Adviento, tiempo de esperanza comprometida

Adviento significa venida; es un tiempo de preparación espiritual para abrirnos a lo que significa la Navidad, más allá de los oropeles consumistas y de las liturgias vividas con poco fundamento. Entre nosotros son cuatro semanas, aunque en el caso de la iglesia ortodoxa llega hasta los 40 días; hasta el 6 de enero. Este es un tiempo para reflexionar sobre el significado del nacimiento de Jesús y su importancia para nuestras vidas. Un tiempo litúrgico inseparablemente unido al adviento que esperan los miles de refugiados que vienen a nosotros, y que sus hermanos en el Señor, es decir nosotros, nos cuesta acogerles tal como Jesús lo haría.

El materialismo consumista ha logrado una fiesta navideña que envuelve el Becerro de oro en celofán de colorines. Es lo absurdo (etimológicamente, absurdo viene de “sordo de oído”) de tantas conciencias adormecidas. El contrapunto lo ponen las celebraciones auténticas de familias y comunidades de cristianos anónimos que optan por vivir este tiempo de acogida con el corazón abierto al Misterio de la Navidad. La realidad es que no son noticia pública, pero son la verdadera noticia pascual del Adviento y el ejemplo vivo de que Dios se manifiesta en nosotros.

Este tiempo especial de esperanza teologal acogiendo a ese Niño Dios cercano hecho uno de nosotros, es tiempo también de acoger su mensaje de amor a la luz de las vivencias de aquellos sus primeros seguidores que nos cuentan Lucas y Pablo (en Hechos y en las Cartas). Más adelante, las iglesias cristianas en el siglo IV dieron forma litúrgica a este tiempo de espera en esperanza unido a nuestras experiencias del día a día. Cada nuevo aviento navideño es un reto a nuestras contradicciones de la fe contagiada del materialismo más pagano. Es también una invitación a renovarnos interiormente desde lo que significa el nacimiento de Jesús. Va más allá de una fiesta de cumpleaños. Por tanto, la verdadera esencia de este tiempo es un todo: espera activa, amorosa y llena de esperanza comprometida. De lo contrario, “Aunque Cristo nazca mil veces en Belén, mientras no nazca en tu corazón…” (Ángelus Silesius).

En este comienzo de Año cristiano, feliz tiempo de esperanza hasta la Navidad en torno a la corona de Adviento, que simbólicamente vamos a encender cada domingo como signo luminoso de lo que representan los valores del camino que vamos a recorrer durante estas cuatro semanas: Esperanza, Paz, Alegría y Amor. ¡Paz y bien!

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