Bajo el soplo del Espíritu: León XIV, continuidad, gratitud y esperanza

Construyendo Iglesia

El año que hemos dejado atrás quedará marcado en la memoria de la Iglesia por una ausencia que duele. La partida de papa Francisco… En ese clima de duelo agradecido hemos recibido un regalo inesperado: el inicio del pontificado del papa León

Francisco y León XIV
Francisco y León XIV

El año que hemos dejado atrás quedará marcado en la memoria de la Iglesia por una ausencia que duele. La partida de papa Francisco ha dejado un vacío real, humano, profundo. Un vacío que no se llena con palabras ni con nostalgias, sino con fidelidad al camino que él abrió y recorrió hasta el final.

Francisco lo dio todo. Absolutamente todo. Hasta su último respiro. Lo vimos en su último día en la plaza, frágil y lúcido a la vez, cercano como siempre, regalando presencia más que discursos. Nos enseñó, una vez más, que el pastor no se guarda la vida, la entrega. Que el Evangelio se anuncia con gestos. Que somos hermanos de todos. Que la Iglesia no se protege, sale. Que la esperanza no es ingenuidad, sino valentía.

Francisco
Francisco
Nos enseñó que el pastor no se guarda la vida, la entrega. Que el Evangelio se anuncia con gestos. Que somos hermanos de todos. Que la Iglesia no se protege, sale. Que la esperanza no es ingenuidad, sino valentía

Su marcha nos dejó huérfanos, sí. Pero no desorientados. Porque Francisco nos recordó algo esencial: la Iglesia no es de nadie, es de Jesús. Y no se sostiene por estrategias humanas, sino por el Espíritu que la guía, la purifica y la empuja siempre más allá de sus miedos.

En ese clima de duelo agradecido hemos recibido un regalo inesperado: el inicio del pontificado del papa León. No como ruptura, sino como continuidad viva. No como repetición, sino como fidelidad creativa. Un Papa humano, que escucha más de lo que proclama, que no se refugia en palabras vacías y que parece decidido a mostrar, con hechos concretos, la orientación de su servicio.

La credibilidad de un pontificado no se mide por los gestos grandilocuentes, sino por la coherencia entre el Evangelio que se anuncia y la vida que se vive. Todo apunta a que ese será el lenguaje del Papa León: sobrio, encarnado, evangélico.

Vaticanistas y personas cercanas a la vida de la Iglesia han subrayado estos días una misma intuición: no estamos ante un cambio de rumbo, sino ante la confirmación de un camino. Un camino que pone a los pobres en el centro, que apuesta por el diálogo, que cree en una Iglesia sin aduanas, que prefiere sanar heridas antes que imponer cargas.

Francisco y Prevost
Francisco y Prevost
La credibilidad de un pontificado no se mide por los gestos grandilocuentes, sino por la coherencia entre el Evangelio que se anuncia y la vida que se vive. Todo apunta a que ese será el lenguaje del Papa León: sobrio, encarnado, evangélico

Damos gracias por la vida y el testimonio de Francisco, por su coraje, por su ternura, por habernos devuelto la alegría del Evangelio. Y damos gracias por la vida del papa León, por su disponibilidad, por su escucha, por su sí generoso.

Hoy no toca comparar ni idealizar. Toca acompañar. Rezar. Sostener. Caminar juntos. Porque la Iglesia se construye en comunión, no desde la barrera. Y porque creemos —con serena confianza— que el mismo Espíritu que sostuvo a Francisco sigue actuando hoy.

León XIV
León XIV

Con el papa León XIV, queremos seguir construyendo la Iglesia.

Con humildad, con verdad y con esperanza.

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