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Mucho más que voluntarios: los hombres y mujeres que sostienen la misión de la Iglesia

La corresponsabilidad de los bautizados no es una ayuda opcional, sino una vocación que nace del bautismo y sostiene la evangelización, la caridad y la vida de las comunidades cristianas

Voluntariado en la Iglesia

En muchas parroquias, movimientos y realidades eclesiales existe una expresión que se repite con frecuencia: «Yo soy solo un voluntario». La frase suele pronunciarse con humildad, pero a veces también puede esconder una visión reducida de la propia misión dentro de la Iglesia. Porque, aunque es cierto que miles de católicos dedican su tiempo de forma gratuita al servicio eclesial, la identidad del laico comprometido va mucho más allá de la del mero voluntario.

La Iglesia no se sostiene únicamente gracias al trabajo de sacerdotes, religiosos o empleados. Su vida cotidiana, su acción evangelizadora y su presencia en la sociedad dependen, en gran medida, de la corresponsabilidad de los fieles laicos. No se trata simplemente de colaborar cuando se puede o cuando resulta cómodo. Se trata de asumir, desde el propio bautismo, una responsabilidad real en la misión de la Iglesia.

Equipo de voluntarios del Arzobispado de Madrid para la visita de León XIV | Archimadrid

Una vocación que nace del bautismo

El Concilio Vaticano II supuso un punto de inflexión en la comprensión del papel de los laicos. La constitución Lumen Gentium recuerda que todos los bautizados participan, cada uno según su condición, de la misión de Cristo. La Iglesia no está formada por unos pocos que actúan y una mayoría que observa. Todos son llamados a construirla.

Esta visión fue desarrollada posteriormente por san Juan Pablo II en Christifideles Laici y ha sido reiterada por los últimos pontífices, que han insistido en la necesidad de una participación cada vez más consciente y corresponsable de los laicos en la vida y misión de la Iglesia.

Cuando un laico acepta formar parte de un consejo económico, un consejo pastoral, una comisión o cualquier órgano de servicio eclesial, no está simplemente realizando una tarea administrativa o prestando unas horas de trabajo gratuito. Está respondiendo a una llamada concreta de servicio al Pueblo de Dios

El bautismo confiere una vocación y una misión. Por eso, cuando un laico acepta formar parte de un consejo económico, un consejo pastoral, una comisión o cualquier órgano de servicio eclesial, no está simplemente realizando una tarea administrativa o prestando unas horas de trabajo gratuito. Está respondiendo a una llamada concreta de servicio al Pueblo de Dios.

La corresponsabilidad, una exigencia eclesial

En las últimas décadas, el magisterio de la Iglesia ha insistido con fuerza en el concepto de corresponsabilidad. No basta con que algunos asuman toda la carga mientras otros permanecen como espectadores. La vida de la Iglesia requiere que cada bautizado aporte sus talentos, capacidades y experiencia para el bien común.

La corresponsabilidad implica reconocer que los bienes de la Iglesia, sus proyectos pastorales, sus recursos económicos y su misión evangelizadora constituyen una tarea compartida. Aunque la responsabilidad jurídica última corresponde a quienes ejercen el ministerio de gobierno, la misión de la Iglesia y el sostenimiento de sus obras son una responsabilidad de toda la comunidad cristiana.

La corresponsabilidad implica reconocer que los bienes de la Iglesia, sus proyectos pastorales, sus recursos económicos y su misión evangelizadora constituyen una tarea compartida

Desde esta perspectiva, formar parte de un órgano de gobierno o asesoramiento en la Iglesia no puede entenderse como una actividad secundaria sometida únicamente a la disponibilidad personal del momento. Supone asumir un compromiso con una realidad que trasciende los intereses individuales.

Voluntarios de protección Civil en Madrid

Más que voluntariado

El voluntariado es una realidad valiosa y necesaria. Sin él, innumerables obras sociales, educativas y pastorales serían imposibles. Sin embargo, la participación de los laicos en la vida de la Iglesia no puede equipararse sin más al voluntariado civil.

El voluntario presta un servicio libre y generoso a una causa que considera buena. El laico comprometido en la Iglesia, además de esa generosidad, actúa movido por una dimensión vocacional. Su servicio no nace únicamente de una afinidad personal o de una sensibilidad social, sino de la conciencia de formar parte de un cuerpo vivo cuya misión ha recibido de Cristo.

Por eso, la pregunta no es solamente cuánto tiempo puedo dedicar o qué obtengo a cambio, sino qué necesita la misión de la Iglesia y cómo puedo contribuir a ella con los dones que he recibido.

Consejos económicos: un servicio eclesial

Esta reflexión adquiere especial relevancia en los consejos económicos parroquiales. Con frecuencia se consideran órganos técnicos encargados de revisar cuentas, presupuestos o cuestiones patrimoniales. Sin embargo, su función es mucho más profunda.

La administración de los bienes de la Iglesia no es un fin en sí mismo. Los recursos económicos están al servicio de la evangelización, de la caridad y del sostenimiento de la comunidad cristiana. Gestionarlos adecuadamente es también una forma de servicio pastoral.

El Papa, con los voluntarios

Quienes forman parte de estos órganos no solo aportan conocimientos financieros, jurídicos o empresariales. Contribuyen a garantizar que los recursos confiados a la Iglesia se utilicen de manera transparente, eficiente y conforme a su misión. Su servicio tiene una dimensión espiritual y eclesial que no puede ignorarse.

Una Iglesia que necesita compromiso

Vivimos tiempos en los que la Iglesia afronta importantes desafíos: la transmisión de la fe, el sostenimiento económico de las comunidades, la atención a los más vulnerables, la conservación del patrimonio y la presencia evangelizadora en una sociedad cada vez más secularizada.

Ante estas realidades, resulta insuficiente una visión basada únicamente en la colaboración ocasional. La Iglesia necesita bautizados conscientes de que su participación no es un favor que hacen a la institución, sino una expresión de su propia vocación cristiana.

La Iglesia necesita bautizados conscientes de que su participación no es un favor que hacen a la institución, sino una expresión de su propia vocación cristiana

La corresponsabilidad implica disponibilidad, fidelidad y sentido de pertenencia. Significa comprender que la Iglesia no es «de otros», sino también nuestra. Y que cada talento recibido lleva consigo una responsabilidad.

El reto de pasar de colaboradores a discípulos corresponsables

Quizá uno de los grandes desafíos pastorales de nuestro tiempo sea precisamente este: que los laicos descubramos que no somos simples colaboradores externos, sino auténticos protagonistas de la misión evangelizadora.

Cuando un bautizado comprende que su servicio forma parte de una llamada de Dios, cambia la perspectiva. Las responsabilidades dejan de verse como cargas impuestas y se convierten en oportunidades para construir la Iglesia. El compromiso deja de depender únicamente de las circunstancias personales y se fundamenta en la conciencia de pertenecer a una misión más grande que uno mismo.

La Iglesia del futuro no se sostendrá solo con estructuras o recursos económicos. Se sostendrá, sobre todo, gracias a hombres y mujeres que comprendan que el bautismo no es únicamente una identidad, sino también una responsabilidad. Y que servir a la Iglesia no consiste simplemente en hacer voluntariado, sino en responder con generosidad a una vocación compartida.

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