Nunca se sabe
Es tan vacilante la llama de la existencia,
tantos los vientos y temporales,
las brumas y los aludes,
que nunca se sabe si de un momento a otro
la noche visitará la placidez y el sosiego
hasta desarbolar todo lo construido
con paciencia y determinación,
dejando a los pies solo cenizas.
No. Nunca se sabe.
Por eso es tan necesario alimentar
con entusiasmo la pasión por la vida,
dejarse sorprender por los humildes milagros
que ocurren cada día
y que pasan desapercibidos
entre el apremio y la impaciencia,
o esos breves destellos de esperanza
y felicidad que dejan en el alma
una luz inesperada.