30 abr 2025
Somos quienes dejan su hogar con el alma rota
«Una de las condiciones para alcanzar la paz, pocas veces respetada, es la de la libre circulación de las personas. Frente a este derecho, qué egoísmo supone nuestro cierre de fronteras, las rejas que levantamos en Ceuta y Melilla, los muertos de Lampedusa, y de todo el Mediterráneo y de las rutas atlánticas.
Qué vergüenza, qué cobardía, cuando no reconocemos ni proclamamos que las migraciones son una realidad histórica, que todos los pueblos hemos vivido, y que crean riqueza demográfica, cultural y espiritual; y cuando callamos y no rechazamos las leyes y políticas de extranjería de nuestro Estado o los reglamentos de la Unión Europea, tan absurdas e inhumanas»[1].
[1] Palabras de Arcadi Oliveres de un texto titulado “Acercarse, con confianza y sin desfallecer, a la Paz”, 2014.