Nuestra vida no cabe en un nicho

"Las vivencias, las emociones, los recuerdos y el legado de una persona son demasiado grandes, ricas y complejas como para quedar reducidas o limitadas al espacio físico de una urna, un nicho (una sepultura) tras la muerte"

Nichos en un cementerio
Nichos en un cementerio | Adam Young
Xaquín Campo Freire
05 nov 2026 - 10:33

Estos días andamos dándole vueltas, dramáticamente, a las distintas formas de cómo explicarnos a nosotros mismos “o noso esmorecemento vital”. “O Samaín”, de tradición netamente gallega, con las calabazas luminosas. “O Halloween”, de origen anglosajón, y que en Galicia y en el resto de España aparece con los disfraces, fiestas y actividades infantiles. Y en la tradición cristiana: Santos y Difuntos, vinculadas ambas, por ese orden cronológico y litúrgico.

En el fondo, estamos ‘dramatizando’ el misterio para, acercándolo, desdramatizarlo.

Calabaza de Halloween
Calabaza de Halloween

Analicemos un poco: Para huir de tener que carearnos de frente con las realidades, a las que les tenemos ‘reparos’ o miedo, recurrimos a escenografías. Creamos la escena, saliéndonos de ella, con nosotros de espectadores y a la distancia adecuada. Esa, la que nos permita nuestra situación vital, verdadera o falsa. Y para no destruir nuestra capacidad de acercamiento a la realidad vital, que sigue ahí, recurrimos a hacernos esa ‘auto-trampita’. Nos administramos un placebo.

Freud nos habló de los mecanismos psicológicos de defensa: “Procesos psicológicos automáticos e inconscientes que la mente utiliza para reducir la ansiedad, el estrés o los conflictos emocionales ante situaciones amenazantes”. 

En este caso se trata de un ‘desplazamiento’: “Re-dirigir un ansia emoción, impulso o conducta, desde su objeto original que nos genera amenaza, hacia un sustituto más seguro o neutral”. 

Supervivientes de la tragedia ferroviaria en Urda
Supervivientes de la tragedia ferroviaria en Urda | Ismael Herrero/Efe

Ahora mismo, lo que más nos está impactando, personal y socialmente es lo que pasó en Urda, (Toledo), en ese accidente de tren. ¡Qué dolor! ¡Qué rabia! ¡Y qué ...! ¡No! No lo pronuncies. ¡Respetemos! No ahoguemos el silencio. Porque la verbalización y la palabra justa aún no existe. Estamos aún en la fase del grito. Aún no somos nosotros mismos. Podemos hacer daño. Ya lo hicimos. ¡Cuánta palabra hueca! En lengua gallega decimos: ¡Canto “Falabarato!”.

Vivimos momentos muy delicados, de gran sufrimiento, personal y ajeno, comunitario y social. Rabia. Miedos. Inseguridades. Ganas de… (No acertamos a saber de qué).

Pero, sobre todo, precisamos, mucho, mucho, mucho sentido del respeto y de la dignidad. 

Ellas, ellos, todas y todos, ‘somos nosotros mismos’. Se trata de nuestro “próximo” “más próximo”: los “de la puerta de al lado”, como dijo muy bien el Papa Francisco. 

Para todas y todos “nuestra” más exquisita solidaridad, cariño, amor, aliento, apoyo, esperanza, sentido de la justicia… 

Nos corresponde a todos, sin excepción, personal y comunitariamente, no huir.  

Funeral en Urda
Funeral en Urda

Con toda justicia, con toda dignidad, con toda empatía y sin demoras, apoyar responsablemente cuanto podamos y sepamos. 

Y si nos sobrepasa la rabia o no acertamos a tener palabras o gestos constructivos y positivos lo mejor es que busquemos una terapia de ayuda para canalizar adecuadamente esas emociones. Quizá guardar silencio y dar amor. Quizá …

Hay personas más afectadas que nosotros. Y, a lo mejor, no es de esas expresiones de las que necesitan ahora. También la ciudadanía: toda. Y la clase política: toda. Necesitamos una pedagogía de sanación bio-psico-social en todo lo que nos va sucediendo en el decurso histórico a nivel individual y comunitario. Y aprender a aprender.

No quiero que salga de mi boca ni de mi corazón ninguna palabra, ni actitud, ni idea, ni teoría, ni censura que no sea digna de la situación que estamos viviendo. 

Y con esa misma empatía, solidaridad y justicia quiero unirme también a todas las personas que en cualquier parte del mundo están ahora mismo en situaciones de guerra, enfermedad, angustias, injusticias, soledad, abandono, abusos, violaciones, violencias, epidemias, … 

Conscientemente usé al inicio un circunloquio, “esmorecemento vital” (en mi propia lengua, la que está más cerca de mis emociones). Pretendo ser “eufónico” para no dañar mi propia intimidad personal profunda y mucho menos osar entrometerme en la consciencia de nadie. 

¿Quién soy yo?

Nuestra finitud está ahí siempre presente e implacable. Individual y colectivamente. De manera universal. En todos los espacios y en todos los tiempos. Y ahí seguirá como fue acaeciendo hasta el presente. Con frecuencia reviste formas bien dramáticas. “Una realidad difícil de la que queremos huir”. 

Por eso no resulta extraña nuestra voluntad y actitud de desplazamiento, de la que nos habló Freud.

Cementerio
Cementerio

¡NO! “Nuestra vida no cabe en un nicho”. Con toda sinceridad y honestidad, quiero aportar mi experiencia humana desde algo que llevo reflexionado mucho, y ya no soy joven de edad. Esta expresión en mi vida personal significó estas tres cosas:

1. Las vivencias, las emociones, los recuerdos y el legado de una persona son demasiado grandes, ricas y complejas como para quedar reducidas o limitadas al espacio físico de una urna, un nicho (una sepultura) tras la muerte. Allí quedan solo los restos mortales para, ellos a su vez, reciclarse y volver a la naturaleza física y mineral. Ley de vida.

2. Fue esta enseñanza un planteamiento muy hermoso y con mucha fuerza emocional en nuestra vida de hermanos. Así nos la transmitieron los nuestros. Y nosotros, que tenemos la suerte de tener una fe cristiana liberadora y adulta, así vivimos en esperanza la muerte de nuestra madre, y de los que siguieron, siendo nosotros niños, muy muy “pequechiños”.

3. Reivindicación de la vida y de la memoria: Me recuerda que lo que realmente importa de una persona es el impacto que dejó en los demás y el cómo mantenemos vivo su recuerdo, su vida, algo que trasciende la propia muerte física.  

Y esa vida no cabe en un nicho.

La muerte estuvo bien presente en nuestra vida desde muy niños. La vida era así. Y para nosotros fue así. 

Y ESA VIDA NO PUEDE MORIR.

Si para tu experiencia personal, querida amiga, amigo, alguien, te vale de algo y para algo esta confidencia respetuosa, recibe un abrazo.

Las noticias de Religión Digital, todas las mañanas en tu email.
APÚNTATE AL BOLETÍN GRATUITO

También te puede interesar

Lo último

stats