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Entrevista al obispo de Córdoba, tras la tragedia de Adamuz

La fe es una forma de afrontar la vida

Manuel Sánchez ha sido uno de los sacerdotes que han formado parte del equipo habilitado por la diócesis para atender a las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz, en Córdoba. Entrevistado por Religión Digital, afirma lo que es el titular de esta reflexión: la fe es una forma de afrontar la vida.

La fe está relacionada directamente con la confianza. Es algo integral, más allá de creer lo que no vemos. Cuando definimos la fe como una forma de afrontar la vida significa fiarse de Dios en todo momento, confiar contra toda esperanza, tal como nos exhorta Pablo. Es aceptar los límites de la existencia con mirada esperanzada. Elo nos debe llevar a comprometernos a facilitar la vida a los demás con amor y por amor desde lo que Dios nos pide en cada momento, en apertura generosa hacia el otro. 

Las tres, fe, esperanza y amor, forman un todo relacionado que nos ilumina la existencia: fiarse de alguien, esperar abriendo el presente a metas por las que merece la pena trabajar y compromiso de apertura y cuidado con otras personas. Las tres nos orientan hacia lo esencial del ser humano, el conjunto de valores, actitudes y conductas que nos permiten ser la mejor posibilidad de uno mismo. Son lo que nos hace a imagen y semejanza de Dios que los cristianos significamos con el Bautismo.

Todo ello conlleva seguir el mensaje directo de Jesús: no vivamos con miedo. Volviendo a la fe, no es una vía escapatoria a los problemas de la vida, sino que nos sostiene en el camino y le da un sentido, dijo el papa Francisco. la fe en el Señor y en su palabra no nos abre un camino donde todo es fácil y tranquilo, que no quita tormentas a la vida, sino que la fe nos lleva a superar las tormentas existenciales, la certeza de una presencia que nos ayuda a afrontar las dificultades.

Aquí está lo esencial: la fe nos lleva a superar las dificultades y sufrimientos, en definitiva, a madurar como personas si nos fiamos de Dios como una forma de afrontar la existencia. La fe no es una escapatoria a los problemas de la vida. En general, creo que ante una situación difícil el cristiano tiene en la oración una seguridad diferente, esperanzada. Ahí está el valor de la fe que impulsa el Espíritu dándonos fuerzas cuando nuestra realidad no nos lo permite. Y la consecuencia de la perseverancia en esta actitud esperanzada acaba por hacernos agradecidos al descubrir, tras la dificultad a veces aparentemente insuperable, que Dios nos sostiene y nos ama.

Es lo que necesitan las personas afectadas por la tragedia ferroviaria de Córdoba y también de Barcelona. En los momentos de gran dificultad que cuestionan la fe, me consuela orar con el libro de Job por aquello de que “Dios no cumple todos nuestros deseos, pero sí todas sus promesas”. 

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