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La misoginia desacredita a la Iglesia, tan desfasada

El origen de la misoginia de la Iglesia no procede de Jesús, proviene de Pablo de Tarso al predicar un trato discriminatorio hacia las mujeres. Estas enseñanzas están desfasadas en las sociedades democráticas: ¿Cuándo veremos una iglesia igualitaria?

Misoginia

La palabra misoginia viene del griego antiguo misogynía, que significa literalmente "odio hacia la mujer". 

Significado actual: Hoy en día, según el Diccionario de la Lengua Española, se define de forma directa como la aversión a las mujeres, abarcando conductas de desprecio, rechazo y discriminación.

1. El origen de la misoginia de la Iglesia no procede de Jesús, que otorgó a la mujer una dignidad de la que carecía en la sociedad en la que vivió, defendiendo siempre un trato igualitario, tanto a los hombres como a las mujeres.

El origen cristiano de la misoginia proviene de Pablo de Tarso, iniciando el patriarcado al predicar un trato discriminatorio hacia las mujeres como muestran las siguientes citas:

Juzgad vosotros mismos: ¿es propio que la mujer ore a Dios con la cabeza descubierta? (1 Corintios 11:13)

Y si quieren aprender algo, que pregunten a sus propios maridos en casa; porque no es correcto que la mujer hable en la iglesia. (1 Corintios 14:35)

Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor. (Efesios 5:22)

Que la mujer aprenda calladamente, con toda obediencia. (1 Timoteo 2:11)

Yo no permito que la mujer enseñe ni que ejerza autoridad sobre el hombre, sino que permanezca callada. (1 Timoteo 2:12)

Pablo de Tarso

Esas enseñanzas misóginas de Pablo están desfasadas en las sociedades democráticas, donde las mujeres han conseguido con esfuerzo, constancia y voluntad altas cotas de igualdad con los hombres. Pero la Iglesia es ajena a esa igualdad proclamada en el primer artículo de los Derechos Humanos: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. La Iglesia continúa sin aceptar que las mujeres tienen los mismos derechos y la misma dignidad que los hombres, manteniendo la misoginia que es inhumana y anticristiana.

2. Las mujeres están marginadas de la clerecía, reservada solamente a los hombres. Ni siquiera el progresista papa Francisco, ni el actual papa León XIV han dado el paso de nombrar diaconisas a las mujeres, el grado inferior de la clerecía, ante el temor de que pretendan acceder al sacerdocio. 

3. La mujer tiene muy restringido hablar en la Iglesia, siguiendo a Pablo de Tarso. Solo pueden leer los textos bíblicos de la epístola, pero no el evangelio ni realizar la homilía. Esas son funciones de la jerarquía.

4.La iglesia no permite el divorcio, incluso en el caso de que la mujer sea maltratada por un marido machista, impropio del matrimonio cristiano. “Maridos, amen a sus esposas, y no sean ásperos con ellas”. (Colosenses 3:19)

 El matrimonio, en la Iglesia, es para siempre, aunque la convivencia sea motivo de un gran sufrimiento para los cónyuges, sobre todo para las mujeres y para los hijos, que están expuestos a un daño psicológico constante y duradero. La iglesia no es consciente de que el divorcio evita el desamor, el sufrimiento de los hijos y la posibilidad de encontrar una nueva pareja con la que el amor , que es la base del cristianismo, sea posible. Si Jesús dijo: “Misericordia quiero y no sacrificios “(Mt 9,13), la Iglesia, por el contrario, dice: “Quiero sacrificio y no misericordia”. Una Iglesia inmisericorde no es cristiana.  

En el año 2025 se produjeron en España 80.785 divorcios, lo que demuestra que humanamente el matrimonio no tiene por qué ser para siempre, cuando hay motivos para romper una relación sin amor.

5. La iglesia tampoco presenta una disposición para llevar a cabo el divorcio con la Tradición, a pesar del daño que la Iglesia hace al Evangelio al preferir estar vinculada a la Tradición, repleta de creencias incompatibles con el Evangelio, como es el caso de la misoginia.

6. El celibato impuesto por la iglesia a la clerecía, excepto a los diáconos, es también misógino, al no permitir que una mujer tenga relaciones sexuales con sacerdotes, obispos y papas (a pesar de que S. Pedro, el primer papa, estaba casado), considerando que el celibato es más virtuoso que el matrimonio como afirmó el Concilio de Trento ( 1545-1563), declarando la superioridad de la vida en celibato -nacida del amor exclusivo a Dios- como superior al estado del matrimonio. Esa superioridad se viene defendiendo en los posteriores documentos del Magisterio. Sin embargo, Jesús se inclinó más por el matrimonio al decir a sus discípulos: “Desde el comienzo de la creación, Dios los hizo varón y hembra. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y los dos se harán una sola carne “ (Mt. 10, 6-8 ). También Dios dijo :” Creced y multiplicaos” (Génesis 1:28) 

Celibato | Cortés
El celibato impuesto por la iglesia a la clerecía, excepto a los diáconos, es también misógino

 Asimismo, es muy significativo la santificación que hizo Jesús del matrimonio al acudir con su madre y los discípulos a celebrar unas bodas de Caná de Galilea, realizando su primer milagro al convertir el agua en vino. Gracias a ese milagro, sus discípulos creyeron en él. (S. Juan 2 ,1-11)

Además, el celibato obligatorio y no opcional, ha sido una de las causas de que muchos clérigos orientaran la sexualidad hacia seres vulnerables, convirtiéndose en pederastas; una epidemia que no se da en otras confesiones cristianas , en las que el celibato de la clerecía es opcional.

7. El aborto también está prohibido por la iglesia, incluso el terapéutico, cuando existe riesgo grave para la vida o la salud de la embarazada, o cuando se detectan anomalías fetales incompatibles con la vida o una enfermedad extremadamente grave e incurable confirmada por un comité clínico. En el primer caso, la Iglesia elige la vida del feto antes que la de la madre. En el segundo caso, se inclina por el sufrimiento de la madre y la del feto. Ser inmisericorde va contra Jesús que dejó bien claro lo que deseaba: “Misericordia quiero y no sacrificios “. ( Mt 9,13 )

Conclusión

Jesús concedió a las mujeres el mayor privilegio ofrecido a sus seguidores, al otorgarles que fueran las primeras en dar testimonio de su resurrección, convirtiéndolas en las primeras apóstoles. Se lo comunicaron a los apóstoles, que no las creyeron por considerarlas no creíbles. Ellos también fueron misóginos. 

No cabe la menor duda, por tanto, que la misoginia va en contra del mensaje de Jesúsy a favor de Pablo de Tarso. Por ese motivo, la Iglesia es más paulina que cristiana, hasta que decida eliminar la misoginia, lo que va a resultar muy difícil por el matrimonio indisoluble entre Iglesia y Tradición.

No pinta bien una Iglesia que se niega a ofrecer un trato igualitario a las mujeres, a pesar de que la igualdad es un derecho ya reconocido en las sociedades democráticas. Vendarse los ojos ante una realidad tan evidente dice muy poco de una Iglesia que debería promover la igualdad, uno de los valores más plausibles de nuestro tiempo. Ante tamaña ceguera, no hay otra alternativa que la de las mujeres católicas de todo el mundo presionen para desmontar el patriarcado y así sea tenida en cuenta su dignidad con el reconocimiento del derecho a la igualdad.

Esa presión la está realizando La Revuelta de Mujeres en la Iglesia, formada por mujeres católicas de España que ya han decidido concentrarse frente a las catedrales de distintas ciudades españolas para pedir “una reforma profunda” en la Iglesia que acabe con la “discriminación” y les dé “voz y voto” en las estructuras eclesiales. Denuncian que ” La antropología actual de la Iglesia católica es de raíz medieval y caduca, ya que mantiene la desigualdad y la sumisión, e impide la integración de las mujeres en todos los órganos de la Iglesia , ignorando la riqueza del magisterio de las mujeres”.

León XIV , ha destacado un perfil muy positivo de las mujeres que trabajan en el Vaticano. Son palabras muy alentadoras, pero los hechos demuestran que las mujeres están marginadas de la Iglesia. ¿Cuándo veremos una iglesia igualitaria entre hombres y mujeres?

A pesar de la misoginia en la Iglesia, León XIV , ha destacado un perfil muy positivo de las mujeres que trabajan en el Vaticano, declarando que su “riqueza debe ser reconocida y valorada cada vez más. Ellas aportan, además de una especial sensibilidad hacia las personas y las relaciones, también el conjunto de los talentos humanos, profesionales e intelectuales propios de la experiencia y del pensamiento femenino”. Del mismo modo, recordó a los presentes que la Asociación de Mujeres en el Vaticano “puede contribuir a hacer crecer en nuestros ambientes el estilo de colaboración, de escucha recíproca, de atención a las situaciones de dificultad al poner al servicio de la Santa Sede su creatividad, competencias y capacidad de discernimiento”.

León XIV y las mujeres de la Iglesia en puestos de poder

Son palabras muy alentadoras, pero los hechos demuestran que las mujeres están marginadas de la Iglesia, donde la desigualdad con los hombres es considerada un estatus irrompible, a pesar de los signos de los tiempos y del Evangelio. ¿Cuándo veremos una iglesia igualitaria entre hombres y mujeres? Las expectativas no son halagüeñas. 

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