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CONVIVIUM: los curas de Madrid toman la palabra

‘El milagro Cobo’: cuando un cardenal y su presbiterio se reconocen y abrazan

Las lecciones que deja Convivium

Convivium fue la respuesta del clero madrileño que desmonta bulos y confirma a su pastor

El cardenal Cobo, en la inauguración | Archimadrid

Hay momentos en la vida de una diócesis que marcan un antes y un después, y Convivium ha sido uno de ellos para la archidiócesis de Madrid. No por una gran declaración doctrinal ni por un gesto espectacular, sino por algo tanto o más elocuente: la presencia, el cuerpo a cuerpo, el “estar” de más de 1.200 sacerdotes junto a su arzobispo.

Ver a la inmensa mayoría del presbiterio madrileño reunido con el cardenal Cobo es, en sí mismo, un mensaje rotundo: el clero está con su pastor. Y ese respaldo masivo, tranquilo y alegre es lo que muchos ya llaman, no sin razón, “el milagro del cardenal Cobo”. Entre otras cosas, porque nadie antes lo había conseguido. Ni siquiera Rouco en su etapa de máximo esplendor, cuando los curas le respondían más por miedo que por respeto.

Un momento de la inauguración de CONVIVIUM | Archimadrid

Durante meses –en realidad, desde antes de su nombramiento– ciertos sectores ultracatólicos han alimentado la narrativa de un Cobo aislado, cuestionado, sospechoso para su propio clero. Se llegó a afirmar, incluso, que su nombramiento arzobispal habría sido ilegítimo, porque el Papa Francisco se habría ‘saltado’ la terna propuesta por el entonces nuncio, Bernardito Auza.

Esa cadena de bulos y medias verdades ha sido el caldo de cultivo de un relato tan repetido como poco contrastado: el de un Madrid eclesial dividido, fracturado entre un cardenal y sus curas. Convivium ha demostrado, con la fuerza de los hechos, que ese relato no se sostiene. Más aún es un relato absolutamente falso e interesado.

La imagen de más de 1.200 sacerdotes, de todas las edades y sensibilidades, participando en la asamblea y en la Eucaristía, no es sólo un dato numérico. Es la escenificación pública de una comunión real, de una unidad en la pluralidad que no borra las diferencias, pero las integra y las trasciende.

Habrá curas más ‘de sacristía’ y otros más ‘de calle’, habrá quienes se sientan más identificados con un estilo litúrgico u otro, con una forma u otra de presencia social; pero todos, o casi todos, estaban allí, juntos, orgullosos de ser curas de Madrid, de servir a la archidiócesis y de reconocerse en su pastor. Eso, en tiempos de polarización interna y externa, no es poca cosa.

CONVIVIUM | Archimadrid

La fuerza de Convivium está precisamente en haber desmontado los bulos no a base de comunicados ni de desmentidos, sino con un gesto de normalidad eclesial: el presbiterio reunido con su obispo. Sin aspavientos, sin ánimo revanchista, sin necesidad de señalar a nadie.

Los sectores más reaccionarios, que llevan tiempo intentando presentar al cardenal Cobo como un cuerpo extraño, han quedado descolocados por una escena que no esperaban: la de un presbiterio que, lejos de fracturarse, se muestra fraterno, corresponsable y dispuesto a caminar sinodalmente.

Ahí está el ‘milagro’: no tanto en que Cobo convenza a los suyos con discursos brillantes, como en que ha ayudado a que se reconozcan unos a otros como hermanos en torno a la misma mesa.

Porque Convivium no ha sido sólo un acto de apoyo al cardenal; ha sido, sobre todo, un ejercicio de autoestima sacerdotal. Muchos curas han recuperado la ilusión de serlo, de sentirse parte de algo más grande que su parroquia o su obra concreta.

En un contexto en el que la soledad del sacerdote es un problema real y creciente, reunirse, escucharse, celebrar juntos, saberse acompañados y sostenidos ha supuesto un bálsamo. Un presbiterio que se sabe familia, que comparte preocupaciones y esperanzas, está en mejores condiciones para acompañar al pueblo de Dios y para resistir la tentación del cansancio cínico, de la acedia o de la crispación ideológica.

Los curas de Madrid, en la catedral de la Almudena | RD/Captura

En ese clima, la figura de Cobo emerge con un perfil muy concreto: pastor de un clero plural, decidido a tejer comunión donde otros intentan sembrar sospecha. Su apuesta por la sinodalidad –por procesos de escucha, discernimiento conjunto y corresponsabilidad– no es un adorno retórico, sino una línea de fondo que está cambiando la cultura clerical y eclesial madrileña.

Frente a quienes añoran modelos verticales y cerrados, la realidad que se abre paso es la de una Iglesia donde las decisiones no se toman en soledad, sino “con un oído en el Evangelio y otro en el pueblo” o, como repetía el añorado Francisco, una ‘Iglesia hospital de campaña’.

Convivium ha ofrecido, precisamente, esa imagen: un presbiterio que, desde sus parroquias y oficios, lucha contra la polarización y contra la utilización ideológica de la fe. Sacerdotes que no se prestan a convertirse en portaestandartes de ninguna trinchera cultural, sino que quieren ser puentes, acompañantes, médicos de campaña en medio de una sociedad herida.

Y un cardenal que los anima a ir por ahí: menos obsesionados con defender posiciones, más atentos a curar heridas, a salir a las periferias, a sostener a quien se queda al margen. Y, consecuentemente, eso descoloca a los que prefieren una Iglesia convertida en bastión de identidad política.

Cobo, con los curas en la preasamblea | Javier Ramírez

Que Cobo sale reforzado de Convivium es evidente. No sólo por la carta del Papa, la ovación o por la foto final o por las conclusiones; sobre todo, porque la asamblea ha consolidado un vínculo de confianza mutua entre pastor y presbiterio.

Un vínculo que no exige unanimidad ideológica –sería, además, imposible–, pero sí una lealtad compartida al Evangelio, a la diócesis y a la misión común. En tiempos en que la sospecha se convierte fácilmente en deporte eclesial, que el clero de Madrid haya optado por la confianza y la comunión es ya una señal de madurez y de futuro.

Y ese futuro no se juega sólo en Madrid. Desde Roma, el Papa León XIV está apuntalando el liderazgo de Cobo, que se va consolidando como su hombre de confianza en España, tanto en el presente como de cara a escenarios venideros, incluida la previsible asunción de la presidencia de la Conferencia Episcopal.

Que el arzobispo de Madrid sea un referente de una Iglesia en salida, sinodal y no polarizada no es indiferente para el conjunto del país. El ‘milagro Cobo’ no consiste en que todos piensen igual, sino en que, pensando distinto, sigan caminando juntos.

Cobo, en la misa del CONVIVIUM | RD/Captura

Tal vez ese sea el signo más evangélico de Convivium: un cardenal y su presbiterio que, en medio de las tensiones de la época, se reconocen mutuamente, se escuchan, rezan y celebran juntos, y se comprometen a seguir dejándose la piel por una Iglesia que, más que defenderse, quiere salir a acompañar y sanar. Ahí, donde muchos pronosticaban división y ruptura, ha brotado comunión. Y eso, en estos tiempos, se parece bastante a un milagro.

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