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El buen periodismo

REDACCIÓN P+D

Una de las lecciones de la comunicación es que cuando hablamos queriendo convencer de una idea tenemos que pensar en quienes no están cien por cien seguros de lo que piensan, siempre sin olvidar que no se puede traicionar la ideología que defendemos, pero centrando la atención en el razonamiento con quienes dudan.

Esto se aplica, por ejemplo, a las campañas electorales, pero puede serlo a cualquier ámbito de la vida.

Por lo mismo, hay tres circunstancias contrarias a esta idea. La primera, jalear a los convencidos, es decir, enfervorizar a quienes piensan como nosotros. Esto es correcto a nivel interno (esas escenas en la que el jefe arenga a las tropas para la batalla) pero innecesario y perjudicial en la relación con quienes no piensan como nosotros.

La segunda es intentar convencer a los totalmente convencidos de lo contrario. No se trata de desistir, pero sí de no gastar demasiadas energías salvo las necesarias para dejar clara nuestra postura.

Puede leer aquí el editorial completo de la Dirección de Protestante Digital titulado El buen periodismo

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