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El abuso espiritual y el 'giro católico' de la generación Z

'Cor ad cor loquitur': Cuando los obispos se atreven a decirle a los nuevos movimientos que no basta con sentir

Corazón libre

Cor ad cor loquitur -“el corazón habla al corazón”- es, probablemente, el mejor texto que la Conferencia Episcopal ha producido en años sobre pastoral juvenil. Equilibrado, fino, nada histérico y, sin embargo, valiente en sus advertencias. Los obispos han sido capaces de reconocer la sed espiritual de los jóvenes y el atractivo de ciertos movimientos del llamado “giro católico” -Hakuna, Effetá, Emaús, las HAM, Iesu Communio y otras realidades afines-, sin entregarse a la fascinación acrítica ni caer en el anatema.

Hacía falta un texto así. Ante los masivos conciertos y las conversiones a cientos, se estaba necesitando que alguien con autoridad dijese que no todo lo que emociona en nombre de Jesús conduce a la verdad del Evangelio ni al compromiso real con el Reino.

Cor ad cor loquitur

Un documento que escucha… y discierne

Lo primero que sorprende de Cor ad cor loquitur es el tono. No es un ajuste de cuentas ni una diatriba contra el “giro católico”, sino un intento sincero de comprender por qué tantas chicas y chicos aterrizan en espacios donde se canta, se adora, se llora y, de repente, se siente que la fe “toca” algo que la catequesis parroquial nunca alcanzó.

Los obispos reconocen, con razón, que el catolicismo plano y desencarnado de muchas estructuras ha dejado un hueco que otros han sabido ocupar, con su lenguaje cercano, su estética cuidada, su vida comunitaria intensa y la promesa de un cristianismo vivido “a fuego” y “en la piel”.

Pero precisamente porque escuchan ese clamor, los prelados españoles se atreven a introducir el matiz que muchos preferirían obviar y advertir que las emociones son puerta, no meta.

La experiencia de Dios puede empezar en un “subidón” de adoración o en una noche de testimonios, pero si se queda ahí, se convierte en un producto espiritual de consumo más.

Por eso, el documento episcopal pone el dedo en la llaga, cuando alerta de propuestas que “atraen a los jóvenes por la vía de la emoción, pero no los conducen suficientemente a la verdad de la fe ni a una inserción real en la comunidad eclesial”. Traducido: mucho sentimiento, escasa mistagogía; mucha identidad de grupo, poco Evangelio digerido en comunidad adulta; mucha fiesta y poco compromiso con los pobres, la ‘carne de Cristo’.

Hakuna, en Sol | Comunidad de Madrid

Advertencias veladas, mensaje claro

Las advertencias son veladas, sí, pero el destinatario aparece nítido entre líneas. Cuando los obispos hablan de dinámicas que “construyen pertenencias fuertes alrededor de líderes carismáticos”, o de itinerarios que absolutizan una forma de oración o de estética litúrgica como “la” experiencia cristiana auténtica, resulta difícil no pensar en Hakuna, Effetá, las Ham, Iesu Communio y otras realidades nuevas que orbitan en el ecosistema del “giro católico”.

La verdad es que no las nombran en absoluto, pero las describen con precisión, al asegurar que reclutan por impacto emocional, que generan burbujas de identidad muy potentes y que, con frecuencia, viven en una tensión ambigua con la pastoral ordinaria de las diócesis y de las parroquias.

El texto no demoniza, pero sí marca líneas rojas

Recuerda que ninguna realidad puede considerar que “la Iglesia empieza con ellos”, que no hay carisma que dispense de la comunión diocesana y que la iniciación cristiana no se improvisa en un retiro de fin de semana.

Cuando el documento subraya la necesidad de procesos largos, de acompañamiento personal serio, de integración en la vida sacramental y comunitaria más allá del propio grupo, está, de hecho, corrigiendo prácticas concretas.

Las Ham

Por ejemplo, las vivencias  del adolescente que va de retiro en retiro sin confesarse nunca de verdad, del universitario que sabe todas las canciones de adoración pero no tiene ni idea de qué dice el Credo, de la chica que vive enganchada a su “comunidad” pero desconectada del resto de la Iglesia.

Corazón sí, pero con inteligencia y compromiso

Quizás lo más valioso de Cor ad cor loquitur es que se niega a contraponer corazón y razón, afecto y verdad, liturgia y vida. No propone volver a una pastoral juvenil aséptica y cerebral, pero tampoco acepta la deriva del cristianismo “sensación”.

El corazón habla al corazón, sí, pero ese corazón ha de aprender a escuchar también la Palabra, la tradición viva, el grito de los pobres y la voz de la conciencia. Una fe que solo vibra en el oratorio, pero no se traduce en compromiso social, vocacional y eclesial, se queda en un mero sucedáneo.

Por eso, las advertencias del documento son, en el fondo, una invitación a que los responsables de estos movimientos se tomen en serio su propia promesa. Si de verdad dicen querer “una Iglesia en salida”, toca salir de la autorreferencialidad; si se declaran “fieles al Papa”, toca encajar sus llamadas a la sinodalidad y al cuidado de las periferias; si hablan de “pasión por Cristo”, toca dejar que ese Cristo nos lleve donde Él quiere, y no solo donde nos gusta.

Los obispos no piden menos fogosidad, piden más hondura y que tras la primera oleada emocional venga la pregunta adulta por la verdad, la libertad y el servicio.

Giro católico

En un momento en que el péndulo eclesial oscila entre la fascinación por cualquier cosa que llene templos de jóvenes y la desconfianza hacia todo lo que huela a nuevo, Cor ad cor loquitur ofrece un camino estrecho y lúcido.

Dice a los del giro católico que gracias por llegar donde otros no llegábamos, pero cuidado con confundir la chispa con el fuego. Y dice a la pastoral de siempre que no basta con criticar, que hay que aprender a hablar al corazón, no solo a la cabeza.

En definitiva, si el documento se toma en serio y no queda en papel mojado, puede ayudar a que la pastoral juvenil en España salga de su adolescencia pastoral, con menos entusiasmos fugaces y con más procesos que conviertan la emoción en Evangelio encarnado.

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