Este es mi cuerpo

Este es mi cuerpo
Este es mi cuerpo

Ayer domingo, día 1 de marzo, acompañé a mis amigas de la Revuelta de Mujeres en la Iglesia, que se concentraron en la catedral de la Almudena, además de en otros 35 lugares de la geografía nacional.

Se elevó un grito que continúa desde los inicios del movimiento: ¡Hasta que la igualdad se haga costumbre en la Iglesia!, y bajo el sugerente lema de este año “Este es mi cuerpo”, para denunciar el control de la Iglesia sobre los cuerpos de las mujeres sin apreciar su dignidad, que proviene de la práctica vital y la encarnación de Jesús, que asumió en su cuerpo todos los cuerpos y, por supuesto, también el de las mujeres.

Realizaron en la celebración una performance conmovedora, en la que el cuerpo de María de Nazaret ha sido constreñido en la moral y la enseñanza de la Iglesia como arquetipo de la pureza y la sumisión y el de Eva como la de la seductora y la desobediente. Pero de estos dos imaginarios las libera la buena noticia de Jesús de Nazaret y el mensaje y la lucha feminista de tantas mujeres a lo largo de la historia.

Al final se leyó un nuevo Magníficat que habían escrito las convocantes, que cobra un nuevo significado bajo estos nuevos parámetros, rompiendo así con los imaginarios impuestos sobre el cuerpo de las mujeres, y que cantan María y Eva, mujeres nuevas y precursoras de estas valientes y audaces mujeres de esta hermosa revuelta, que expresan con dignidad: “Somos Marías y somos Evas, somos una, somos todas”.      

  

María: Proclama mi alma la grandeza de mi Dios. Mi cuerpo danza al ritmo de la Ruah. Se alegra mis entrañas en Dios, mi Salvador.

Eva: Porque has hecho justicia cuando nos han humillado generación tras generación y desde ahora nos felicitarán todas nuestras descendientes.

María: Has hecho obras grandes en nosotras. Tu amor por la humanidad llega a todos los rincones de la tierra. Has abierto una brecha de liberación y dignificación para todos los cuerpos y, en especial, el cuerpo de las mujeres.

Eva: Todo lo haces renacer, dispersas a los soberbios de corazón, derribas del trono al patriarcado y el clericalismo.

María: Y enalteces a la gente ninguneada y humillada.

Eva: A las hambrientas las colmas de dignidad.

María: Y a la gente avariciosa la despides vacía.

Las dos: Tú auxilias y rescatas humanidades.

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