Es tiempo de amar…
Lo que ha pasado en Ceuta durante esta semana, poco o nada tiene que ver con el drama de la inmigración clandestina… Parece un movimiento provocado por intereses políticos; más que una historia de pobres en busca de pan
Lo que ha pasado en Ceuta durante esta semana, poco o nada tiene que ver con el drama -con la tragedia- de la inmigración clandestina.
Lo que se ha visto durante estos días, más que la evidencia de una necesidad padecida por los pobres, parece un movimiento provocado por intereses políticos; más que una historia de pobres en busca de pan, suena a enfrentamiento interesado entre poderosos -llámense partidos políticos, naciones, ideologías-.
En todo caso, esa humanidad en movimiento, decenas de miles de personas manipuladas y utilizadas, vuelven a ser, para el creyente, no ya materia de análisis político, ideológico o de partido, sino materia de compasión; esa multitud sólo puede ser destino de misericordia, como lo son para el creyente cristiano todos los esclavizados de nuestro mundo -los esclavos del alcohol, de las drogas, de la tecnología, del lujo, del poder...-.
Al creyente en Cristo, al discípulo de Jesús, para orientarse en un escenario que se presta a mil interpretaciones, le queda siempre la luz del evangelio, el amor del Hijo de Dios a los pobres, la pasión del Hijo del hombre por lo que él llamaba “la mies”, por los esclavos, por las ovejas sin pastor... por los utilizados, por los manipulados, por los vejados, por los hambrientos...
Al creyente en Cristo le queda siempre el mandato: "Dadles vosotros de comer"...
En el camino del ser humano, la diferencia entre los que se salvan y los que se pierden la establece la relación de cada uno de nosotros con el poder: el poder -ya sea económico, político, religioso, cultural, moral, legal...- siempre se opondrá a Cristo, siempre intentará matarlo y sellarlo en la sepultura…
El mundo del poder -o, si se quiere, el de la riqueza- siempre se opondrá al evangelio....
Y ese mundo, enemigo del evangelio y de los pobres, enemigo de Cristo y de Dios, está en los gobiernos y en los parlamentos, en la información y en las calles, en las parroquias y en los conventos... Ese mundo está en el corazón de las personas, y se ha domiciliado en nosotros de tal modo, que nos parece que es el único mundo razonable, el único posible, el único justo...
Y, desde ese mundo, a Jesús lo dejamos solo en su camino de loco que da su vida por los demás, solo en su forma de vida ofrecida como un pan, solo en su cruz...
Desde ese mundo, dejamos solo a Dios con su clemencia y su misericordia, con su justicia y su bondad...
Desde ese mundo, olvidamos el amor de Cristo, el amor de Dios manifestado en Cristo Jesús... olvidamos que, ser cristiano, no es otra cosa que hacer del amor de Dios una forma de vida.
Lo de esta semana en Ceuta es una instantánea del mundo en que vivimos... Ovejas sin pastor, o tal vez peor, ovejas pastoreadas por la muerte... -hubo decenas de muertos que no cuentan para nadie-.
Para el creyente, es siempre tiempo de dar la vida, de perderla, de regalarla... es siempre tiempo de amar…
Un abrazo de este hermano menor.
