"Declara la guerra al hambre …con las armas del Evangelio"

El lema de este año de Manos Unidas, “Declara la guerra al hambre”, me gusta, me vence y convence. Es una llamada a denunciar las estructuras injustas que provocan la pobreza y marginación: ningún gesto es demasiado insignificante

Guerra al hambre
Guerra al hambre | 5

Durante un tiempo viajé bastantes años a África, concretamente a Mozambique. En esos viajes vi pobreza, miseria, hambre, enfermedad. El drama humano se manifestaba en niños y mujeres relegados a un segundo plano, y con rostros castigados por el hambre, la necesidad y el abandono. Cuando regresaba de viaje a la vieja España, soñaba y rezaba al buen Dios para que al año siguiente la pobreza y el hambre se hubiesen superado. Pero no era así, veía rostros idénticos a los de años anteriores que golpeaban mi conciencia. ¿Por qué? ¿Qué podemos hacer?

Ya nos lo avisaba recientemente León XIV: “No debemos bajar la guardia respecto a la pobreza. Nos preocupan particularmente las graves condiciones en las que se encuentran muchísimas personas a causa de la falta de comida y de agua. Cada día mueren varios miles de personas por causas vinculadas a la malnutrición” (DT, 12). Existe el peligro de que normalicemos el hambre y, a consecuencia de ello, la muerte en el mundo. Estoy convencido de que el hambre no es un fenómeno inevitable ni un castigo del destino. Es consecuencia -en gran medida- de desigualdades estructurales, guerras, explotación irresponsable de los recursos, indiferencia global y modelos económicos que ponen en riesgo la vida de los más vulnerables. En un mundo capaz de alimentar a toda la población, el hambre constituye un escándalo que interpela no solo a los gobiernos y a las instituciones sino también a cada uno de nosotros como discípulos de Cristo.

Comapartir el pan
Comapartir el pan
O trabajamos el tema del hambre, casi como una guerra, o este mundo se nos va de las manos

El lema de este año de Manos Unidas, “Declara la guerra al hambre”, me gusta, me vence y convence. O trabajamos el tema del hambre, casi como una guerra, o este mundo se nos va de las manos. Desgraciadamente mueren más personas de hambre que de la guerra, y esto tendría que golpear nuestras conciencias y revisar nuestros actos. Aunque este lema parece que anima a la guerra o a la violencia, nada más lejos de la realidad. Es más bien una llamada profética que no busca incitar conflicto, sino despertar conciencias; es una invitación a librar una batalla espiritual, moral y social contra una injusticia que hiere profundamente el corazón de Dios. Es una llamada a denunciar las estructuras injustas que provocan la pobreza y marginación. Así nos decía León XIV en “Dilexi Te”: “Es necesario remover las causas sociales y estructurales de la pobreza” (10). Los intereses creados de países ricos están generando unas estructuras que enriquecen a unos pocos y empobrecen a muchos.

Nuestras armas no son la violencia, sino la solidaridad, la justicia, la educación, la denuncia y la fraternidad. Son las armas del Evangelio, capaces de transformar corazones y estructuras

La expresión “declarar la guerra al hambre” podría sonar dura, pero Manos Unidas la ilumina con una verdad esencial. Utilizamos el mismo lenguaje, pero los medios para conseguir la justicia social son otros: nuestras armas no son la violencia, sino la solidaridad, la justicia, la educación, la denuncia y la fraternidad. Son las armas del Evangelio, capaces de transformar corazones y estructuras. Son las armas de Jesús, que quiso experimentar en propia carne el hambre y la necesidad, y por eso se encarna en el que tiene hambre: “Tuve hambre y me disteis de comer” (Mt. 25, 35). Jesús se hace pobre con los pobres, hambriento con los hambrientos. Por eso, el papa León XIV nos recuerda: “En el rostro herido de los pobres encontramos impreso el sufrimiento de los inocentes y, por tanto, el mismo sufrimiento de Cristo” (DT, 9).

Informe
Informe

Nuestra reflexión quiere ser una llamada a nuestra conciencia, pero en muchas ocasiones nuestras palabras no convencen porque suenan a convencionalismos, a lo de siempre. En cambio, los datos que me han llegado nos dejan en silencio. Unos datos que estremecerán nuestra conciencia. Según el informe más reciente «State of Food Security and Nutrition in the World (SOFI) 2025», en 2024 entre 638 y 720 millones de personas (es decir, entre el 7,8 % y el 8,8 % de la población mundial) vivieron con hambre. Además, cerca de 2.300 millones de personas -casi una de cada cuatro personas en el mundo- sufrió inseguridad alimentaria moderada o grave en 2024. En algunas regiones, la situación es especialmente dramática: en África la proporción de personas subalimentadas supera el 20 % de la población. A pesar de que en 2024 la cifra global de hambre retrocedió (8,2 % frente al 8,5 % en 2023), esta mejora se concentra en ciertas regiones, mientras que en otras (como buena parte de África y el oeste de Asia) el hambre sigue creciendo o manteniéndose.

Manos Unidas quiere “declarar la guerra” al hambre en el mundo. El objetivo no es solo recaudar fondos, aunque estos son imprescindibles. Es ir más allá. Quiere hacer una llamada a la concienciación social, denunciar las estructuras de pecado e injusticia que provocan el hambre en el mundo. Luchar contra las causas que provocan la pobreza y el hambre. Estas situaciones nos desbordan y nos hacen pequeños. Pero ningún gesto es demasiado insignificante cuando está orientado a defender la vida. Quizá no podamos cambiar el mundo de un día para otro, pero sí podemos cambiar la vida de muchas personas, una a una, proyecto a proyecto, esfuerzo a esfuerzo. Y salvar una vida del hambre es salvar al mismo Cristo que se encarna en esa vida.

Guerra la hambre
Guerra la hambre

 

Las noticias de Religión Digital, todas las mañanas en tu email.
APÚNTATE AL BOLETÍN GRATUITO

También te puede interesar

Lo último

stats