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Luis Miguel Rojo: "Es más necesario que nunca acoger la Palabra de Dios y desarmar nuestras palabras hirientes"

El delegado episcopal de Cáritas Española cree que muchas personas no son conscientes del valor que tiene la cuaresma. En entrevista con RD, espera que "sea un tiempo para vacunarnos con el antivirus del compromiso, la justicia y la reconciliación"

Luis Miguel Rojo | Cubillo

"Una vuelta a lo sencillo, ayunar del autorreferencialismo y del consumismo; recuperar la limosna como actitud de entrega, en un horizonte de cuidado por la persona y la creación; y la oración como el encuentro con Dios, culmen hacia el que nos dirigimos". Luis Miguel Rojo (Burgos, 1983) reivindica el profundo poder de conversión y transformación personal, pero también comunitaria, que conlleva la cuaresma, un tiempo y práctica sobre el que abunda en realidad el desconocimiento incluso entre los fieles.

En conversacion con Religión Digital, este miembro de los Misioneros Paúles y especialista en el magisterio del papa Francisco –sobre el que habla este fin de semana en las Jornadas de Teología de la Caridad que acoge la diócesis de Ávila–, invita en este tiempo "a detenerse un instante y plantearse el por qué de las cosas". De esta manera, asegura, "podrá apreciarse el fin último de la cuaresma".

Pregunta. Hace un par de años, unos miembros de una sociedad gastronómica pidieron una dispensa al obispo para poder comer una ‘alubiada con sacramentos’. ¿Les dispensaría usted?

Respuesta. Pues la verdad es que no conozco los detalles del caso, más allá de lo que recuerdo que leí en los medios de comunicación, pero creo que el obispo actuó correctamente, por lo que sí, pienso que también yo les dispensaría. Lo que me gustaría es que más allá de la dispensa o no lográramos reconocer el verdadero sentido de la cuaresma y facilitar a las personas que puedan vivirlo en sus vidas.

Luis Miguel Rojo, en la sede de Cáritas Española | Cubillo

P. El obispo les impuso unas prácticas penitenciales. ¿Se le ocurren a usted algunas acordes al motivo de la dispensa?

R. No conozco la realidad concreta donde aconteció el caso para proponer algunas prácticas que sean acordes, pero de entre las que recomienda la Conferencia Episcopal me parece muy apropiada en el momento social en el que vivimos la limosna. En el sentido al que nos invita la exhortación apostólica Dilexi te; como «un momento necesario de contacto, de encuentro y de identificación con la situación de los demás» (115), que nos permita «tocar la carne sufriente de los pobres» (119). No olvidemos que aquí se recupera el sentido que esta tenía para San Ambrosio de Milán: «la limosna es justicia restaurada» (43).

R. Otra de las prácticas que me parece muy necesaria hoy la mencionaba el Papa León en su mensaje para la cuaresma: «abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo». Hoy es más necesario que nunca acoger la Palabra de Dios y desarmar nuestras palabras hirientes para recuperar un lenguaje conciliador, amable y positivo.

P. He querido comenzar con esta cuestión que en su día ocupó destacados espacios en los medios porque creo que da una cierta medida de hasta qué punto la cuaresma parece haber perdido un poco su fin último. ¿Es irrecuperable o lo estamos ignorando a sabiendas, pensando que es algo del pasado?

R. Creo que muchas personas no son conscientes del valor y del significado profundo que tiene la cuaresma. Se pasa de puntillas por la vida o viviendo a una velocidad tan rápida que no nos permite darnos cuenta del sentido de la realidad. Quien logra detenerse un instante y plantearse el por qué de las cosas podrá apreciar el fin último de la cuaresma. Pero no solo la cuaresma, sino que la tradición de la Iglesia se ha ido plasmando en el calendario litúrgico, cuyo valor en sí mismo facilita la vivencia en nuestra vida diaria de los misterios de la fe y acomoda los pasos de nuestra historia a la historia de Dios.

El delegado episcopal de Cáritas Española | Cubillo

P. ¿Cómo ayudar al hombre y a la mujer de hoy, creyentes convencidos como los miembros de esa sociedad gastronómica, a volver a vivir la esencia de la cuaresma?

R. La cuaresma es un tiempo de conversión, de volver a Dios. Por este motivo, el primer paso no depende de nosotros, sino que siempre lo da Dios, se muestra disponible y sale al encuentro del ser humano. Sin perder de vista el don de la gracia, podemos ayudar facilitando las preguntas fundamentales, aquellas que dan sentido a la vida y que nos ponen en relación con Dios; también descubriendo el valor de la comunidad, del otro, especialmente del hermano que peor lo está pasando; por último, con gestos concretos de esperanza, compromisos que den razón de nuestra esperanza en medio del mundo. De este modo, cuando al finalizar la cuaresma celebraremos la Pascua, podremos experimentar convencidos que después de la pasión y muerte, llega la resurrección.

P. Hoy hay dietas y planes de todo tipo para adelgazar, para ponerse en forma, para aprender un idioma… ¿Se le ocurre alguna manera, algún plan para encarar la cuaresma de tal manera que tenga su verdadero efecto transformador y quien lo escuche no haga oídos sordos?

R. No creo que las dietas milagro funcionen, ni que se aprendan idiomas sin esfuerzo y constancia. La cuaresma es un camino de conversión que tiene sus pasos propios, que podemos recorrer de distinta manera. Parte de escuchar la Palabra de Dios, tal y como hizo Abraham que acogió la voz de Dios a salir de su tierra, también nosotros somos invitados a recorrer un camino de conversión. Este pasa por el desierto y la necesidad de formar una identidad de Pueblo, dejarnos modelar por Dios y hacer Alianza con Él. El tercer paso es transformar el corazón, como María, encontrar el equilibrio entre el ser y el hacer, la escucha y el compromiso de vida. El cuarto paso tiene muchas paradas, porque la subida a Jerusalén no es lineal, sino que busca las periferias espirituales y existenciales, para curar a los enfermos, consolar a los que sufren, anunciar el año de gracia a los últimos. Por último, estar dispuestos a ser enviados como discípulos misioneros que se han encontrado con el resucitado.

La conversión requiere la puesta en marcha de un movimiento que va de la periferia al centro

P. El objetivo es claro: un camino para la conversión, para un ‘ajuste’ en nuestro espíritu, una revisión. ¿Por qué a tantos les cuesta tanto esa ‘puesta a punto’?

R. Porque no es una revisión que se haga en un momento puntual, de vez en cuando o una vez al año. No hay una guía de instrucciones que podamos aplicar cuando toca. Esto es algo constante, la conversión requiere la puesta en marcha de un movimiento que va de la periferia al centro. Hablamos de un camino que debemos aprender a vivir en clave de proceso, siendo conscientes que el verdadero sentido se logra en el caminar cotidiano.

Luis Miguel Rojo | Cubillo

P. La cuaresma, lógicamente, se circunscribe a los creyentes. Pero, ¿cree usted que, en general, la sociedad, ya no digo la española, sino la occidental, está necesitada de algunas de las privaciones que se sugieren para este período? ¿Cuáles creería usted más necesarias y convenientes?

R. Hace unos meses en Cáritas publicamos el IX informe Foessa, allí abogamos por un cambio de paradigma civilizatorio que pusiera en el centro la fraternidad, nuestra pertenencia a la casa común y el cuidado. Supone una vuelta a lo sencillo, supone ayunar del autorreferencialismo y del consumismo; recuperar la limosna como actitud de entrega, en un horizonte de cuidado por la persona y la creación; y, la oración como el encuentro con Dios, culmen hacia el que nos dirigimos.

P. En esas mismas sociedades occidentales, donde la exclusión comparte espacio con la opulencia, ¿contemplar al que lo está pasando peor puede ser un punto de partida para una conversión cuaresmal?

R. Por supuesto, pero no solamente para ver y meditar la realidad, sino para comprometerse con ella. El Papa Francisco decía que «la atención afectiva que se presta al otro provoca una orientación a buscar su bien gratuitamente» (FT 93). La solidaridad y la conversión personal y comunitaria se enriquecen mutuamente. Dicha relación puede transformar las sociedades cultivando relaciones de amistad social que no excluyen a nadie y desarrollando una fraternidad abierta a todos.

P. ¿Puede la cuaresma ser una especie de detox para el espíritu en una sociedad a la que se le empieza a inocular el virus de la xenofobia?

R. La cuaresma es una oportunidad para la desintoxicación del virus de la xenofobia claro que sí, pero necesitamos vacunarnos. Al finalizar el jubileo de la esperanza el Papa León se hacía esta pregunta, que también nos la podemos hacer ahora: ¿seremos más capaces de reconocer en el visitante a un peregrino, en el desconocido a un buscador, en el lejano a un vecino, en el diferente a un compañero de viaje? Para responder afirmativamente tanto a esta pregunta como a la suya necesitamos convertirnos, cambiar nuestras conciencias, nuestro estilo de relacionarnos, de hablar con los demás, de situarnos en la realidad.

R. Tengo esperanza en que la cuaresma sea un tiempo para vacunarnos con el antivirus del compromiso, tanto personal como comunitario, con la justicia y la reconciliación. Un tiempo en el que el grito de los pobres sea un punto luminoso que nos orienta en la edificación de la civilización del amor.

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