Última hora
Los Reyes, con el Papa

¿Flotas o flotillas?

"Comprometerse de verdad no es solo zarpar. Es mantenerse en ruta cuando el mar se vuelve adverso. Es sostener la causa cuando deja de ser tendencia. Es seguir cuando ya no hay aplausos, cuando incluso hay desgaste, incomprensión o silencio"

Sor Lucía Caram, en Odesa
Sor Lucía Caram, en Odesa | Sor Lucía Caram

Vivimos tiempos de palabras grandes. Declaraciones rotundas, causas que incendian las redes, discursos que parecen capaces de cambiar el mundo en una tarde. Y, sin embargo, cuando baja el ruido, queda una pregunta incómoda: ¿qué sostiene realmente todo eso?

A veces confundimos el impulso con el compromiso. Nos sumamos a lo que conmueve, a lo que indigna, a lo que ocupa titulares. Navegamos en flotillas: iniciativas rápidas, visibles, intensas… pero frágiles. Proyectos que nacen con fuerza, pero que no siempre están preparados para atravesar la tormenta, para resistir cuando desaparecen los focos o cuando el coste empieza a ser real.

Porque comprometerse de verdad no es solo zarpar. Es mantenerse en ruta cuando el mar se vuelve adverso. Es sostener la causa cuando deja de ser tendencia. Es seguir cuando ya no hay aplausos, cuando incluso hay desgaste, incomprensión o silencio.

Tal vez también nos ha pasado: nos alistamos con fuerza en una causa, la hicimos bandera, dijimos que nos iba la vida en ella… y, sin darnos cuenta, nos fuimos desplazando hacia otra que ocupaba los titulares. Mientras tanto, aquellos por quienes empezamos siguen ahí, sufriendo, esperando. Y nosotros, como una veleta, cambiamos de dirección, olvidando lo que un día afirmamos con tanta convicción.

Tal vez por eso conviene preguntarse si nuestra vida está organizada como una flotilla —movida por impulsos, por oleadas, por momentos— o como una flota: con dirección, con consistencia, con todos los recursos alineados hacia un mismo propósito. No se trata de cantidad, sino de coherencia. De si somos capaces de movilizar “toda la artillería”, todas nuestras capacidades —tiempo, energía, influencia, recursos— para sostener aquello que decimos defender.

La solidaridad profunda no se mide en gestos puntuales, sino en la capacidad de permanecer. De no retirarse a mitad de camino. De no convertir el dolor ajeno en un escenario pasajero. De no utilizar las causas como escaparate ni como moneda

Hay causas que se abandonan no porque se hayan resuelto, sino porque han dejado de interesar. Personas que siguen sufriendo mientras nosotros ya hemos cambiado de foco. Realidades que permanecen intactas mientras nuestras prioridades se desplazan al ritmo de lo que conviene, de lo que suma, de lo que no incomoda demasiado.

Y ahí es donde se mide la verdad de nuestro compromiso.

Porque la solidaridad profunda no se mide en gestos puntuales, sino en la capacidad de permanecer. De no retirarse a mitad de camino. De no convertir el dolor ajeno en un escenario pasajero. De no utilizar las causas como escaparate ni como moneda.

Quizá la cuestión no sea elegir entre flotas o flotillas, sino decidir de qué está hecha nuestra forma de estar en el mundo. Si de impulsos que pasan… o de convicciones que permanecen.

Porque al final, lo que cambia vidas no es quien aparece primero, sino quien se queda hasta el final.

Las noticias de Religión Digital, todas las mañanas en tu email.
APÚNTATE AL BOLETÍN GRATUITO

También te puede interesar

Lo último

stats