Sarah Mullally, confirmada como nueva arzobispa de Canterbury
La nueva jefa de la Iglesia de Iglaterra juró este miércoles su cargo en la catedral de San Pablo de Londres. El 25 de marzo tomará posesión de la sede, en mitad de amenazas de cisma en la Comunión Anglicana
La nueva jefa de la Iglesia anglicana, Sarah Mullally, primera mujer que ocupa este puesto en sus casi cinco siglos de historia, juró este miércoles el cargo en la Catedral de San Pablo de Londres, último paso antes de su consagración definitiva en la Catedral de Canterbury el 25 de marzo.
La ceremonia de "confirmación del cargo" ante lo más granado de la Iglesia de Inglaterra -por su nombre oficial- estuvo cargada de pompa y boato, pero no suscitó un gran entusiasmo popular en un país que sufre un profundo proceso de secularización similar al de los países católicos: solo el 27 % de los ingleses y galeses se declaran cristianos, y de ellos solo el 10 % va a la iglesia con regularidad.
Al acto no asistió ningún miembro de la familia real -pese a que el rey es la autoridad máxima, aunque solo formal, de la iglesia-, ni tampoco miembros del Gobierno laborista. Fue una celebración de carácter casi interno en una comunión que vive una crisis añadida precisamente por el nombramiento de Mullally.
Al salir de la catedral, tras la ceremonia de confirmación que duró una hora y media, esperaban a la arzobispa de Canterbury -que es el título oficial de la cabeza de esa iglesia- apenas medio centenar de personas que la aplaudieron, a los que luego ella se acercó y estrechó sus manos.
Una arzobispa en tiempos de cisma
Previamente, se había fotografiado en las imponentes escalinatas de San Pablo -una de las atracciones turísticas de Londres- con los obispos de la iglesia, que quisieron arroparla así en un momento de incertidumbre.
Al conocerse en octubre pasado el nombre de Mullally, un grupo de iglesias anglicanas africanas, lideradas por el obispo ruandés Laurent Mbanda, protagonizaron un cisma y crearon una Conferencia Global por el Futuro Anglicano (CAFCON).
No se sabe a ciencia cierta cuántas de las 47 ramas mundiales del anglicanismo se han unido al cismático Mbanda, pero ese movimiento pone de manifiesto el descontento dentro del sector más conservador no solo por la elección de una mujer, sino por las posturas de Mullally y la jerarquía anglicana, más aperturista en cuestiones sobre todo de identidad sexual.
La Iglesia anglicana tiene su mayor número de fieles en Inglaterra y Gales -aunque con una población cada vez menos practicante-, pero tiene representación en las antiguas colonias británicas y en varios países de África, donde dominan corrientes más tradicionalistas.
Mullally, de 63 años, fue elegida por votación entre los obispos anglicanos el pasado octubre, tras la traumática salida de su predecesor Justin Welby, obligado a renunciar por su discutida gestión de un caso prolongado de abusos en el seno de la iglesia.
El diario 'The Times' se pregunta hoy si la nueva jefa de la iglesia "hablará claro en temas sociales y políticos, tendrá una postura tajante sobre los abusos y será capaz de unir a una dividida Iglesia de Inglaterra". Y finalmente: "¿La verán los dirigentes políticos como una aliada o como una enemiga?"
