Cristianos socialistas: Caminos que confluyen con la esperanza desde la acción política
Testimonio de cómo la acción política nos lleva al compromiso con la sociedad a través de herramientas como Cáritas Española
A cuenta de la regularización extraordinaria 2026 que, además de garantizar derechos y dotar de seguridad jurídica, reconoce y dignifica a las personas migrantes que ya viven entre nosotros, estamos atendiendo a una exacerbada necesidad de apuntalar adjetivos, argumentos y criterios sobre este proceso que nos alejan de lo esencial: la búsqueda del bien colectivo.
Leíamos hace unos días un artículo que reducía la caridad al ejercicio individual y por ende, consideraba la imputación de recursos del Estado a cuestiones de inclusión de “el otro” como negligente o desajustada. Otros medios de comunicación, esforzándose en retorcer Evangelios y nacionalidades pontificias para explicar la dimensión globalizadora de un cristianismo que antepone lo humanitario a lo identitario. Y en medio de tantas letras libres, recuerdo la historia de Benjamina en Atapuerca, que nos alecciona sobre el origen del altruismo social, sobre la importancia de la capacidad transformadora del amor en el cuidado – de nuevo – del otro.
Más allá del claim que acompaña en la actualidad a muchas y diversas organizaciones, y que afirma en su propuesta de valor que pone “a la persona en el centro”, vuelvo a esta idea nuclear cada vez que alguien extrañado me pregunta: “¿cómo se puede ser de izquierdas y sin embargo cristiano?”. Y aunque considero de Perogrullo la universalidad de la vocación social (en PSOE y también en la Iglesia), me esfuerzo en simplificar un mensaje: desde ambos espacios trabajamos por materializar un compromiso compartido, y que a nadie excluye, el de construir un mundo, un país y una sociedad mejor para todos.
A nadie excluye, el de construir un mundo, un país y una sociedad mejor para todos
Será mejor, si mejora la vida de quienes menos tienen, si protege a las personas más vulnerables, si se basa en tejer vínculos fraternos que generen comunidad, si se hace de la mano del impulso a políticas públicas y un fortalecimiento del Estado que no deje a nadie atrás.
Lo realmente complicado para sería no confirmar esos nexos, no evidenciar una visión alineada en torno a la justicia social, la dignificación en el acceso a derechos fundamentales, la defensa de la igualdad, el respeto a la diversidad y pluralidad en una comunidad que queremos acogedora…
En Cáritas trabajamos a partir del reconocimiento de la dignidad de todas las personas, más allá de su origen, credo, cultura o circunstancias que hayan conducido a la situación de exclusión o vulnerabilidad. Acompañamos en clave promocional a familias empobrecidas, infancias vulnerables, menores migrantes solos, mujeres víctimas de trata, prostitución y otras violencias, personas con dificultades de acceso al mercado laboral, en situación de soledad no deseada, o en situación de sinhogarismo, … También aquellas que se ven afectadas por conflictos y desastres en todo el mundo, abogando por una cultura de paz.
Y lo hacemos desde el valor de la subsidiariedad: concediendo a las personas el protagonismo de sus procesos, dotándoles de voz y participación real; pero también desde de la subsidiariedad respecto a la Administración, sabedoras que el Estado debe ser garante de los Derechos Humanos, y nuestra acción complementaria. Ello guía nuestras acciones de denuncia e incidencia política, y así por ejemplo, apoyamos la ILP por la regularización junto con otras 900 entidades sociales y respaldada por un amplio apoyo ciudadano de más de 700.000 firmas.
Una misión la de Cáritas donde el valor del voluntariado es innegable, junto con la capilaridad de una extensa red que permite actuar desde la proximidad ¿En torno a qué se unen más de 4000 personas de toda la diócesis ofreciendo un espacio de escucha, una mano tendida, su tiempo y dedicación? El objetivo es único: ayudar, mejorar la vida de la gente con la que conviven, impulsar cambios que beneficien a los vecinos que pasan dificultades, que viven en precariedad…
Nuestro compañero Kepa es testimonio de ese amor desinteresado que es motor de cambio en Cáritas y nos permite llegar más lejos con nuestra acción. Él nos cuenta:
Kepa: Mi pertenencia personal a Cristianos Socialistas PSOE responde a un compromiso individual de reflexión y acción social inspirado en el Evangelio y en la Doctrina Social de la Iglesia
“Trabajo como voluntario y soy el director de la Cáritas Parroquial de Nazaret, un barrio de Valencia, vulnerable, situado a las afueras de la ciudad de Valencia, carca del puerto, y aislado por el antiguo cauce del río Turia y las vías del tren.
La labor desarrollada desde Cáritas Parroquial de Nazaret se fundamenta exclusivamente en los principios evangélicos de justicia social, solidaridad, dignidad humana y atención preferente a las personas más vulnerables. Todas las actuaciones, proyectos y decisiones se realizan desde una perspectiva plenamente coherente con la misión de la Iglesia y con los fines estatutarios de Cáritas, sin vinculación partidista ni utilización ideológica de la acción caritativa.
Mi pertenencia personal a Cristianos Socialistas PSOE responde a un compromiso individual de reflexión y acción social inspirado en el Evangelio y en la Doctrina Social de la Iglesia, especialmente en lo relativo a la defensa de los derechos humanos, la lucha contra la pobreza y la promoción del bien común. Dicha pertenencia se ejerce a título estrictamente personal y no interfiere, condiciona ni representa institucionalmente a Cáritas Parroquial de Nazaret.
Lejos de suponer una incompatibilidad, este compromiso social refuerza una vocación de servicio coherente con los valores cristianos, siempre desde el respeto a la pluralidad, la neutralidad institucional y la independencia de la acción caritativa respecto de cualquier opción política concreta.”
Porque el partido en el que militamos apostó por hacer del lema de “no dejar a nadie atrás” una acción de gobierno. Un verdadero escudo social diseñado para proteger a los más débiles ante cada crisis (COVID, Ucrania…), ante cada emergencia (inundaciones, incendios,…), ante cada necesidad… La progresiva subida del salario mínimo interprofesional, la revalorización de las pensiones, el Ingreso Mínimo Vital, las bonificaciones al transporte público, la moratoria anti desahucios, la prohibición de corte de suministros del hogar ante impagos, el bono social eléctrico, más becas educativas, medidas por la igualdad de género real, los ERTEs… Un conjunto de medidas sostenidas en el tiempo que busca favorecer la inclusión social y reducir los espacios de desigualdad.
No constituyen una receta mágica para combatir la fragmentación social. Queda trabajo por hacer ante la cronificación de las situaciones de exclusión y la transmisión intergeneracional de la pobreza; falta incorporar más mirada predistributiva a las políticas progresistas como demanda FOESSA, pero innegablemente todo ello está destinado a proteger a las personas más vulnerables, en un esfuerzo institucional contante por reforzar el Estado del bienestar, haciendo primar los valores democráticos y dejando de lado otras guerras culturales excluyentes entre la lógica de Derechos Humanos y el humanismo cristiano, que en otros espacios de diálogo nos empeñamos en confrontar.
Nuestra Secretaria General del PSPV, Diana Morant, apela muchas veces a esa esperanza que reivindicaba el poeta Miguel Hernández y que en nada difiere del objetivo de ambas organizaciones en las que hoy Kepa y yo nos ocupamos: “ser esperanza en la vida de muchas personas, serlo para quienes más nos necesita”. Por ello en el contexto de un mundo convulso que nos demanda caminar juntos hacia nuevos compromisos colectivos, “dejadnos la esperanza”.
