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Campaña Contra el Hambre de Manos Unidas

Sandra Ramos: "La educación es un arma, y hay que aprender a usarla"

La religiosa mexicana, que trabaja en Sierra Leona, es una de las protagonistas de la Campaña contra el Hambre de Manos Unidas, 'Declara la guerra al hambre'

La hermana Sandra Ramos, en Madrid

Sandra Ramos es una religiosa mexicana que, desde hace una década, vive como misionera de las clarisas del Santísimo Sacramento en Sierra Leona. Gracias al trabajo compartido con Manos Unidas, ofrecen una oportunidad educativa, social y de derechos a niños (y niñas) que podrían estar condenados a una vida de violencia, odio e injusticia. "Es una espiral, que hay que romper. La educación es lo único que puede romper el círculo de pobreza, miseria enfermedad: estás enfermo porque no comes, otros comen y generan injusticia", nos cuenta.

Pregunta. ¿Diferente Madrid de Sierra Leona? 

Respuesta. Sí, un poco. Son por lo menos 25 grados de diferencia de temperatura.

P. ¿De dónde eres? 

R. Soy de México, de Monterrey. 

P. ¿De Monterrey? ¿Cómo llega una religiosa de Monterrey a Sierra Leona? 

R. Bueno, es que pertenezco a una congregación religiosa misionera, las clarisas, y nos pueden destinar a cualquier país donde tengamos misiones. Y en Sierra Leona nuestra presencia está desde 1960. Fue una propuesta de la madre y yo la acepté, por supuesto. 

P. ¿Con miedo? 

R. Pues, al principio un poco sí, porque tengo que confesar que, cuando escuchas que la malaria, no sé qué, la gente muere de malaria (el ébola ya había pasado, pero no el COVID), te asustas, pero también tienes la confianza de que la Gracia está dándome lo que necesitaba enaquel momento espiritual y emocional. Así que me fui confiada en que era la voluntad de Dios.

P. Sierra Leona es un país con conflictos históricos de todo tipo, guerras civiles, violencia, enfermedades, pobreza. ¿Cómo es el choque de realidad? 

R. Sí, es importante. Te enteras enseguida que estás en otro sitio. Yo llegué en diciembre, y estaban a 30 grados. Ahí me dije: 'Wow, esto es otro mundo'. Además, no había ninguna decoración navideña porque, claro, era un país musulmán. A las cinco de la mañana el muecín hacía la llamada a la oración. La comida, también: la base alimentaria es el arroz, y un la kasaba. Pero bueno, al final sí descubres que lo que sí hay en común es la dignidad de la persona, su ilusión por vivir, por ser mejor.

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Entrevista a la hermana Sandra Ramos

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P. ¿Qué obras mantenéis en Sierra Leona? ¿En qué trabajas? 

R. El principal sector es el educativo. También nos dedicamos a la pastoral. Y somos una orden misionera, que asistimos en las parroquias en la formación.

Sandra Ramos, en Sierra Leona | Manos Unidas

P. Hablando desde la educación como factor de desarrollo, ¿es posible transformar la realidad de los chicos con los que trabajáis desde la educación? 

R. Pues yo creo que sí, lentamente, pero sí. Cuando llegamos a Sierra Leone en 1960, las familias no mandaban a las niñas a la escuela, sobre todo en las zonas rurales. Probablemente en Freetown sí, pero donde yo estoy, no. Entonces las hermanas trabajaron mucho para conseguir que esto fuera una realidad y ahora es una realidad normalizada. Hoy tenemos 960 niñas en Primaria, y la sociedad se ha sensibilizado y reconocido que es un derecho. 

P. Yo he viajado a Benin en varias ocasiones, trabajando con Mensajeros de la Paz y los chicos que trabajan como esclavos, picando piedra en las canteras. Y el trabajo era convencer a las comunidades para construir junto a las canteras escuelas e ir, progresivamente, haciendo que los niños pasaran más tiempo en el colegio que en el trabajo. Esto se intenta explicar en Occidente, y te critican por hacer una escuela pero permitir que los niños sigan trabajando. ¿Cómo podemos explicar que esto no es como pasa en Europa o en los países más ricos? 

R. En nuestros países, el derecho a la educación está asegurado. Allí, no. Allí hay que ser conscientes de que la educación es un arma, y que como tal hay que aprender a usarla. Nosotros usamos varios trucos, como dar de comer a las niñas que iban a la escuela, y el padre la dejaba porque así tenía un problema menos. Con el tiempo ellos se dieron cuenta que su hija, al saber leer, 'valía' más. Y es que la educación es lo único que puede romper el círculo de pobreza, miseria enfermedad: estás enfermo porque no comes, otros comen y generan injusticia. Hay que romper ese círculo, pero lentamente, siguiendo su propio ritmo. Nosotras no podemos imponer. Las comunidades tienen que ir entendiendo y cohesionándose en torno a un proyecto, porque si no pareciera que viene impuesto. Y eso ya lo ganas, auque haya momentos, como el ébola, o la guerra, o el COVID, en los que tengas que recomenzar. Pero, aún así, ya saben que no ir a estudiar es un problema.

Hay que romper ese círculo, pero lentamente, siguiendo su propio ritmo. Nosotras no podemos imponer. Las comunidades tienen que ir entendiendo y cohesionándose en torno a un proyecto, porque si no pareciera que viene impuesto

P. Hermanas ahí rezando y enseñándoles a una niña a leer. Evidentemente hay cosas que son políticas...

R. Hay esperanza. Hay una mujer que se llama Isata Acabia, que nació en Sierra Leona. Estudió aquí Primario, lueg sus padres murieron y tuvo que irse a Reino Unido. Estudió, volvió a Sierra Leona, fue diputada. Es una líder con una formación diferente, que entiende y sabe hablar a los sierraleoneses. Hay esperanza de despertar esa conciencia de que las mujeres y los hombers son iguales, y tienen derechos.

Los misioneros pensamos en cambiar el mundo, sudar, sufrir y todo lo que tú quieras, pero tenemos que conseguir unas estructuras básicas. Hay que dejar el árbol y irse a un aula con las ciertas características. Manos Unidas nos lleva ayudando desde 1960

P. ¿Por qué es importante el trabajo que realizáis con Manos Unidas? ¿Cómo explicamos a la genteque el trabajo que el dinero que dan a Manos Unidas es útil en Sierra Leona? 

R. Manos Unidas nos ayuda a identificar problemas concretos. Una vez que se hace ese discernimiento, se presentan proyectos. Nosotros podríamos tener todas estas ideas maravillosas, bonitas, espirituales y todo lo que quieras, pero si no podemos concretarlas, no pasa nada. Cuando las hermanas comenzaron a trabajar, enseñaban debajo de los árboles. Está bien, pero no podemos hacer eso toda la vida. Los misioneros pensamos en cambiar el mundo, sudar, sufrir y todo lo que tú quieras, pero tenemos que conseguir unas estructuras básicas. Hay que dejar el árbol y irse a un aula con las ciertas características. Manos Unidas nos lleva ayudando desde 1960. Ayuda par un entorno de estudio, de convivencia, que no podríamos construir sin la contribución de Manos Unidas, que no sólo es económica, sino técnica, de asesoramiento, de cuestionamiento.

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