Hazte socio/a
Última hora
Luis Marín San Martín, nuevo limosnero papal

El pésame

Albera y la comarca entera mostró su pesar a los padres que habían perdido a una niña pequeña y tenían que pasar por el trago de despedirla. La cola interminable de vecinos llenaba la iglesia de san Pablo. Encoge el corazón a cualquiera decir adiós a una cajita blanca.

Cuando le tocó el turno a sor Consuelo, se detuvo un instante para tomar las manos de la madre al darle el pésame, y le dijo:

-Ella ya está con Dios.

Presa de un dolor enorme, la madre replicó:

-¿Y nosotros cuándo?

Sor Consuelo sacó del bolsillo de su hábito un rosario y lo dio a la pobre mujer, quien lo cogió con enfado, casi por no despreciarlo ante la bulla doliente.

Mas en los años siguientes, que siguieron pasando inexorables, cuando la pobre mujer iba a la iglesia de san Pablo, siempre portaba el rosario, y si veía en la iglesia a sor Consuelo, le daba las gracias por haberle regalado lo que para ella fue la salvación.

También te puede interesar

Lo último

¿Seremos capaces, en algún momento, de reconocer nuestras propias cegueras?

Creer para ver