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Lo más verdadero de mí no conoce la muerte
El despertar no sucede después de la muerte física. Despertamos cuando reconocemos el Reino de Dios dentro de nosotros. Entonces puedes decir con Jesús: “Antes que Abraham naciese soy yo”.
La más verdadero de nosotros no conoce la muerte. Lo que en el fondo somos se revela como nacimiento y muerte.
Mejor que decir “he nacido”, deberíamos decir: “Dios se expresa naciendo como este yo y muriendo como este yo”. Como una bombilla se enciende y se apaga ante la vista, pero sin que la energía detrás nunca desaparezca, sigue ahí.
En ese sentido también puedo decir: “Yo soy la luz, la verdad y la vida”.
San Juan de la Cruz: “Nuestro despertar es un despertar de Dios y nuestro levantamiento es un levantamiento de Dios”.
La resurrección es un modo de referirnos, sin entenderlo, del despertar al no tiempo.
¿Qué perdemos al morir? La careta, el personaje, el papel en el Gran Teatro del Mundo.
¿Cuál es nuestro apego mayor? El apego al yo temporal.
El otro yo, "el yo soy" atraviesa el tiempo y es para siempre. El secreto está en, desde el ahora, habitar aquí el infinito, que además aletea detrás de todas las cosas.
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