Venid de todos los pueblos (salmo 94)
Venid de todos los pueblos (salmo 94)
Venid de todos los pueblos, de todas las culturas,
de todas las religiones, de todos los credos y creencias,
las personas agnósticas y las ateas también.
Siempre estará la puerta de mi casa abierta,
habrá un hueco para vosotros en mi corazón,
una estancia confortable para las y los peregrinos,
los seres humanos desfallecidos
y agobiados por los avatares de la vida.
Entremos en la Presencia que a todos nos invade y vincula,
contemplemos la Realidad que nos sostiene, que es el origen,
el fundamento y el trasfondo de todo lo que existe:
las altas cumbres de la tierra, el océano inmenso, las plantas,
los animales, el hombre y la mujer,
las estrellas y las nebulosas, el universo entero.
Ojalá escuchemos el eco de fondo que nos sigue llegando
hoy mismo hasta los oídos del espíritu:
«No permitáis que se os endurezca el corazón, contemplad
todas mis obras, convertíos en cuidado hacia todos los seres vivientes,
y, sobre todo, no os olvidéis de quienes peor lo pasan».
Pero, aunque os mantengáis obstinados,
al margen de mis desvelos, aunque no reconozcáis
mi ternura hacia cada uno de vosotros, sabed que mi misericordia
es superior a todo lo que podáis imaginar,
que mi justicia no es vuestra justicia, que os espero siempre a todos,
para que viváis y entréis en mi descanso.