"El odio al distinto y al vulnerable están ahí. Urge expulsarlos" Los votos son efímeros, pero el rencor, duradero

Los votos son efímeros, pero el rencor, duradero
Los votos son efímeros, pero el rencor, duradero

"Hay un exceso incontrolado por reclamar que una voz lanzada al aire o puesta por escrito diga, ante todo, de qué lado está"

"Otra vez la vida política y social, gran parte de la vida social, discurre entre los extremos del conmigo o contra mí, nosotros o ellos, libertad o comunismo, democracia o fascismo"

"El desprecio por los más vulnerables y la criminalización del que opina diferente es un signo de este tiempo, he leído estos días"

"La primera patria y la primera ética de la gente es la equidad social, y el odio o el rencor la degradan sin remedio... El odio al distinto y al vulnerable están ahí, juntos y por separado. Urge expulsarlos"

Quien alude al conflicto social durante una campaña electoral, será leído en clave política de partidos; si lo hace después de cualquier campaña, también. Hay un exceso incontrolado por reclamar que una voz lanzada al aire o puesta por escrito diga, ante todo, de qué lado está. Ganan las voces, no tantas pero sí ruidosas, que creen a pies juntillas que hay dos lados, y que en uno u otro se está. Ellos en el bueno, por supuesto.

Cuando vivimos lo peor del terrorismo en el País vasco, era imposible incorporar una diferencia en el juicio porque sin remedio terminabas -decían- entre la ambigüedad y la equidistancia. Este exceso, suavizado poco a poco a favor de que la verdad de las cosas reside en los matices, vuelve al centro.

Otra vez la vida política y social, gran parte de la vida social, discurre entre los extremos del conmigo o contra mí, nosotros o ellos, libertad o comunismo, democracia o fascismo. Y otra vez una observación tan molesta como cierta. ¡Qué bien se está en el lado verdadero! Cada uno de los hablantes piensa que está en el lado bueno de la comparación. Si alguien no lo ve, dice, es porque vive sometido y engañado. Por los otros, claro está.

Comunismo y fascismo

Pero es que además, el que ayer veía terrorismo por todos lados, hoy no percibe sesgo alguno totalitario en palabra o imagen cualquiera que le dé votos; y el que ayer reclamaba su derecho a diferenciar entre las ideas y los medios, hoy no tiene empacho en exigir de los demás que, o con él, o con el fascismo. Así que buena parte de la población nos acostamos un día con un esforzado compromiso cívico democrático y, al día siguiente, te levantas declarado fascista, cuando no y es casi peor, como un don nadie al que han engatusado para la causa que sea.

Y así, nuestro pobre ciudadano, usted o yo, pone un pie en la calle y se pregunta cómo es posible que gente inteligente piense de uno tan mal, con tanto desprecio de tu valía moral; y sólo porque preguntas a dónde vamos y dices cómo quieres ir a ese lugar. Pues no, no es posible, tienes que ir a dónde te digan y cómo te digan, para ser nuestro o de ellos. Y por tu bien. Lo exige la situación. Siempre es la misma razón. Lo exige algo que te sobrepasa como individuo.

El desprecio por los más vulnerables y la criminalización del que opina diferente es un signo de este tiempo, he leído estos días. Son dos aspectos muy distintos pero se reclaman. El primero es inaceptable y a las claras te sitúa fuera de la sociedad moralmente digna. Si no respetas y hasta desprecias a los más vulnerables, no eres digno de respeto. Felizmente una democracia nunca te puede negar la dignidad, es tuya, en todos y siempre. Pero es cierto que si desprecias a los más vulnerables o, simplemente, los ignoras, casi nada puedes hacer para que no te devuelvan el mismo trato. La ética no lo permite, pero la vida está hecha de un intercambio de solidaridades que, cuando las quiebras, se vuelven contra ti como venganza.

El rencor y la venganza son siempre un mal absoluto, y la vida está hecha de estos excesos. De eso se trata, de trabajar por evitarlos. Miren el deporte. Un jugador muy bueno puede hacer malabares con sus contrarios, pero si algo se entiende que es humillante, ¡sin ser fuera de la norma o injusto!, provoca el conflicto violento, el árbitro expulsa al agresor, pero el grupo lo da por bueno. Es increíble, lo sé, pero hasta el juego tiene reglas no escritas de respeto del adversario.

Pienso en la sociedad ahora y su primera regla: “no despreciarás a los más vulnerables”. La segunda es que la criminalización del que opina diferente es inaceptable. Este mal tiene raíces políticas, sociales y económicas. Mucha gente está harta de ver la sociedad con las mismas élites y los mismos vicios públicos. Sí, participo de esta percepción.

Pero no es suficiente para explicar el rencor entre adversarios. Hay algo más profundo. Se trata de un desconcierto cultural que un poeta de renombre ha resumido con la idea inquietante de cómo es posible que llamemos libertad inigualable a poder tomar unas cervezas juntos. No es una tontería, además de que hay que respetarlo y mucha gente vive de ello, pero sí hay que pensarlo. Es superficial. Es el nivel de inconsciencia que representa.

Sin elitismos intelectuales o morales, precisamente lo que más aburre y hasta ofende a la gente, pero una vuelta por los consensos éticos es imprescindible.No sirve sólo el derecho, los mínimos jurídicos que con buenos abogados valen lo que valen, sino los consensos morales básicosque cada generación debe retener o recuperar.

Y el primero, que el desprecio de los más vulnerables es un mal absoluto; y el segundo, que la criminalización del que opina diferente hace imposible convivir con el que así siente. La primera patria y la primera ética de la gente es la equidad social, y el odio o el rencor la degradan sin remedio. El viejo cristianismo lo dice y hace bien en recordarlo. Ya no suena como algo convencional. El odio al distinto y al vulnerable están ahí, juntos y por separado. Urge expulsarlos.

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