Veinte años del escándalo de Ratisbona: el día que Benedicto XVI sacudió el diálogo con el islam

Hace exactamente 20 años, una cita del papa Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona desató protestas violentas en el mundo islámico, amenazas de muerte y una grave crisis diplomática. Lo que parecía un error histórico acabó impulsando un diálogo inesperado entre católicos y musulmanes que todavía sigue abierto.

Foto: Vatican News

El 12 de septiembre de 2006, el papa Benedicto XVI pronunció en la Universidad de Ratisbona una conferencia académica titulada “Fe, razón y universidad”. Lo que debía ser una reflexión teológica sobre la compatibilidad entre la fe cristiana y la racionalidad se convirtió, por un único párrafo, en un escándalo internacional que tensó las relaciones entre la Iglesia católica y el mundo islámico.

Una cita medieval que se convirtió en dinamita

Ratisbona es una ciudad universitaria bávara donde Ratzinger había enseñado teología en su juventud. Benedicto XVI, intelectual y antiguo prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, solía argumentar con referencias históricas. En aquella ocasión citó un diálogo del siglo XIV entre el emperador bizantino Manuel II Paleólogo y un erudito musulmán persa. El emperador afirmaba, según la traducción que usó el papa: “Muéstrame qué ha aportado de nuevo Mahoma, y solo encontrarás cosas malas e inhumanas, como que mandó difundir por la espada la fe que predicaba”.

El medio alemán katholisch.de recuerda, en un artículo del periodista Christoph Schmidt de la agencia católica Katholische Nachrichtenagentur (KNA) publicado con motivo del 20º aniversario, cómo esa cita, descontextualizada por muchos medios, se convirtió en dinamita. En menos de 48 horas estallaron protestas violentas en varios países de mayoría musulmana: Turquía exigió disculpas, el líder iraní Alí Jamenei habló del “último eslabón en un complot para una cruzada”, hubo disturbios en Pakistán, amenazas de Al Qaeda contra el papa y el asesinato de una monja italiana en Somalia.

Gestos de distensión y un viaje casi cancelado

La diplomacia vaticana trabajó a contrarreloj. El viaje planeado a Turquía, apenas dos meses y medio después, estuvo a punto de cancelarse. Sin embargo, Benedicto XVI logró un gesto de distensión: en la Mezquita Azul de Estambul oró en silencio junto al imán, una imagen que dio la vuelta al mundo.

En la Mezquita Azul de Estambul (2006)
En la Mezquita Azul de Estambul (2006) | Foto: Vatican News

El propio papa aclaró después que su intención no era atacar al islam, sino defender que la fe y la violencia son incompatibles, mientras que la fe y la razón no lo son.

Un error que impulsó el diálogo

Veinte años después, el jesuita y especialista en islam Félix Körner, profesor en la Universidad Humboldt de Berlín, califica la cita de “error factual” que, paradójicamente, produjo frutos positivos. Según él, Benedicto presentó el cristianismo como religión de la racionalidad y, de forma unilateral, al islam como una forma de fe más irracional, subestimando el impacto que tendrían sus palabras entre los oyentes musulmanes. Körner sostiene que el papa podría haber encontrado ejemplos de violencia en la propia historia cristiana y que el enfoque resultó ofensivo.

Felix Körner SJ
Felix Körner SJ | Foto: Arzobispado de Berlín

Aun así, la controversia impulsó el diálogo. En octubre de 2006, 38 eruditos musulmanes respondieron con una carta abierta pidiendo un “diálogo sincero”. Un año después, 138 firmantes publicaron el documento “Una palabra común entre nosotros y vosotros”, invitando a hablar de los puntos de encuentro. Estas iniciativas se apoyaban en precedentes como el Mensaje de Ammán (una declaración lanzada en 2004 por el rey Abdalá II de Jordania y respaldada después por cientos de eruditos musulmanes de todo el mundo, que definía quién es musulmán, prohibía el takfir —declarar apóstata a otro musulmán— y establecía condiciones estrictas para emitir fatuas, con el fin de combatir el extremismo y promover la moderación) y, sobre todo, en la declaración Nostra aetate del Concilio Vaticano II (1965), que afirma que la Iglesia mira a los musulmanes “con aprecio”.

El diálogo ha continuado en universidades, escuelas y academias. Körner destaca que teólogos católicos y musulmanes coinciden en que creen en el mismo Dios, aunque de formas distintas, y que existen diferencias profundas, por ejemplo sobre el papel de Mahoma. El papa Francisco retomó esa línea y firmó en 2019, junto al gran imán de Al-Azhar, el Documento sobre la Fraternidad Humana en Abu Dabi (capital de los Emiratos Árabes Unidos).

La reflexión de un teólogo austriaco

Paralelamente, Jan-Heiner Tück, catedrático de Teología Dogmática en la Universidad de Viena, ha reflexionado sobre el aniversario en su pódcast Diesseits von Eden (“De este lado del Edén”). Tück sostiene que el escándalo del islam oscureció el auténtico núcleo de la conferencia: la relación entre fe y razón. Benedicto XVI defendía que la teología cristiana no puede prescindir de las categorías de la filosofía griega, presentes desde los orígenes del cristianismo (por ejemplo, en el Concilio de Nicea del año 325). El papa advertía contra las “oleadas de deshelenización” que, a su juicio, relativizan contenidos esenciales de la fe.

Jan-Heiner Tück
Jan-Heiner Tück | Foto: Universidad de Viena

Para Tück, la conferencia sigue siendo un desafío actual. En el diálogo interreligioso, la vinculación de la fe a la razón ofrece un potencial de domesticación de las interpretaciones violentas de Dios, tanto en el cristianismo como en el islam. El teólogo rechaza, sin embargo, poner al islam bajo sospecha general con etiquetas como “islam político”: reconoce tendencias problemáticas que buscan imponer una visión de la sharía (el cuerpo de derecho y código de conducta moral del islam) incompatible con el orden liberal democrático, pero insiste en que la vigilancia política no debe convertirse en estigmatización colectiva.

Una lección que sigue vigente

Alemania y Austria son países de tradición católica y protestante con importantes comunidades musulmanas, y Ratisbona evoca más bien el Coloquio de Ratisbona de 1541 (el intento fallido de reconciliación entre católicos y protestantes durante la Reforma) o la época en que la ciudad fue sede permanente de la Dieta del Sacro Imperio Romano Germánico. Sin embargo, la tensión entre fe y violencia, o entre religión y racionalidad, resuena también en España, país de frontera histórica entre cristianismo e islam y con una memoria propia de convivencia y conflictos.

Dos décadas después, la “conferencia de Ratisbona” sigue dividiendo opiniones: error diplomático para unos, impulso necesario para el diálogo para otros. Lo que nadie discute es que un solo párrafo académico cambió, al menos temporalmente, la relación entre dos grandes religiones monoteístas y dejó una lección sobre el poder de las palabras cuando se pronuncian desde el Vaticano.

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