"Este domingo, nuestra Iglesia de Pamplona y Tudela se viste de fiesta: Seis jóvenes le dicen SÍ a Dios"
"Manuel Torralba, Ion Díaz y David Gutiérrez, de nuestro seminario conciliar, serán ordenados sacerdotes. Por otro lado, Andoni Gastaminza, Miguel Arrieta, del seminario conciliar, y Borja Vaíllo, monje de Leyre, serán ordenados diáconos"
El domingo 28 de junio nuestra Iglesia de Pamplona y Tudela se viste de fiesta.
Manuel Torralba, Ion Díaz y David Gutiérrez, de nuestro seminario conciliar, serán ordenados sacerdotes. Por otro lado, Andoni Gastaminza, Miguel Arrieta, del seminario conciliar, y Borja Vaíllo, monje de Leyre, serán ordenados diáconos. Seis jóvenes que le dicen SÍ a Dios, que no tienen miedo al compromiso, que no tienen dudas de que ese es su camino.
Vivimos en una sociedad que con frecuencia mide el valor de las personas por el éxito alcanzado, por el reconocimiento social, por el prestigio, por la capacidad económica o por el bienestar personal, como nos decía León XIV en Dilexi Te (11). Son muchos los mensajes que invitan a buscar únicamente el propio interés, a construir la vida desde la autosuficiencia y a considerar el sacrificio y la entrega como algo propio de otros tiempos. Por eso, la decisión de estos jóvenes tiene mucho más valor: van contracorriente y se les ve felices. Priorizan la entrega, la solidaridad, el evangelio, y se les ve pletóricos, llenos. No necesitan otros sucedáneos que les engañen y les alejen de Dios y de las personas. ¡Solo Dios basta!
El «SÍ» de estos jóvenes posee una extraordinaria fuerza profética. En un mundo que con frecuencia pone el acento en el tener, vosotros habéis elegido el ser. En una cultura que exalta el triunfo personal, habéis escogido el servicio. En una sociedad que invita a buscar seguridades inmediatas, habéis decidido confiar vuestra vida a Dios. En una época en la que tantos temen comprometerse para siempre, vosotros habéis pronunciado una palabra cargada de esperanza: aquí estoy.
Estos jóvenes que dicen “SÍ” a Dios, son jóvenes normales, que viven en nuestro mundo. Con inquietudes juveniles como cualquier joven, aunque inquietudes diferentes a las de otros jóvenes, Pero ¡cuidado!, no son jóvenes que renuncian a vivir, son jóvenes que han descubierto una manera más profunda y plena de vivir. Han entregado su vida no porque valga poco, sino precisamente porque vale mucho, porque puede ayudar a mucha gente, sin pensar en ellos mismos. Ellos han encontrado un gran tesoro, a Dios, que llena su vida. Les ha pedido que le sigan. Es un tesoro tan grande que han dejado todo: trabajo, un brillante futuro profesional, buena posición económica, relación afectiva… Todo por Dios y para servir a los hermanos.
Estos jóvenes que recibirán el orden del presbiterado y diaconado han hecho suyas las palabras del papa León XIVa los jóvenes en la Vigilia en Madrid, el pasado 6 de junio, «No tengáis miedo de las decisiones grandes, porque Dios nunca quita, sino que multiplica». Manu, Ion, David, Andoni, Miguel y Borja son jóvenes valientes, que no tienen miedo, que se fían de Dios y que esperan, como dijo León XIV, que Dios multiplique su decisión con abundantes bendiciones.
En un tiempo de secularización, de frialdad ante el hecho religioso, estas ordenaciones son una bendición para nuestra diócesis. Serán enviados a parroquias, a delegaciones, serán pastores que caminarán con su pueblo. Pastores con olor a oveja, ese es mi deseo. Pastores que iluminen vuestro camino, pastores que os ayuden a llevar el peso de los problemas, pastores que enjuguen las lágrimas de la gente, pastores que ayuden a llevar la cruz de los pobres y descartados de nuestra sociedad.
Estas ordenaciones son también una llamada para toda nuestra diócesis de Pamplona y Tudela. Necesitamos seguir creando ambientes donde pueda escucharse la voz de Dios, donde no se silencie y puedan escucharla los jóvenes. Necesitamos comunidades cristianas vivas, familias creyentes que se alegren al entregar un hijo a Dios. Necesitamos parroquias que se atrevan a proponer la vocación a los jóvenes. Necesitamos rezar con insistencia por las vocaciones y acompañar con cariño a quienes sienten la inquietud de una posible llamada.
El “SÍ” de estos jóvenes es especial. Un “SÍ” pronunciado con humildad. Un “SÍ” lleno de confianza. Un “SÍ” sin mirar atrás, siempre adelante. Un “SÍ” en voz alta y segura. Un “SÍ” que no nace de las propias fuerzas, sino de la confianza en que Dios no nos deja nunca de su mano. Un “SÍ” que a estos jóvenes los hace especiales: están tocados y llamados por Dios.