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Manos Unidas, por la dignidad de la mujer

Religión Digital
08 feb 2013 - 12:13

En Keshero, República Democrática del Congo, la falta de infraestructuras obliga a las mujeres a dar a luz en su casa, exponiéndose a perder la vida. Allí Manos Unidas trabaja en la ampliación de un hospital rural que beneficiará a mil mujeres e indirectamente a 37.000 personas.

En La Gloria, Guatemala, la mujer indígena necesita formación para el trabajo. Manos Unidas desarrolla un proyecto integral que beneficia a nueve pueblos.

En Tipura, India, Manos Unidas está creando una cooperativa agrícola de la que muchas mujeres podrán beneficiarse.

Son ejemplos, escogidos de tres áreas de distintos continentes, de la labor que - siendo fiel a sus principios fundacionales- desarrolla en todo el mundo esa institución tan querida. Recordemos que Manos Unidas es la asociación de la Iglesia Católica en España para la ayuda y promoción de países en vías de desarrollo. Así se recoge en sus estatutos los cuales afirman que Manos Unidas es, a su vez, una ONGD de voluntarios, católica, seglar, sin ánimo de lucro y de carácter benéfico.

Cada año, en febrero, lanza una campaña contra el hambre en el mundo. En esta ocasión concreta este objetivo en ayudar a vencer las desigualdades que afectan a las mujeres. En virtud de su igual dignidad, tienen los mismos derechos que los hombres; pero, en la práctica de muchos países, no sucede así. Suelen padecer, en muchas partes del mundo, el analfabetismo; reciben insuficiente atención sanitaria; les falta libertad incluso para decidir su propio matrimonio; son discriminadas en las remuneraciones en el ámbito laboral; y, lo peor de todo, en no pocos países padecen violencia de género, abusos sexuales y tráfico de mujeres y niñas.

La Iglesia siempre se ha preocupado por lograr los medios más efectivos para lograr esta promoción de la dignidad de la mujer. Lo ha hecho con toda clase de hogares de acogida y con iniciativas de trabajos que permitan a las mujeres conciliar su vida familiar con un trabajo profesional. Y de modo particular con sus centros educativos, muchos de ellos promovidos a través de Manos Unidas. La educación es el mejor instrumento para el desarrollo personal y para hacer frente a la discriminación.

Todo esto es cuestión de justicia. Ya pasó, por fortuna, el tiempo en el que la mujer era considerada menor de edad y necesitaba permiso del marido para cualquier gestión básica. Ya no se puede plantear si tienen derecho al voto o a acceder a la educación. Los derechos logrados han sido fruto de una larga batalla en la que Manos Unidas ha luchado, hombro con hombro, con las mujeres de todo el mundo. Pero es una batalla que continúa y que no se libra con discursos teóricos, sino en lugares concretos del Tercer Mundo, en aldeas perdidas, en la construcción de caminos, pozos, colegios, hospitales y otros centros de atención sanitaria.

Mi enhorabuena a todos los miembros de Manos Unidas y a quienes ayudan a esa institución de la que se benefician millones de personas en el mundo.

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