Cecilia Pilar, presidenta de Manos Unidas: "El hambre, la pobreza, la desigualdad, crean más muertes silenciosas que la guerra"
"El sueño de Manos Unidas es desaparecer". Cecilia Pilar, presidenta de Manos Unidas, 'declara la guerra' al hambre, con motivo de la Campaña anual de la ONGD de la Iglesia española. Una campaña que pone titulares a un trabajo, de más de seis décadas, para acabar con la pobreza y la desigualdad. "El hambre, la pobreza, la desigualdad, crean más muertes silenciosas que la guerra", sostiene.
Pregunta. Habéis presentado la campaña al ataque. Habéis declarado la guerra, no solo al hambre, sino también a la violencia, a la injusticia y a las situaciones que promueven que en el mundo se den estas injusticias.
Respuesta. En realidad, estamos declarando la paz. ¿Por qué lo decimos ahora otra vez, después del año 59, donde nuestra fundadora declaró la guerra al hambre con muchísima valentía? Pues porque ser original, a veces, es volver a los orígenes, a los de esas mujeres que nos siguen acompañando. Y en estos momentos convulsos, donde parece que el mundo es incapaz de construir la paz, era el momento oportuno para declarar la guerra al hambre, para conseguir la paz. Porque el hambre, la pobreza, la desigualdad, crea más muertes silenciosas, sostenidas en el tiempo, calladas, que nadie conoce. Y hay más muertes por hambre que por guerra.
R. Nos duelen las guerras, porque hay muchas personas que sufren y mueren. Pero ese hambre, esa pobreza, esa desigualdad latente… Después de tantos años, en pleno siglo XXI, que haya 673 millones de personas pasando hambre, y mil millones de personas en pobreza extrema, es un dolor que nos remueve y teníamos que manifestarlo. Hablando de la paz, porque declarar la guerra al hambre es hablar de paz. Nosotros decimos que el desarrollo es el nuevo nombre de la paz.
P. Vivimos en un mundo plagado de guerras, de desigualdad, con muchos conflictos olvidados. Pese a que, sobre el papel, las circunstancias no son las mejores, por polarización política, por la situación del mundo... da la sensación de que es más necesario que nunca sacar la voz y las manos y lanzarse a una batalla que es difícil de ganar, pero no por eso hay que dejar de plantear.
R. ¿Pero qué hace ganar día a día esta lucha? Nosotras tenemos que luchar contra las hambres, contra tres hambres importantes: el hambre de paz, el hambre de justicia y el hambre de paz. Eso está en el ADN de Manos Unidas desde su fundación. Entonces, para nosotros esto es seguir trabajando. Otros años también hablamos de paz, incluso convocamos un trienio de paz. No es nuevo para Manos Unidas hablar de paz, porque nosotras construimos la paz con el desarrollo. Y llevamos aquí un desarrollo de 67 años.
Después de tantos años, en pleno siglo XXI, que haya 673 millones de personas pasando hambre, y mil millones de personas en pobreza extrema, es un dolor que nos remueve y teníamos que manifestarlo
P. Y transformando la vida de las sociedades con las contrapartes, que es otro ejemplo del trabajo que lleva a cabo Manos Unidas. No es el hombre blanco que llega a ayudar al 'pobre negrito' sino que es ayudar a encontrar personas, instituciones allí que ya estén trabajando y con las que poder trabajar.
R. Nuestro grupo de trabajo es muy particular. Tenemos 400 socios locales. Son ellos los que dicen: necesitamos una escuela, necesitamos un ambulatorio médico, necesitamos agua, necesitamos luz, necesitamos huertas en Senegal con mujeres. Entonces vamos allí, vemos que esa necesidad existe, nos presentan un proyecto, lo aprobamos y luego seguimos viajando para consolidar que aquello se está produciendo según los términos. Y esa es una riqueza que tiene Manos Unidas, que es imparable. Nuestros socios locales viven con las comunidades, cuando hay conflictos se quedan allí, y nos dicen qué está pasando allí de verdad.
P. Y cómo se puede ayudar de la mejor manera posible a todas esas poblaciones. Lo decía Georges Sabe: hemos decidido quedarnos con ellos.
R. Nosotros nos quedamos con ellos para ayudarles en su desarrollo en la medida que podamos acompañarlos. Y solucionar, aunque sean pequeños conflictos diarios, pequeñas necesidades diarias, Lo que supone para un niño un vaso de leche cuando no lo tiene es muchísimo.
R.
P. Este viernes se celebra el día del ayuno voluntario. Que parece un gesto y es un gesto. Pero que también sirve para generar conciencia. Porque es tan importante desde un mundo en el que afortunadamente, salvao excepciones, no hay personas que mueren de hambre. Entender que nuestra abundancia es la precariedad de otros.
R. Y que eso también es guerra, violencia y injusticia. Nuestra forma de vida y comportamientos aquí en el norte generan hambre en el sur. Porque todos tenemos que comer productos agrícolas.Trigo, naranjas, lo que sea. Y aquí nosotros desperdiciamos mucho. Nuestro comportamiento de consumo genera hambre en el sur. Eso es pasar hambre. La guerra de Ucrania provocó una gran cantidad de hambre en África. Porque destruyeron el trigo y, aunque llegara parte, no lo podían pagar. Todo está conectado: cantidades ingentes de ropa, que llegan a África y allí las queman. Y contaminan. Y ellos no han contribuido en nada en hacer esas cosas. Somos nosotros.
P. Si pudieras elegir un sueño para el futuro de Manos Unidas, ¿cuál sería?
R. Cerrar. El sueño de Manos Unidas es desaparecer. Ojalá llegara ese momento en que dijéramos, mira, hasta aquí hemos llegado, ya no nos necesitan. Que cerremos la puerta y bendito sea Dios. Ese es el sueño de Manos Unidas. Desaparecer. Es cierto.
