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El abuso espiritual y el 'giro católico' de la generación Z

"Cuando todos se van, con los pobres sólo se queda la Iglesia"

Myriam García Abrisqueta Presidenta nacional de Manos Unidas

"El único obstáculo para ganar al hambre es el de pensar que la victoria es imposible"

Myriam García Abrisqueta es la presidenta nacional de Manos Unidas, la flamante ONG de la Iglesia católica, que acaba de conquistar el premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Entrevistada por Antonio Astorga en Abc, asegura que "cuando todos se van, la única que permanece al lado de los pobres es la Iglesia" o que "El único verdadero obstáculo para ganar la batalla al hambre es el de pensar que la victoria es imposible".

Llevan ya medio siglo en la brecha y fo rman un grupo humano ejemplar.

No sólo somos nosotros. También nuestros maridos, hijos y amigos que nos echan una mano en todo momento. Sin ellos, no sería posible desarrollar esta misión y esta vocación.

Lo llama vocación...

Esto engancha. Antes de Manos Unidas yo tenía otro tipo de trabajo, pero nunca me abandonó la inquietud ante un mundo injusto. Por eso lo llamo vocación. Así que cuando vi que mis hijos eran ya más mayores busqué una institución con la que yo compartiese valores y encontré Manos Unidas, que como ONG católica y de voluntarios volcada en combatir el hambre lo reunía todo.

La impronta femenina es una de las señas de identidad de su ONG.

Sí, eso es muy significativo. Hombres y mujeres tenemos la misma dignidad, pero cada uno aporta su esencia específica, y las mujeres aquí hemos aportado algo especial. Por ejemplo, en buscar soluciones de vida, nunca de muerte, o en esa idea de crear familia, de atender y querer a todos por igual... ¡Todo eso es propio de las mujeres y de las madres!

Esa sensibilidad ustedes la vierten en la «familia» humana.

Exacto. En el manifiesto que inspiró a las mujeres de Acción Católica, pioneras absolutamente vanguardistas, ya se ve esa cualidad. Y en nuestros proyectos de desarrollo una de nuestras principales líneas es la de la promoción de la mujer. Para muchas, la falta de oportunidades de tener una vida digna es brutal y sentimos esa empatía hacia ellas. Y también hemos experimentado que cuando se acompaña y apoya el desarrollo de las mujeres se crea un tejido social mucho más fuerte.

¿Cómo tomar conciencia desde la orilla opulenta del planeta?

Sólo es posible si transformamos nuestros hábitos y nos hacemos mucho más austeros. Es importante mantener iniciativas como el Día del Ayuno Voluntario. Si un día dejas de comer no te va a pasar nada, te acordarás de los que pasan hambre y además aportarás esos recursos. Un misionero nos contaba: «A mí ya cuando era pequeñito mi madre me decía: "Hoy no comemos por Manos Unidas"» y él se preguntaba: «quiénes serán estos de Manos Unidas que me dejan sin comer». Ahora es una persona que da su vida por los demás.

¡Y sólo se le dan titulares a la Iglesia por los casos de pederastia!

Eso me produce tristeza. El Papa ha pedido perdón porque a lo mejor no había sido lo suficientemente vigilante, y por supuesto que hay que afrontar la situación, pero únicamente se habla de eso. También en Manos Unidas nos pasa cuando se debate sobre el sida, que sólo se menciona a la Iglesia en contra del uso del preservativo cuando en nuestra organización vivimos testimonios de auténticos héroes que en situaciones de guerra no abandonan a las comunidades y que cuando todos los demás se van ellos siguen ahí. Son la única esperanza para esa población, ofreciendo retrovirales, evitando el contagio vertical de madre a hijos, acogiendo a los huérfanos y a las viudas...

-¿Hay mucho solidario de charanga y pandereta?

-Bueno... Yo me limito a hablar de instituciones como Manos Unidas y otras muchas que hacen una labor de peso.

-¿Por qué se enquista el hambre en el mundo?

-Es una cuestión difícil. Aunque ayer la FAO dio unas cifras un poco esperanzadoras (de 1.020 millones de personas que sufrían hambre hemos pasado a 925) todavía son demasiados. Y hablamos de personas, con sus proyectos de vida, con sus familias... Es dramático. Pero como las pioneras de Acción Católica decían, el único verdadero obstáculo para ganar la batalla al hambre es el de pensar que la victoria es imposible.

-Estudió Historia del Arte y ha trabajado en gestión de patrimonio. ¿Añora algo de aquello?

-Me dediqué a la arqueología y pasé luego a la Fundación de Amigos del Museo del Prado. Y es verdad que ahora a veces echas de menos tener tiempo para ir a una exposición, pero he cambiado las obras maravillosas de la creación del ser humano por esa obra de arte inigualable que son las personas creadas a imagen y semejanza de Dios.

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