Lesbos, el gran espejo de nuestra indiferencia y mediocridad Francisco es la voz que clama en el frío cementerio sin lápidas del Mediterráneo

Francisco es la voz que clama en el frío cementerio sin lápidas del Mediterráneo
Francisco es la voz que clama en el frío cementerio sin lápidas del Mediterráneo

Es este el tiempo de la compasión y la misericordia, de la hospitalidad. Hoy ser cristiano significa reconocer el ellos que están desnudos, que tienen hambre, que piden un techo, al mismo Jesús que es a la puerta y llama

Sólo puede mantener la mirada de las víctimas inocentes que viven y mueren sufriendo, quien es libre y a quien su conciencia no le acusa de cómplice y sangrienta irresponsabilidad. Francisco caminó hacia ellos con la dignidad de quien no tiene nada que perder porque ya lo entregó todo por los preferidos del Evangelio: Los más empobrecidos y olvidados

Imágenes conmovedoras de un Papa que sale al encuentro de sus hermanos que sufren en campos de refugiados en Lesbos y que son víctimas del olvido, los negocios y la indiferencia de gobiernos y personas e intereses ideológicos, que miran para otro lado porque en su cobardía son incapaces de sostener la mirada a los inocentes y a los más débiles, -a los que como Herodes- temen y quieren matar.

Francisco salió al encuentro de los refugiados de Lesbos y se acercó, en esta mañana, a cada uno de ellos para ver sus rostros y para mirarle a los ojos, y lo hizo porque sólo puede mantener la mirada de las víctimas inocentes que viven y mueren sufriendo, quien es libre y a quien su conciencia no le acusa de cómplice y sangrienta irresponsabilidad. Francisco caminó hacia ellos con la dignidad de quien no tiene nada que perder porque ya lo entregó todo por los preferidos del Evangelio: Los más empobrecidos y olvidados.

Francisco acaricia a un niño en Lesbos
Francisco acaricia a un niño en Lesbos

Francisco nos dijo esta mañana que fue al encuentro de los Refugiados, sus hermanos, para mirarles a los ojos y decirles que está cerca de cada uno de ellos y que no les olvida. Y en sus ojos, surcados de lágrimas amargas de dolor, que han visto la violencia y la pobreza, la crueldad, pudo ver miradas cargadas de miedos y esperanzas.

Una vez más, como lo hiciera en Lampedusa, acercándose a los niños y a sus padres, “tocando las llagas del dolor que les atenaza y a la vez les empuja a no desesperar”, Francisco, citando al Patriarca Bartolomé, desnudó la negra conciencia de nuestras opulentas sociedades y sus gobernantes, que deberían avergonzarse del genocidio que están perpetrando y dejó en evidencia su ceguera y su mediocre cobardía:

«El que les tiene miedo no los ha mirado a los ojos. El que les tiene miedo no ha visto sus rostros. El que  les tiene miedo no ve a sus hijos. Olvida que la dignidad y la libertad trascienden el miedo y la división.  Olvida que la migración no es un problema del Oriente Medio y del África septentrional, de Europa y de  Grecia. Es un problema del mundo»

Estamos todos en la misma barca, reconozcamos que tenemos los mismos miedos y que es el momento de buscar juntos soluciones a los grandes y graves problemas que azotan a la humanidad: No podemos seguir dando soluciones fragmentadas porque son ineficaces e inadecuadas.

Está en juego la vida de muchas PERSONAS. No podemos seguir ignorando a los más débiles y menos instrumentalizándolos, como lo hacen aquellos que manipulan a la opinión pública fomentando el miedo al otro, al diferente, al extranjero, al desconocido -aunque sea un niño indefenso-.

Solo avanzaremos al puerto de la paz y la justicia si ponemos nombre a nuestra actitudes: ¿por qué no hablamos de la explotación de los más pobres y de las guerras olvidadas y “generosamente financiadas” por los países poderosos, o de los acuerdos económicos -manchados con sangre- que se hacen a costa de las personas, o de la fabricación y venta de armamento.

Basta de echarnos culpas y de mirar para otro lado. Es la hora y el momento de asumir responsabilidades y de mirarnos a los ojos, de mirar el rostro de los niños. Seguramente no les miramos porque nos avergonzaríamos de nuestra tibia mediocridad. Ellos interpelan nuestras conciencias y nos preguntan “¿Qué mundo nos queréis dar?”

Aylan
Aylan

Qué rápido nos olvidamos de la imagen del pequeño Aylan Kurdi que nos permitió por un momento ver como en un espejo la crueldad de nuestra pasiva indiferencia.

Hoy Francisco nos ha avisado y nos a exhortado a actuar, diciéndonos que dejemos que el “Mare Nostrum se convierta en un desolador mare mortuum”, y nos ha suplicado que “detengamos este naufragio de civilización”.

El Papa saluda al representante de los refugiados
El Papa saluda al representante de los refugiados

Es este el tiempo de la compasión y la misericordia, de la hospitalidad. Hoy ser cristiano significa reconocer el ellos que están desnudos, que tienen hambre, que piden un techo, al mismo Jesús que es a la puerta y llama.

Que el paso de Francisco, el Papa de la autenticidad y del Evangelio, por Lesbos, nos ayude a tener una mirada materna, que ve en los más débiles a unos hermanos y hermanas que merecen ser acogidos, protegidos e integrados. Que merecen nuestra ternura y nuestro amor.

No antepongamos nada ante las personas que sufren: Salgamos con pasos ágiles a su encuentro.

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