no siendo crucificada en la Gran Ciudad, fructificó en poner a Jesucristo en el corazón de millones de indígenas bautizados y convertidos, con hasta más de 15.000 bautismos a adultos y niños realizados por dos presbíteros en un solo día. Aquí la pregunta es: ¿ese rechazo en Roma está guiado por una docilidad al Espíritu Santo o es fruto de prejuicios, de lo racional y de mantenerse en lo conocido? Sigamos el consejo de Gamaliel sobre lo importante a evitar “No sea que os encontréis luchando contra Dios” (Hch 5,39), y así permitir que los dos testigos sean los dos candeleros que iluminan la oscuridad de nuestra generación y la reviven con sus profecías.

Pero las profecías son silenciadas por un breve período (ver paralelismo con Dn 7,26): “Pero, pasados los tres días y medio, un aliento de vida procedente de Dios entró en ellos y se pusieron de pie, y un gran espanto se apoderó de quienes los contemplaban. Oí entonces una fuerte voz que les decía desde el cielo: «Subid acá.» Y subieron al cielo en la nube, a la vista de sus enemigos. En aquella hora se produjo un violento terremoto, y la décima parte de la ciudad se derrumbó, y con el terremoto perecieron 7.000 personas. Los supervivientes, presa de espanto, dieron gloria al Dios del cielo.” Como los huesos secos reviven en Ezequiel 37, Ecclesia revivirá. Cuando esta Justicia de Dios nos visite (Is 61,11), los supervivientes, presos del temor, no harán más que alabar a Dios.

María de Guadalupe
María de Guadalupe

Llenos de esperanza, vemos que los Dos Corazones misericordiosos prevalecerán (ver paralelismo con Dn 7,27): “El segundo ¡Ay! ha pasado. Mira que viene en seguida el tercero. Tocó el séptimo Ángel... Entonces sonaron en el cielo fuertes voces que decían: «Ha llegado el reinado sobre el mundo de nuestro Señor y de su Cristo; y reinará por los siglos de los siglos.»” Ap 11,14-15. Sodoma y Egipto serán reemplazadas por la Nueva Jerusalén, ciudad de integridad y santidad, de alabanza y adoración, llena de la luz resplandeciente y eterna del Espíritu Santo.

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