Servir es una forma de liderar
Pocos discuten hoy la profunda conexión existente entre la inteligencia existencial o espiritual y el llamado "liderazgo de servicio" (Servant Leadership) ya que este nace básicamente de aquella. Hitler no manifestó inteligencia espiritual mientras que para Gandhi fue su motor vital. Si algo necesitamos es el desarrollo de los valores llamados espirituales para que el liderazgo sea positivo y eficaz en las relaciones sociales y en la Iglesia.
¿Y si el mejor liderazgo fuera el servicio?, se pregunta Juanma Roca, experto en dirección de empresas. Resulta un error confundir bondad con debilidad o la actitud servicial con el servilismo. También es un error actuar como si los principios del poder descansasen en los mismos pilares que los fundamentos de la autoridad. Auctoritas viene de augeo: ayudar a crecer.
Lo cierto es que existen modelos tan diferentes de liderazgo como Hitler, Superman, Jesús de Nazaret, Messi... ¿Qué imagen convencional tenemos de una persona líder? Porque la pregunta nos remite a otra cuestión más específica: ¿cuáles son las actitudes y habilidades de un buen líder positivo en todo tiempo y lugar? Y, sobre todo, si el liderazgo es una cualidad que pueda ejercitarla el común de los mortales. Nos atrae la imagen de superman o superwoman cuando la realidad es que, el auténtico Superman solo existía cuando veíamos al actor Christopher Reeve batallando heroicamente con su enfermedad en una silla de ruedas.
No estamos hablando de un nivel superior de personas perfectas, que no existe. Cuando alguien intenta liderar no podrá hacerlo al margen de sus defectos como ser humano que es. Pero hay actitudes que son universales a la hora de poder ejercitarlas.
El término “liderazgo de servicio” fue acuñado por R. K. Greenleaf, en 1970.. Fue un avanzado de su tiempo al aunar "liderazgo" con "servicial" potenciando el sentimiento natural de ser útil a los demás en el trabajo. Según cuenta él mismo, la idea surgió de la conmoción que le produjo la lectura de un breve relato de Herman Hesse (Viaje a Oriente) donde se narra la historia de un sirviente cuya actitud de servicio era tal que al desaparecer condiciona el viaje de todos los demás.
Por tanto, hay que desterrar la creencia de que este tipo de liderazgo es suave o fácil y carente de toda la responsabilidad. Lo que de verdad caracteriza al líder de servicio es su capacidad para crear un ambiente de unión y confianza, lo cual conduce a un mayor compromiso para llevar a cabo los objetivos sin deshumanizar las relaciones.
Debe quedar claro que cualquiera puede ejercer a su alrededor esta actitud de liderazgo. Gracias a los buenos líderes y lideresas que viven calladamente entre nosotros, mejora la realidad social, empresarial y eclesial por encima de lo que a veces parece a primera vista. Se habló en su día del impacto del trabajo silencioso de las mujeres africanas y su enorme aportación al IPC de África. Acertó Greenleaf al fijarse en la dimensión del desarrollo humano que depende de ciertas actitudes capaces de soportar resultados sin la vistosidad ni la inconsistencia de la veleta. Bien cerca, me acuerdo de algunas monjitas que atendían en Begoña (Bilbao) a los sidosos moribundos en plena pandemia, cuando eran un estigma que nadie quería, ayudándoles a morir confortados y llenos de cariño. Y sin cobrar por ello ni ser noticia relevante en los medios de comunicación.
Primero, uno decide ser servicial y luego se encuentra que es un referente para otras personas, no al revés. Dar un buen servicio al cliente suena muy bien; en cambio, ser el servidor de tu equipo suena fatal, quizá porque confundimos servicio con servilismo. Por eso Greenleaf intencionalmente tituló su primer ensayo sobre el liderazgo de servicio “El servidor como líder” en lugar de “El líder como servidor” rompiendo el cliché de que los servidores se asocian a la escala más baja de las jerarquías y resaltando la característica primordial del mejor líder: servir.
Lo bueno es que el liderazgo puede ser aprendido. Cualquiera de nosotros es capaz de desarrollar la actitud de servicio con la familia o los amigos, en el trabajo, en la parroquia y en cada circunstancia, grande o pequeña. Veamos algunas actitudes del líder servicial; son Evangelio puro: se presta a ayudar cuando hace falta; descubre lo bueno de los demás; transmite, contagia; fomenta el respeto mutuo; no es únicamente maestro, también es alumno; posee conciencia social; escucha por encima de la media; actúa desde el compromiso, genera confianza…