Hablemos de pan, y de crímenes contra la humanidad
Haz de nosotros, Señor, un pan sobre tu mesa…
"No es el mal tiempo lo que está teniendo consecuencias devastadoras para la vida de los pobres: es la corrupción de la política, es la crueldad de la indiferencia colectiva, es la traición de los medios de comunicación social"
Son noticias que me llegan en la mañana del lunes: “Dos inmigrantes, un niño y una mujer, murieron este domingo frente a la isla griega de Icaria, en el mar Egeo, tras chocar su lancha contra unas rocas, un siniestro que deja además tres desaparecidos y 50 rescatados”. “Un migrante ha sido rescatado y otros 50 se temen ahogados tras el hundimiento de una embarcación en el Mediterráneo... El hombre había estado en el mar durante 24 horas y declaró que creía que todos los demás ocupantes de la embarcación habían fallecido… La embarcación había partido de Túnez”.
Esto no es como si un Adamuz trágico se repitiera, por una fatalidad, ocho días después: esto es como si ese Adamuz, que desearíamos no haber vivido nunca, se programara para que la tragedia se repita cada semana, no importa tampoco si se repite más de una vez cada semana…
Ésa es la realidad: la muerte de los inmigrantes pobres es una muerte políticamente programada, sociológicamente aceptada, e interesadamente encubierta, ocultada, ignorada, como se ocultaría, a la vista de personas con sentido de la justicia, un campo de exterminio o una cámara de tortura…
Hoy pensaba hablar del pan, del humilde, sabroso y necesario pan de cada día; pensaba hablar del pan para acercarme al misterio de las bienaventuranzas.
Para saber quiénes son esos pobres, de los que es el reino de los cielos, se lo pregunto a Jesús, que hizo de su vida un pan sobre nuestra mesa; se lo pregunto al pan, se lo pregunto al que, siendo rico, sabroso y nutriente, nada se reserva para sí, y es todo para que otros vivan… “Cristo Jesús, con ser de condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios, al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos” …
De Cristo Jesús se dice con verdad: “Se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza”. Y la fe entiende que, a donde va Cristo Jesús, con él va el reino de Dios: “suyo es el reino de los cielos”.
A donde vaya alguien que se ha desapropiado de sí mismo, alguien que ya no vive para sí, a donde vaya una imagen viva de Cristo Jesús, la humanidad nueva de la que Cristo Jesús es la cabeza, adonde vaya la humanidad pan, con ella irá el reino de Dios…
Habrá que recordarlo para salvación de todos: Profana las bienaventuranzas quien las escucha en la iglesia, y las desprecia en los pobres que Dios ama… Profana la Eucaristía quien la recibe en la iglesia y la pisotea en los inmigrantes que Dios ama…
Niega a Dios quien no respeta la dignidad del hombre.
Serán humanidad verdadera, humanidad del reino de Dios, humanidad del domingo, aquellos hombres y mujeres que se acerquen a la Eucaristía para recibir el pan que es Cristo Jesús, para aprender a ser pan al modo de Cristo Jesús, para hacerse pan sobre la mesa de todos… para hacerse de los pobres…
Y cuando la humanidad del egoísmo se convierta en humanidad del domingo, entonces dejará de haber pobres empujados a desaparece y morir en las aguas de cualquier mar, en el abandono de cualquier calvario…
Los pobres necesitan encontrar una humanidad pan.
Y la otra humanidad, la que se obstina en ser dueña de todo lo que es capaz de acaparar, la que no repara en el lázaro echado en su portal, la que banquetea como si estuviera viva, necesita descubrir ella también, para su salvación, que la vida está en ser pan…
Haz de nosotros, Señor, un pan sobre tu mesa.
NOTA: No han pasado veinticuatro horas, y ya he de cambiar los datos ofrecidos sobre la tragedia de los pobres: “El mal tiempo está teniendo consecuencias devastadoras en las migraciones del Mediterráneo Central. El paso del ciclón Harry por el sur de Italia ha provocado una de las mayores tragedias humanitarias del inicio de 2026: al menos 50 personas han muerto y 380 migrantes permanecen desaparecidos tras el naufragio de varias embarcaciones en el Canal de Sicilia.”
Lo primero que necesitamos reconocer, es la verdad sobre lo que acontece; necesitamos llamar a las cosas por su nombre; no es el mal tiempo lo que está teniendo, desde hace décadas, consecuencias devastadoras para la vida de los pobres: es la corrupción de la política, es la crueldad de la indiferencia colectiva, es la traición de los medios de comunicación social.
Ante una tragedia como la de estos días -como la de tantos otros días- tendrían que dimitir todos los gobiernos de Europa, todos, y pedir perdón por ese crimen continuado contra la humanidad que es la política de fronteras, una política que, negando a los pobres el derecho a emigrar, los obliga a recorrer caminos que una y otra vez, miles de veces, llevan a la muerte…
Pero nadie dimitirá, nadie pedirá perdón, y lo que es mucho peor, nada cambiarán de esa política que es criminal, porque niega un derecho humano fundamental -cuyo ejercicio ninguna ley puede impedir sin iniquidad-, y porque empuja a los pobres a la muerte…