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Quizá el primer beso

Quizá el primer beso

Quizá el primer beso

 

Irene Vallejo nos invita a pensar sobre lo esencial de la vida, con una empatía, profundidad y audacia envidiable, dando siempre en la diana del tema que ofrece a nuestra consideración.

En este texto presenta una imagen única, quizá el primer beso reflejado en una imagen, en este caso, con una antigüedad de unos 50.000 años.

Estos momentos son complicados en cuanto a las relaciones se refiere, en las que es tan difícil a veces el acercamiento, las muestras de cariño, de afinidad, por lo que no es trivial que no se dé la importancia tan merecida al beso, que tendría tanto de lo que hablar en la historia de la humanidad.

Por ejemplo, en el hermoso libro bíblico del Cantar de los Cantares (1,2.4), la amada inicia este cántico con estos hermosos y sensuales términos: “¡Que me bese con los besos de su boca! ¡Ah, llévame contigo, sí, corriendo, condúceme a celebrar contigo nuestra fiesta y alabar tus amores más que el vino!”. O con palabras de Joaquín Sabina: “Lo bueno de los años es que curan heridas, lo malo de los besos es que crean adicción”. O estos versos atribuidos a Gabriela Mistral: “Hay besos que producen desvaríos / de amorosa pasión ardiente y loca, / tú los conoces bien, son besos míos / inventados por mí, para tu boca”.

En definitiva, Irene, en este breve y hermoso texto, nos convoca al recuerdo vivo, a la ternura del momento, a dejarnos invadir por el abrazo y el cariño, sellados por el entusiasmo de un beso, a la amiga, al nieto, a la madre, al compañero de trabajo o de solidaridad…

En estos tiempos tan accidentados y complejos, no es una mala idea detenernos un instante a valorar la importancia de las relaciones y de la necesidad de dar y recibir besos, llenos de cariño y profundo afecto, de amor sincero y vivificante. Tenemos constancia que hace al menos 50.000 años se empezaban a besar los seres humanos. Sigamos el ejemplo de nuestros queridos abuelos.    

“En tiempos de tanta beligerancia, quiero traer aquí este beso, probablemente la representación más antigua de la humanidad. Es una pintura rupestre descubierta en el Parque Nacional Serra da Capivara de Brasil. Un hallazgo publicado el año pasado, que se remonta a 50.000 años atrás.

Elaboradas con pigmentos naturales, como óxidos de hierro y carbón vegetal, estas dos figuras con las cabezas juntas han durado mucho más de lo que parecía previsible. ¿Tal vez para recordarnos que debemos confiar más en el corazón que en las corazas?” (Irene Vallejo. Imágenes de El País).

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