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Que acabe ya la guerra

A muchos les cuesta meterse en su interior

La gente en general no gusta de meterse en su interioridad. Por eso no apetece la oración. Por eso también va perdiendo poco a poco la conciencia de pecado. Nosotros para dedicarnos a la oración no lo vamos a hacer de corrida, como con ganas de quitar un compromiso molesto. No. Vamos a entregarnos en cuerpo y alma a la oración.

A mí me ayuda mucho pensar, antes de introducirme en la oración, la brevedad de la vida. ¡Todas aquellas personas que conocí en mi juventud en el poder religioso o político, todas han pasado ya. La vida ha corrido mucho para ellos. Para nosotros está ahora corriendo. ¿De qué nos sirve la estima, la buena consideración de la gente? Lo que permanece, Dios, es lo único necesario.

Lo importante es dedicar una hora o más a la oración ex profeso. Estar con atención en presencia del Señor. El método es lo de menos. Lectura meditada, acompañamiento musical, escrita, repetir una frase, dejarse captar de Dios, oír salmos... Si la oración aumenta mi amor afectivo a Dios, debo practicarla cuesta lo que cueste. Si puedo más de una hora, mejor. Pero asegurar al menos una hora diaria. Y algunos ratillos de propina siempre pueden caer. ¡Acaba de entregarte ya "de vero"!

Hermosura de la oracion

Leía de un discurso de San Juan Crisóstomo que la oración es como una fuente en medio de un jardín en verano. Sin ella todo está seco. Con ella, todo es verde y flores hermosas. Así es la oración. ¿Cuántas veces nos hemos formulado, querido amigo, la práctica de la oración tan necesaria como el agua o el aire?

Claro, no lo experimentamos así; pero la fe nos lo dice. Es menester recibir muchas lluvias, muchos riegos para dar frutos de virtud. La acción será consecuencia. ¿No te fijas lo aburridos que suelen ser los sermones o las homilías? Sin embargo, cuando nos encontramos con un cura asiduo a la oración mental, todo cambia. Atrae la atención, disipa la monotonía. Así también ocurrirá entre nosotros: nuestra catequesis, predicación, actuación cristiana, va a tomar otro matiz del todo distinto, desde el momento de nuestra reconversión a la oración. Y, vamos a ser realistas en la humildad, ya va adquiriendo otro desde hace algunos años. ¿Verdad?

¿Cuándo se nos meterá hasta el fondo del alma que el tiempo mejor aprovechado es el dedicado a la oración, aunque sea en sequedad, en medio de una tormenta de distracciones? ¿No lo has experimentado alguna vez? Días en que la oración ha sido pura fatiga, ir luchando por hacerla, buena voluntad de amor, pero nada más, esos días Dios te suele premiar con un contacto más íntimo con El, de manera que tu palabra resulta más penetrante. Incluso has experimentado en alguno, después de tu intervención, serios deseos de cambiar a mejor.

La Providencia de Dios también en esta vida se manifiesta a veces en favor de una oración asidua. Y por supuesto, días de oración del todo desinteresada, de pura adoración o acción de gracias, resultan los más fervientes; palpamos en ellos la mano de Dios Padre.

Ver página web http://personales.jet.es/mistica

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