Aniversario sacerdotal del padre Ángel: 65 años de rodillas ante Dios, un niño y un anciano
"Estoy feliz de mi vida como cura y, aunque he vivido momentos duros y dolorosos, cuando echo la vista atrás, sólo me cabe dar gracias a Dios y, como digo siempre, seguir arrodillándome ante Él, ante un niño y un anciano”
El padre Ángel García, fundador y presidente de Mensajeros de la Paz, celebra hoy (día de San José y del seminario) el hito excepcional de los 65 años de su ordenación sacerdotal. De aquel curso del seminario sólo quedan dos curas en activo, él y otro compañero, pero esa decisión de hace más de medio siglo marcó para siempre su vida y la de miles de personas. Desde entonces, su vida ha sido una continua ofrenda, para encontrar y servir a Dios en la carne de los pobres, de los niños, de los ancianos y de los descartados de la sociedad.
De la Cruz de los Ángeles a Mensajeros de la Paz
Recién ordenado, junto a su compañero Jesús Silva, el joven sacerdote asturiano puso en marcha la Cruz de los Ángeles, una pequeña obra nacida para atender a niños sin apoyo familiar.
Aquella intuición, humilde y casi artesanal, fue creciendo con los años hasta convertirse en Mensajeros de la Paz, una de las organizaciones sociales más importantes de España en la atención a menores, mayores, personas sin hogar y, en general, a los desheredados de la sociedad.
Residencias, hogares de acogida, comedores, parroquias abiertas 24 horas, como la de San Antón, y proyectos en numerosos países del mundo han ido ensanchando ese “sí” sacerdotal pronunciado en 1961.
“Estoy feliz de mi vida como cura”
Pensando en este aniversario, el padre Ángel resume su trayectoria con una mezcla de sencillez y gratitud: “Estoy feliz de mi vida como cura y, aunque he vivido momentos duros y dolorosos, cuando echo la vista atrás, sólo me cabe dar gracias a Dios y, como digo siempre, seguir arrodillándome ante Él, ante un niño y un anciano”.
Su manera de entender el sacerdocio ha sido precisamente esa: arrodillarse lo mismo ante el sagrario que ante el sufrimiento concreto de quien no tiene techo, familia ni esperanza. Desde ahí es fácil entender que, después de tanto tiempo siga celebrando misa emocionado cada día.
Lejos de pensar en retirarse, el fundador de Mensajeros de la Paz sigue soñando proyectos. El último, una Fundación para paliar la soledad no deseada, ese “nuevo pobre” de nuestras ciudades, integrado por personas mayores, enfermos o simplemente personas solas, que necesitan sobre todo compañía, escucha y cariño.
En su 65 aniversario de cura, el padre Ángel sigue convencido de que su ordenación fue “el gran acontecimiento” de su vida; todo lo demás, insiste, ha sido intentar estar a la altura de aquel día, sirviendo a Dios en los últimos.
