Del algoritmo al altar: el llamado a desarmar el poder

Desarmar la AI, el mundo... y también la Iglesia

Desarmar y humanizar
Desarmar y humanizar | P&P

Introducción: una palabra que atraviesa un pontificado

Hay palabras que condensan un programa espiritual, pastoral y político. León XIV ha elegido la palabra “desarmar”. Aparece en homilías, discursos y contundentemente en la encíclica Magnifica Humanitas, como auténtica propuesta de transformación cultural, eclesial y antropológica.

En un mundo marcado por guerras, polarización política, nacionalismos agresivos, competencia tecnológica y fragmentación social, el Papa propone otra lógica. Desarmar no significa rendirse ni abandonar la búsqueda de la verdad. Significa liberar de aquellas dinámicas de poder que convierten al otro en enemigo o esclavo.

Es un desarme integral que abarca la tecnología, el lenguaje, la economía, la política, las relaciones humanas e incluso la Iglesia, para reconstruir sinodalmente una auténtica civilización del amor.

I. Desarmar el mundo: de la tecnología al lenguaje

La AI no es neutra, puede ser usada como arma para imponer una nueva esclavitud en el mundo. Por eso el Papa indica que “Desarmar la IA significa sustraerla a la lógica de la competencia armamentística” (MH 110).

Las armas no son solamente misiles, tanques o cabezas nucleares. Existen armas económicas, informativas, cognitivas y digitales. Asistimos a una carrera por controlar algoritmos, datos y plataformas tecnológicas para generar nuevas formas de dominación global.

Desarmar la AI
Desarmar la AI | P&P

Pero desarmar la tecnología no significa rechazarla, sino impedir que se convierta en el poder arbitrario de una élite que somete a las personas. Significa devolverla al servicio del bien común, participar sus beneficios, hacerla transparente y discutible.

Christopher Olah, cofundador de Anthropic y exponente en la presentación de la encíclica junto al Papa, advirtió sobre los riesgos éticos de la IA, rechazó su uso en armas autónomas y respaldó la advertencia papal contra la concentración del poder tecnológico en pocas empresas, capaces de imponer una visión moral y cultural al mundo.

Pero existen otras armas que desactivar: Desarmemos las palabras y contribuiremos a desarmar la tierra.” (214). La violencia comienza mucho antes de los conflictos armados. Nace en las palabras que humillan, en los discursos que demonizan, en los prejuicios que degradan al diferente y generan chivos expiatorios.

Las redes sociales amplifican estos odios en los que la agresión verbal reemplaza la búsqueda sincera de la verdad. Por eso León XIV pregunta: ¿Construyen nuestras palabras o destruyen? ¿Escuchamos o solo reaccionamos? ¿Buscamos comprender o vencer?

Desarmar las palabras significa recuperar el esplendor de la verdad, el interés de la escucha, la compasión y denunciar la injusticia sin deshumanizar a quien piensa diferente.

II. Desarmar la Iglesia: del poder a la comunión

El Papa León también reconoce que la misma Iglesia también necesita desarmarse, superando la cultura del poder- Insta a la Iglesia a reconocer sus propias faltas y a promover "la civilización del amor” (cap. V). Para León XIV, “la verdad debe vivirse como encuentro y servicio”, descartando cualquier fundamentalismo religioso, superioridad moral o nostalgia por una cristiandad idealizada que no se arrepiente de sus atrocidades históricas. La Iglesia está llamada a caminar humildemente dentro de la historia, reconociendo la necesidad de una conversión permanente.

En continuidad con el Concilio Vaticano II y Francisco, propone una Iglesia que convence por el testimonio más que por la imposición, que dialoga en lugar de encerrarse en posiciones defensivas y que sirve desde las periferias como hospital de campaña.

El método es la Sinodalidad, no como mera cuestión organizativa, sino para superar el clericalismo, el paternalismo y toda concentración excesiva de poder. Cuando la encíclica reclama “organismos de participación reales, no nominales”, está pidiendo estructuras efectivas de corresponsabilidad entre todos los bautizados.

Desarmar el altar

Por ello, muchos pensamos que el desarme eclesial exige reformar valientemente aquellas estructuras de pecado que favorecen abusos de poder, de conciencia y sexuales, así como el hábito ancestral del encubrimiento que privilegia la protección institucional antes que la escucha y reparación de las víctimas. También supone revisar mecanismos que generan exclusión dentro de la comunidad cristiana, como la escasa participación de mujeres y laicos en ámbitos de decisión o la marginación maliciosa de los sacerdotes casados, cuya situación no contradice ningún dogma y son un gran recurso humano desperdiciado.

Desarmar para Civilizar
Desarmar para Civilizar | P&P

Desarmar también es desmontar el endiosamiento de la figura clerical y reconocer que el Espíritu Santo actúa en todo el Pueblo de Dios. La Iglesia sólo podrá invitar al mundo a abandonar sus armas si ella misma lo hace: el dominio, los privilegios, la exclusión y la autosuficiencia institucional.

La encíclica contrapone Babel y Jerusalén. Babel representa la obsesión por el control, la uniformidad y el poder; Jerusalén simboliza la comunión, la corresponsabilidad, la fraternidad y la apertura a Dios. Esto es transversal incluso en la Iglesia: ¿está construyendo poder o servicio? Cuando privilegia el clericalismo, la imposición o la autoconservación institucional, reproduce la lógica de Babel; cuando escucha, comparte responsabilidades y camina junto al Pueblo de Dios, se convierte en signo de Jerusalén y testimonio creíble del Reino.

Conclusión: una humanidad desarmada para una civilización del amor

“Desarmar” es un verbo profético que León XIV eligió para nuestro tiempo. No es un ingenuo pacifismo. Es liberarse de las estructuras de pecado que oprimen.

Hay que desarmar los arsenales bélicos y los algoritmos convertidos en instrumentos de control. Hay que desarmar las palabras y los prejuicios que las alimentan. Hay que desarmar las instituciones, incluidas las eclesiales, cuando olvidan su fin e idolatran los medios.

Desarmar es cambiar la lógica de la competencia y el dominio, por la del encuentro. Es pasar de Babel a Jerusalén.

Y significa, sobre todo, creer que la verdadera fuerza de la historia no nace del dominio, sino del amor hecho compasión y servicio. Allí comienza la paz y la esperanza de una nueva civilización del amor.

poliedroyperiferia@gmail.com

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