Los conservadores copan el poder real de la CEE a través de la Ejecutiva Una cúpula episcopal aparentemente compensada, pero que mira a la derecha

Cobo y Argüello
Cobo y Argüello

"Los obispos han salvado los muebles mediáticos, compensando con la elección del cardenal Cobo (el señalado por el Papa) a la vicepresidencia, la designación de Argüello como presidente. Una compensación de cara a la galería y para disimular la decisión de fondo"

"El presidente Argüello hace gala de un antifrancisquismo matizado, astuto, perspicaz y pasado por el molde de la prudencia de la mente (¿y del corazón?)"

"Con el nuevo presidente volveremos al discurso socio-político frentista, conservador y de ‘guerra cultural’, para supuestamente recuperar la relevancia social y la credibilidad perdidas"

Nos temíamos lo peor: que la cúpula de la CEE la copase el sector conservador (léase Argüello y Sanz). Hasta se lo debía temer el cardenal Omella, anterior presidente, para clamar en el discurso de apertura de la Plenaria por la comunión entre los obispos y con el Papa. Ya lo anunciábamos nosotros también, hace unos días, en forma de pregunta:  ¿Elecciones episcopales: ¿Con el Papa o contra el Papa (sin decirlo)?’

Al final, los obispos han querido salvar los muebles mediáticos y la relación con Roma, compensando con la elección del cardenal Cobo (el señalado por el Papa) a la vicepresidencia, la designación de Argüello como presidente. Una compensación de cara a la galería y para disimular la decisión de fondo.

Hay que recordar que la vicepresidencia en la CEE es un puesto más bien decorativo. Sus funciones son escasas, dado que el episcopado es una institución absolutamente presidencialista.

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Cobo y Argüello
Cobo y Argüello

Los obispos tapan su antifrancisquismo con la elección vicepresidencial de Cobo. Porque la verdad es que el presidente Argüello hace gala de un antifrancisquismo matizado, astuto, perspicaz y pasado por el molde de la prudencia de la mente (¿y del corazón?).

De todas formas, la victoria de Argüello (un conservador disfrazado de moderado, a veces) por abrumadora mayoría (48 votos) y en primera votación retrata al episcopado que tenemos, uno de los más conservadores del mundo y, en contra de lo que sostenía el célebre cardenal Tarancón, un episcopado con ninguna tortícolis de mirar a Roma.

Porque los mensajes que llegaban de Roma desde hace meses apuntaban en dirección a Cobo, como el predilecto del Papa para dirigir la CEE. Pues bofetada al Papa en la cara de Cobo. Y eso que hace sólo unos días, Roma desautorizaba públicamente a Argüello, negándose a `bendecir’ la beatificación de Isabel la Católica, que él promueve con ahínco, junto al sector católico español más rigorista.

Con el nuevo presidente volveremos al discurso socio-político frentista, conservador y de ‘guerra cultural’, para supuestamente recuperar la relevancia social y la credibilidad perdidas.

Pero ni por ésas. Argüello ganó por goleada. Y los obispos confirman al Papa, con su elección, que la Iglesia española se sigue mirando al ombligo y sigue teniendo una jerarquía absolutamente autorreferencial. ¿Y todavía se atreven a desear que Francisco venga a España?

Cobo
Cobo

¿Tras la elección de Argüello, qué dirán las víctimas de abusos del clero, que, ayer, despedían a Omella, pidiéndole que la Iglesia deje de minimizar los casos y ejecute ya la debida reparación integral? Y si eso pensaban de Omella, ¿qué no pensarán de Argüello, el obispo que, siendo secretario de la CEE, minimizaba tanto la plaga de los abusos, que hablaba de “unos cuantos casos”? Y eso que, hoy, antes de comparecer ante los medios, se acercó, junto a Cobo, a saludarlas.

Está claro también que Argüello seguirá apoyando a fondo a una cadena Cope, donde Carlos Herrera ejerce a diario de gran predicador de la polarización, de la derecha y de los principios que atentan contra la Doctrina Social de la Iglesia y contra casi todo lo que piensa y dice el Papa Francisco.

En definitiva, la elección de Cobo ha sido un premio de consolación. Entre otras cosas, para que la nueva cúpula episcopal pueda presentarse ante el Papa, sin que se le caiga la cara de vergüenza. Aunque el Papa ya les tiene más que calados.

Aparcan a Cobo en la vicepresidencia, para que no se les vea demasiado el plumero y los medios no podamos titular con un radical: ‘Cúpula rigorista en la CEE en contra del Papa’. Porque, salvo ese puesto honorífico, casi todo lo demás lo copa el sector conservador: presidencia, secretaría general y, sobre todo, comisión ejecutiva, el auténtico consejo de ministros de la Iglesia.

En la comisión Ejecutiva estarán Argüello, Cobo, García Magán, el secretario general, por los cargos que ocupan. Y los elegidos para esa comisión: Ginés García, el obispo de Getafe, que, tapado por sus curas rigoristas, no pudo brillar todo lo que de él se esperaba; Jesús Sanz, el arzobispo de Oviedo, que hace gala pública de un atifrancisquismo visceral, radical, nada franciscano y de una oposición al Papa en fondo y forma, como se le supone a un buen alumno del semillero y del clan de Toledo; el arzobispo de Burgos, Mario Iceta, del partido conservador tirando a moderado; el arzobispo de Valencia, Enrique Benavent; el de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses; y el de Granada, José María Gil Tamayo, que no sirven para compensar por el lado renovador.

Y eso que la nueva andadura de la cúpula episcopal comenzó con buen pié, escenificando en la primera rueda de prensa la dupla que, supuestamente, va a mandar en la CEE. La verdad es que el que realmente manda en la conferencia es el presidente y, por delegación, el secretario general. ¿Simple escenificación de cara a la galería o trabajo en tándem real? El tiempo lo dirá muy pronto.

Cobo y Argüello
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