La opción de Jesús ante el amor de Magdalena

¿Cómo fue el amor de Jesús a María Magdalena?

Eran la bruma azul

con que el sueño dibuja los adioses

y Dios se hace tejido y primavera.

¡Y cómo eran de puras las palabras

que lloraban sus ojos en mí recién nacidos

como coplas, quejidos de lo eterno!

La opción de Jesús ante el amor de Magdalena
La opción de Jesús ante el amor de Magdalena
Pedro Miguel Lamet
11 jul 2022 - 13:06

¡RABBONI!

Le buscaba la voz como una antorcha

en la garganta oscura de la estancia,

con el sabor a tiemblo que amanece

allá en el blanco amor de adolescencia.

Y mis pies conservaban aún

todo el aroma sutil

de aquella seda:

cabellos de mujer, misterio de la noche

derramada.Amar a veces es decir me dueles.

Te espían mis sentidos por el hueco

pasillo del recuerdo,

la cueva de lo ignoto que desande

preguntas aún suspensas de la infancia.

Eran sus manos las alas de un deseo

que había llegado a ser desvencijado amor

sin nombre, mil veces derramado

en un sabor a esquina, a asco, a beso

por denario.

Eran la bruma azul

con que el sueño dibuja los adioses

y Dios se hace tejido y primavera.

¡Y cómo eran de puras las palabras

que lloraban sus ojos en mí recién nacidos

como coplas, quejidos de lo eterno!

Escuchar era el agua de un arroyo

que nacía de dentro buscando el manantial.

¡Oh pámpanos antiguos, que vuelven

a la vida!

Me gustaba aquel nombre con son de bajamar

y el timbre de sus labios quebrándose en la tarde

al pronunciar "Rabboni",

mientras el Padre andaba

asomado a los lagos perfectos de sus ojos.

Me gustaba mirararla, caminar en la noche

con su paso de niña que no pesa,

blanca huida de risas que se esfuman

desde el quicio vibrante de un tiemblo de palmera.

¡Qué frágil la blancura del aire de su manto!

Era el amor así espejo de mi Espejo

y yo tan solo el Hombre.

¿No es hermoso ser hombre solamente?

La voz puso el amor al borde del abismo

y el sueño estaba en hora con mi asombro.

Pero no pude ser solo un israelita

enamorado

y amar con ese amor de solo un hombre...

Había que andar de nuevo aquel camino

y cubrirlo de sangre.

¿Se escurrirá el perfume entre mis dedos

para ser todo el Hombre con mi hombre?

Aun con la muerte cerca su voz me golpearía

en los oídos, oliendo a Jericó sobre los pies llagados:

¡Rabboni! ¡Maestro mío!

Y en cada golpe clavándose aquel verso:

"Amar a veces es decir me dueles".

Pedro Miguel Lamet

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"NO SÉ CÓMO AMARTE": MI NOVELA SOBRE MARÍA MAGDALENA

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