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La fe nos da fuerza a nuestra  debilidad

Enfermos y Debilidad

La fe nos da fuerza a nuestra debilidad

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A veces pienso en mi inteligencia. ¡Qué maravilla y a la vez qué débil! Cuando la duda corroe el alma, parece que la mente queda eclipsada y vienen ganas de… ¡qué se yo!, suprimir la propia razón. Sin embargo, la voluntad ayuda a serenar el espíritu. Tórnase con frecuencia la sabiduría, mística en discurso y raciocinio. También la inteligencia nos entregó el Señor para discernir. Que las rosas exhalan perfume y asienta en tierra sus raíces, y buscan en las profundidades su nutrición… ¡y el sol vivo de la primavera! Ahora, sí, me reconcilio y disfruto de mi inteligencia.

Hoy tú has de razonar de un modo sencillo: Mejor es la fe que la incredulidad. La oscuridad es la misma para el creyente y para el agnóstico, pero la luz a todos se ofrece. Muchos no se enfrentan a la realidad trascendente del futuro por comodidad, miedo o pereza. Otros por soberbia. Pretenden éstos clavar su entendimiento en las alturas y penetrar en los arcanos más allá de la nitidez de una célula vista a través del microscopio. Al no conseguirlo, desprecian la cuestión. Sé tú firme en la fe aunque no veas. No desees otro estado de cosas. No digas. “Si yo hubiera visto al Señor cuando curó al paralítico o cuando marchaba camino de Emaús…” Gracias, Dios mío, sostén mi débil inteligencia y mantén mi alma en la fe.

Muchos le vieron y no creyeron. No pretendas excepciones para ti.

Teresa del Niño Jesús sufrió sequedades e inmensa oscuridad en la fe durante una parte de su existencia en la Tierra. Y supo confiar. Hoy ciñe sus sienes la corona de gloria. La vida es más feliz para los creyentes que viven en consecuencia. Pregunta, si lo dudas, a quienes doblamos el meridiano de la vida.

Y aléjate de lecturas que siembran inquietudes y sospechas en materia de fe. Muchos, cuanto más se esfuerzan en iluminar lo indescifrable, nos sumergen a fondo en la oscuridad. ¡Que estamos en terreno de arenas movedizas!

Hemos visto caer cedros del Líbano, por pretender escudriñar los misterios en ansia de entender los arcanos de Dios. Dile tú al Señor: “Creo aunque no entienda, y vivo en la esperanza. Tú, Dios mío, eres mi único deseo. Elijo esta economía de salvación que Tú nos brindas. Bien sé de quién me he fiado. Y no permitas que jamás me aparte de Ti”. Y te pido, Señor, des fuerza a mi mente para que nunca te abandone

José María Lorenzo Amelibia

Si quieres escribirme hazlo a: josemarilorenzo092@gmail.com

Mi blog: https://www.religiondigital.org/secularizados-_mistica_y_obispos/

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