Nunca se sabe

Nunca se sabe
Nunca se sabe

Es tan vacilante la llama de la existencia,

tantos los vientos y temporales,

las brumas y los aludes,

que nunca se sabe si de un momento a otro

la noche visitará la placidez y el sosiego

hasta desarbolar todo lo construido

con paciencia y determinación,

dejando a los pies solo cenizas.

No. Nunca se sabe.

Por eso es tan necesario alimentar

con entusiasmo la pasión por la vida,

dejarse sorprender por los humildes milagros

que ocurren cada día

 

y que pasan desapercibidos

entre el apremio y la impaciencia,

o esos breves destellos de esperanza

y felicidad que dejan en el alma

una luz inesperada.

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