4 feb 2022
"¡Y era el Señor quien llamaba! ¡Y fue al Señor a quien quemamos vivo! ¡Y fue al Señor a quien ahogamos en el mar!"
La máquina ignora a las personas, sus nombres, sus heridas, sus miedos, sus esperanzan, sus historias, y todo lo sepulta bajo artículos indeterminados y cifras de computadora: un muerto, un evacuado, una emigrante, doce emigrantes, tres hijos de una emigrante…
Quienes teníamos que responder con nuestro “aquí estoy”, callamos, fingimos no haber escuchado, o nos dijimos unos a otros que aquélla no era hora de llamar, que aquel no era lugar para llamar, que no era el modo de llamar a nuestra puerta