Cuaresma, el largo viaje hacia la Misericordia.

Cuaresma, el largo viaje hacia la Misericordia.
Cuaresma, el largo viaje hacia la Misericordia.

La propuesta de Jesús es un viaje, un proceso, un seguimiento, un deseo que arde, no la posesión del que ya no busca, del que ya piensa que tiene toda la verdad o cree que es algo que no hace falta... hemos de re-calcular el itinerario muchas veces porque corremos el peligro de perdernos y no elegir lo mejor.

Bergoglio es un Papa de la vida, un párroco del mundo. No es  teólogo de biblioteca (así quedó la Iglesia con el último)... Pero estoy seguro que luego se escribirán teologías y bibliotecas enteras de esta vida tan rica, cuando se recuerde el siglo XXI como el “Siglo de Francisco”.

Cuaresma es el Kairós de abrir la mente y el corazón expansivamente y encontrar la pista de su infinito en los Bienaventurados, su obra maestra, en la que manifiesta la máxima ternura y compasión en este mundo. El pobre, el que sufre, el que trabaja por la justicia y la paz, el misericordioso, etc., son el rostro viviente del Señor que nos preguntan cada día: ¿estás en el camino?

En el recreo se me acerca un niño, que no viene a mi optativa y me dice, con una mirada transparente y cercana: soy musulmán. Yo le contesto en medio de la sorpresa: me alegro, somos parientes. Él, lleno de alegría me dio con fuerza la mano y repitió con una sonrisa “sí, somos parientes”. A los dos nos alegró la mañana este encuentro.

Cuaresma: el viaje con Jesús hacia la Misericordia

Muchas veces suele presentarse el cristianismo como un poder sobre la sociedad y las almas. Jesús había dicho que “su Reino no es como los de este mundo”, que “entre vosotros no debe ser “así”, que “el que se ensalce será humillado”, etc. Pero no hay caso, insistimos, tanto cuando nos identificamos con el poder como cuando lo vivimos criticando, resentidos porque no lo tenemos.

La propuesta de Jesús es un viaje, un proceso, un seguimiento, un deseo que arde, no la posesión del que ya no busca, del que ya piensa que tiene toda la verdad o cree que es algo que no hace falta o que no le interesa porque está hundido en la decepción de no poderla alcanzar de ningún modo.

La vida es un viaje y un viaje tiene sentido si tiene una meta. Solo si existe una Itaca por la cual vale la pena afrontar el riesgo de los días, los valles de lágrimas y el efímero canto de las sirenas. No en vano decía Borges, ese místico argentino y universal, que la Odisea de Ulises es una de las dos o tres historias originarias y todas las demás escritas hasta el presente, son plagio.

La cuaresma nos recuerda que la vida es viaje y que hemos de re-calcular el itinerario muchas veces porque corremos el peligro de perdernos y no elegir lo mejor. Dada nuestra condición histórica y cambiante, la opción fundamental de haber decidido seguir a Jesús frente a los cambios de la vida, nunca es una posesión absoluta y que no necesite retocarse. Los signos de los tiempos nos van indicando los desafíos personales y sociales para seguir optando por el Evangelio ante la evidencia de los hechos del mundo.

Me gusta mucho cuando el papa Francisco cuenta cómo ha cambiado en su vida, cuántos volantazos ha tenido que dar en su comprensión de un Evangelio que se encarna en los cambios de los tiempos, que reacciona con discernimiento y humildad ante la realidad. Bergoglio es un Papa de la vida, un párroco del mundo. No es un prelado teólogo de biblioteca (así quedó la Iglesia con el último). Pero estoy seguro que luego se escribirán teologías y bibliotecas enteras de esta vida tan rica, cuando se recuerde el siglo XXI como el “Siglo de Francisco”. Cuando se analicen sus controversias análogas a las de Jesús con los fariseos del templo, los “dueños” de una religión clericalista y autoreferencial, que pasan al lado de los heridos de este mundo y critican al samaritano que se ocupa de ellos.

Aquellos que hablan con tanta seguridad del relativismo de los demás, incluidos papas, deberían experimentar la compasión, lo difícil que es la vida, especialmente si falta lo básico, tenés un trabajo de mierda y mal pago, o te ha ido mal en el matrimonio, o tenés un hijo con problemas, etc., como sucede con gran parte de la humanidad. También deberían considerar lo absurdo que desde una supuesta superioridad moral, encierren a Dios en doctrinas, leyes y disciplinas, que siempre son formulaciones muy humanas, de un grupo de humanos con determinados intereses, por más que estén plagadas de citas bíblicas. De Dios es más lo que no sabemos que lo que sabemos. Si hay algo que sabemos por su Revelación es que es “Amor”. Un amor como no nos podemos imaginar.

Cuaresma es tiempo de teología negativa o apofática (del griego "decir no", "negar"), una vía que nos aparta de estar tan seguros que Dios es lo que creemos que es.  De ensanchar nuestra comprensión de Él. Cuaresma es un tiempo ascético para rechazar a ese dios que nos hemos construido para justificarnos, sea cual fuere: el de los curas, el de las ideologías, el de mi propia panza... Un dios que justifica nuestro egoísmo para pasar tranquilos al lado del herido como el sacerdote o el levita, “especialistas” en religión y conspicuos fabricantes de periferias.

No quiero ser un iconoclasta, también necesitamos las imágenes, los escritos, lo tangible, por más provisorio que sea, ya que nada llega al interior si antes no pasa por los sentidos. La sabiduría católica de la sacramentalidad ilumina esta realidad tan humana, que no se reduce a ritualismo, sino que es una prolongación de la espiritualidad de la Encarnación de Jesús, el Dios hecho humano y visible.

periferias necesidad

El otro y pobre, cartografía imprescindible del viaje cuaresmal

El problema no es saber, como pregunta el fariseo a Jesús, para justificarse, “quien es el prójimo” sino abrir el corazón para descubrirlo y así descubrir al verdadero Dios. No es ortodoxia, es ortopraxis. El otro, cuanto más otro y averiado, es la llave maestra que conduce hacia Él y a la vez nos descubre quienes somos en realidad. Desde su Encarnación y más aún desde su cruz, Jesús está asociado a cada ser humano de este mundo. Ha dejado su huella en cada experiencia humana. No se la contaron, Él estuvo allí.

Pero el pobre no es un mero medio para llegar a Dios. También es un fin en sí mismo, un otro con identidad y sustancia, que además es un superdotado de talentos que no percibimos en nuestro mundo burgués de modelos "perfectitos" y satisfechos. El pobre es un hermano que nos lleva de la mano hacia la realidad y a una familia: el Pueblo de Dios. Ellos mendigan ayuda, pero somos nosotros los mendigos de humanidad porque no hemos percibido su belleza herida por la injusticia humana. Por eso Francisco nos habla de una Iglesia no solo “para” los pobres, como una asociación de lástima y beneficencia, sino “con” los pobres. Jesús hizo su Iglesia con pobres pescadores que no sabían leer ni escribir.

Cuaresma es el Kairós de abrir la mente y el corazón expansivamente y encontrar la pista de su infinito en los Bienaventurados, su obra maestra, en la que manifiesta la máxima ternura y compasión en este mundo. El pobre, el que sufre, el que trabaja por la justicia y la paz, el misericordioso, etc., son el rostro viviente del Señor que nos preguntan cada día: ¿estás en el camino? Ellos son el auxilio y la brújula para nuestras razones tan confundidas con tantas ideas, para nuestros corazones tan enquistados en emociones tóxicas y para nuestras manos, tan abarrotadas de herramientas materiales.

Cuaresma es una experiencia revolucionaria de ascetismo del ego personal y social para poner nuestros talentos al servicio de la Misericordia de Jesús que cambia el mundo a partir de la periferia de los descartados. Éste es el momento de encontrar nuestro motivo para vivir: “buscar su Reino y su Justicia”.

Epílogo de una experiencia cuaresmal de religiones en el aula

Hubo un día en esta semana que me tocó vivir dos momentos muy distintos con mis alumnos de” Religión”, una aventura de riesgo si las hay que muestra sin ambigüedades los imaginarios sociales existentes en la sociedad. En el recreo se me acerca un niño, que no viene a mi materia optativa y me dice, con una mirada transparente y cercana: soy musulmán. Yo le contesto en medio de la sorpresa: me alegro, somos parientes. Él, muy contento me dio con fuerza la mano y repitió con una sonrisa “sí, somos parientes”. A los dos nos alegró la mañana este encuentro. El comienzo de una “gran amistad” como dice Bogart en Casablanca. La alegría del hallazgo de la perla perdida del Reino, en una mañana cualquiera.

Había algo muy profundo en ese milagro, mucho más que con un gran número de alumnos que van a la clase de religión no sé para qué y que suelen recibirme en el aula silbando “cara al sol” para manifestar con aire de superioridad que ellos, niños de 15 años, son “más españoles” que yo, un profesor que tiene 20 años de ciudadanía, títulos académicos que triplican la media y curro en esta bendita tierra que amo y siento como propia.

Dos maneras de vivir la religión. Una como apertura a un Dios muy grande en el cual somos hermanos y abre la esperanza de una sociedad en paz, de identidades en diálogo constructivo. Es la religión de Jesús y la de Francisco. Otra, la religión entendida como una herramienta de superioridad racista y xenófoba, y que no existiría sin el guiño cómplice de más de un cura. Porque en esta iglesia tan super-jerarquizada no vuela una mosca que se llame "católica" si previamente no tiene el imprimatur de un ingenuo clérigo heredero de la "santa" inquisición que no se da cuenta que anida huevos de serpientes. (vb. película de Ingmar Bergman) 

La cuaresma nos abre un camino de esperanza porque conduce a la Misericordia de Jesús. Le pido al Señor como el ciego de nacimiento “Señor, haz que vea”, que caigan mis sesgos, mis falsas seguridades para experimentar el agradecimiento de tu Presencia que todo lo cambias con tu Amor, también las sociedades tentadas de repetir errores históricos que creíamos superados.

poliedroyperiferia@gmail.com

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