Aprender a ser pan…
Contra la sugestión del deseo, Jesús es el Dios que, haciéndose hombre, hizo suya nuestra pobreza, nuestra fragilidad… Si quieres ser como Dios, aprende a ser pan… ¡como Jesús!
Es siempre la misma sugestión, el mismo engaño, y funciona desde siempre con la misma eficacia. El mentiroso dice: “No moriréis”, “se os abrirán los ojos y seréis como Dios en el conocimiento del bien y del mal”.
“No moriréis”, dice; pero la verdad es que «alrededor de 45 millones de niños menores de cinco años sufren emaciación, la forma más extrema de desnutrición, antesala de la muerte.» La verdad es que, «en 2024, el hambre aguda afectó a más de 295 millones de personas en 53 países».
“Se os abrirán los ojos y seréis como Dios en el conocimiento del bien y del mal": Lo peor tal vez de esta sugestión, de aquel engaño, no fue que se nos ocultase la muerte que íbamos a padecer, sino el habernos ocultado la muerte que íbamos a causar: muertos, por hambre, en un mundo que tiene pan para todos; muertos, víctimas de la guerra, en un mundo habitado por hijos de una misma familia; muertos, víctimas de las políticas migratorias, víctimas de las políticas económicas, víctimas de las políticas demográficas, víctimas que ni siquiera dejamos nacer…
Alrededor de 45 millones de niños menores de cinco años sufren emaciación, la forma más extrema de desnutrición, antesala de la muerte
Y aún se nos ocultó algo más atroz de lo que puedan serlo morir o matar, y es la crueldad con que lo íbamos a hacer, la indiferencia con que íbamos a mirar el sufrimiento de los inocentes, la justificación de su muerte, la banalización de su angustia: Gastamos en armas lo que sería más que suficiente para que nadie en el mundo padeciese hambre -el gasto militar mundial superó en 2024 los 2.7 billones de dólares-. Gastamos, en hacer impermeables para los pobres las fronteras, lo que sería más que suficiente para ofrecerles lo que, en justicia, se les debe -se han destinado alrededor de 81.000 millones de euros para la gestión de la migración, las fronteras exteriores y la seguridad interior, según datos de la Comisión Europea-. Arrojamos a la basura el pan que los hambrientos necesitan para vivir… Y lo olvidamos, lo olvidamos todo, para que no nos inquiete el remordimiento…
Gastamos, en hacer impermeables para los pobres las fronteras, lo que sería más que suficiente para ofrecerles lo que, en justicia, se les debe
Ése es el mundo del engañador… Si queremos decirlo así: ése es el mundo de la serpiente antigua… Pero mejor si decimos que ése es el mundo de nuestro propio deseo, que nos arrastra y nos seduce: “Todo esto te daré si, postrándote, me adoras”. Ése es el mundo al que Jesús de Nazaret se enfrenta en las arenas del desierto, en los caminos de su vida, en los brazos de su cruz... Jesús, un hambriento, un abandonado, un crucificado… el vencedor…
Contra la sugestión del deseo, Jesús es el Dios que, haciéndose hombre, hizo suya nuestra pobreza, nuestra fragilidad, hizo suyos nuestro sufrimiento y nuestra muerte…
Jesús es el hombre Dios, que de todo se despojó para que, en él, lo tuviéramos todo… Jesús, es el hombre amor, que por todos murió, para que en él todos viviéramos… Jesús es el hombre pan, bajado del cielo y puesto sobre la mesa de los pobres, para que todos tengan vida, para que todos tengan acceso a Dios, para que todos sean como Dios…
Si quieres ser como Dios, aprende a ser pan… ¡como Jesús!
