Jaúregui en Mucuchies

Uno de los sacerdotes más relevantes de la diócesis de Mérida, por su virtud y ciencia, sus ejecutorias y herencia espiritual, ha sido el Pbro. Jesús Manuel Jáuregui Moreno (1848-1905). Andino por todos los costados, nacido en Niquitao, criado en Mucuchíes, formado en Mérida, ejerció su sacerdocio en Mucuchíes, La Grita y San Cristóbal. Su mayor gloria, la hazaña educativa del Colegio Sagrado Corazón de Jesús. En plena provincia, con recursos escasos pero con un grupo de personas de alta preparación y mística, se formó una pléyade de hombres que tuvieron significación en todas las esferas del quehacer social. Medio centenar de sacerdotes entre ellos.

Hombre inquieto, innovador acucioso, escribió mucho de lo divino y lo humano, formador de juventudes, conoció no sabemos exactamente cómo, el carisma salesiano. En la visita ad limina del Obispo Lovera, lo acompañó como su secretario. Ambos pasaron por la cuna del carisma de Don Bosco y surgió la iniciativa de solicitar su presencia en tierra venezolana para dirigir la obra que él había comenzado.

La llegada de los andinos al poder (1899) lo lleva a un desencuentro con Cipriano Castro. La solicitud de dejar las armas para evitar muertes, fue interpretada por el general alzado como una oposición a su proyecto. Llegado triunfante a Caracas ordena detenerlo. Gracias a la intervención de gente amiga se logra cambiar cárcel por exilio.

Los cinco últimos años de vida de Jáuregui Moreno lo lleva a Italia, Tierra Santa, México, Francia y de nuevo a Italia. Predicador de ejercicios, vicario general en Huajapan, intento de ingreso a la vida religiosa. Muere en la Ciudad Eterna el 6 de mayo de 1905 a consecuencia de una operación quirúrgica. Sus restos fueron sepultados en la Capilla del Colegio Pío Latinoamericano.

Su querencia afectiva lo llevó a dejar escrito que deseaba que sus restos reposaron algún día en Mucuchíes, al lado de los despojos de sus padres. Sus exalumnos tramitaron el regreso de su cadáver una vez que Juan Vicente Gómez se consolidó en el poder. En diciembre de 1909 el cortejo fúnebre tocó tierra en La Guaira. Homenajes en la capital y un largo peregrinar por vía marítima hasta Maracaibo y el Sur del Lago para iniciar el ascenso desde Valera hasta Mucuchíes. El 13 de abril de 1910 fueron colocados en la iglesia parroquial donde permanecen hasta la resurrección final.

Al cumplirse el centenario de estas efemérides, en el marco del año sacerdotal, desde Mucuchíes rendimos homenaje a su memoria y oramos para que la luz que irradió siga siendo faro luminoso a las nuevas generaciones que buscan modelos de santidad y entrega.

Mons. Baltazar Enrique Porras Cardozo
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