Entre ellos figura un grupo bastante numeroso de sacerdotes que jalean y dan cobertura a los odiadores Los haters (odiadores) católicos de la galaxia rigorista española

Los haters (odiadores)
Los haters (odiadores)

"Una conducta siempre inmisericorde y despiadada, pero que chirría todavía mucho más en los que presumen de ser católicos a machamartillo"

"Todos proceden de la misma galaxia rigorista, tanto eclesial como social. Sumamente ideologizados, incluso talibanizados, suelen dar la cara y aparecer a pecho descubierto, seguros como están de que sólo ellos tienen la razón, sólo ellos son los buenos y los elegidos"

"Y lo más llamativo es que, entre ellos figura un grupo bastante numeroso de sacerdotes que jalean y dan cobertura a los odiadores"

Desde los inicios de Internet, cuando empezamos con Religion Digital, hace ya más de veinte años (cuando la Red iba a manivela) siempre tuvimos algunas personas que, so capa del anonimato, convertían en vomitorios los comentarios a las noticias. Entonces, los llamábamos 'trolls'. Desde entonces, la especie ha ido en aumento y se ha radicalizado. Y los 'trolls' se han convertido en 'haters' u odiadores profesionales.

Una conducta siempre inmisericorde y despiadada, pero que chirría todavía mucho más en los que presumen de ser católicos a machamartillo. Pues haberlos haylos y son legión. Lo he podido comprobar en carne propia estas últimas semanas, sobre todo después de que dejásemos en evidencia el inapropiado actuar del ya ex rector del seminario de San Sebastián, Pablo Ormazabal, que había firmado un manifiesto en el que se tilda al Papa Francisco de 'hereje' y 'sacrílego'.

Desde ese día, en mi cuenta de Twitter he recibido cientos de mensajes. Porque estos odiadores, que se proclaman católicos, actúan en manada: tuitean y se retuitean y tratan de asfixiar a sus 'blancos' con sus comentarios que rezuman descalificaciones personales preñadas de odio y de cierta conmiseración.

Todos proceden de la misma galaxia rigorista, tanto eclesial como social. Sumamente ideologizados, incluso talibanizados, suelen dar la cara y aparecer a pecho descubierto, seguros como están de que sólo ellos tienen la razón, sólo ellos son los buenos y los elegidos, mientras sus dianas son todas malas, indignas y, por supuesto, pecadoras.

Para salvar nuestras almas pecadoras y condenadas ofrecen sus oraciones, que más que ruegos a Dios suenan a bofetadas sonoras en la cara de los marcados y señalados por el estigma del pecado. Como la parábola del fariseo: “Yo, que soy bueno, rezo por ti, que eres la encarnación de todo mal sin mezcla de bien alguno y, por lo tanto, te vas a condenar”.

Entre estos odiadores profesionales de las redes hay gente perteneciente a Vox, a asociaciones ultras como 'Alternativa Española' o 'Miles in bello', pero también hay personas sin adscripción alguna, pero que se autoproclaman “los auténticos católicos”, que arremeten incluso contra los “suyos”, cuando se desmarcan de sus decisiones o no cumplen con sus expectativas. De hecho, en esta riada de piedras lanzadas contra RD, algunas iban dirigidas incluso contra el propio obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, al que acusan de 'blando' y de 'pusilánime' y de ceder antes las informaciones de RD. Así se las gastan.

Y lo más llamativo es que, entre ellos figura un grupo bastante numeroso de sacerdotes que jalean y dan cobertura a los odiadores. Son un grupo de curas relativamente jóvenes, formateados en la 'sana doctrina' y siempre dispuestos a defender la fe y la ortodoxia caiga quien caiga. Se conocen entre ellos y forman una especie de comunidad de apoyo mutuo. Entre los más activos, figuran, por ejemplo, Pablo Pich, Javi Cervera, Patxi Bronchalo Luis Alfredo o Luis Fernando Pérez Bustamante.

Este último no es sacerdote, sino un laico casado, que, durante años, fue director de Infocatolica, y cuyo blog acogimos en RD, en 2009, cuando Alex Rosal y Federico Jiménez Losantos lo echaron de Religion en Libertad (REL) con cajas destempladas a las primeras de cambio, como puede leerse en este comunicado publicado entonces.

En cualquier caso, los 'haters' no van a frenar nuestra labor informativa, porque, por encima de su odio destilado, están nuestros principios de independencia, pluralidad y libertad, a los que cueste lo que cueste seguiremos siendo siempre fieles. Dirigir un medio con estas características implica una enorme responsabilidad, pero es también un gran privilegio, contra el que se seguirán estrellando los odiadores eclesiásticos.

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