Koch: "Es imposible ser discípulos de Cristo y, al mismo tiempo, antisemitas"
Entrevista al cardenal prefecto del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos sobre «Un camino de esperanza», la nota publicada sesenta años después de la declaración conciliar Nostra aetate
Pregunta. ¿Qué tan importante es para la fe cristiana la conciencia de las raíces judías? ¿Cuánto camino queda por recorrer para que estas sean redescubiertas?
Respuesta. «Al investigar el misterio de la Iglesia, este Sagrado Concilio recuerda los vínculos con que el Pueblo del Nuevo Testamento está espiritualmente unido con la raza de Abraham». Con estas palabras comienza el artículo 4 de Nostra aetate; de este modo, destaca que la relación con el pueblo de Israel, el pueblo de la Alianza, es parte integral de la autoconciencia de la Iglesia católica, la cual no podría comprenderse a sí misma sin una referencia al judaísmo. Por lo tanto, Nostra aetate recuerda las raíces judías de la fe cristiana y habla de un «patrimonio espiritual común» de judíos y cristianos. Este patrimonio debe recordarse y mantenerse vivo también hoy en la catequesis y en el anuncio del Evangelio. A ello podrá contribuir de manera esencial la profundización de la íntima unidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento en el pensamiento cristiano y en la liturgia
Muchos cristianos se encuentran en una dolorosa tensión entre su vínculo con el pueblo judío y su obligación ética hacia quienes sufren en Gaza, sobre todo entre las víctimas civiles. Debemos hablar con honestidad unos con otros sobre esta nueva situación
P. La Nota reconoce que “los conflictos que han estallado en los últimos años en Oriente Medio también han dejado su huella en el diálogo judeocristiano. Muchos puentes de comunicación se han tambaleado…”. ¿Cómo hacer para que la condena de lo que ha sucedido y sigue sucediendo en los territorios palestinos no afecte la amistad y el diálogo con los judíos?
R. Muchos cristianos se encuentran en una dolorosa tensión entre su vínculo con el pueblo judío y su obligación ética hacia quienes sufren en Gaza, sobre todo entre las víctimas civiles. Debemos hablar con honestidad unos con otros sobre esta nueva situación. Porque es precisamente en situaciones como estas cuando es esencial no permitir que el diálogo se interrumpa, como subrayó el Papa León XIV: «Incluso en estos tiempos difíciles, marcados por conflictos y malentendidos, es necesario continuar con entusiasmo este diálogo tan valioso». La Iglesia reconoce, por lo tanto, su obligación de trabajar en favor de la paz tanto para el pueblo israelí como para el pueblo palestino. La Santa Sede siempre ha estado convencida de que solo la creación de dos Estados puede traer la paz a Oriente Medio.
P. El antisemitismo aumenta en todo el mundo. ¿Cuál es la tarea de los cristianos ante este fenómeno, a partir de las enseñanzas de Nostra aetate?
R. No se puede ser un buen miembro de la familia si no se aprecia ni se ama a la propia madre. El judaísmo es la tierra madre de la que brotó el cristianismo. Por lo tanto, el Concilio condena el antisemitismo no solo por razones políticas, sino también impulsado por la «caridad religiosa evangélica». Esto significa que es imposible ser discípulos de Jesucristo y, al mismo tiempo, antisemitas. Todos los pontífices que se han sucedido desde el Concilio Vaticano II en adelante lo han reiterado con gran convicción, y el Papa León XIV lo ha subrayado una vez más.