“Hijo mío, que no te abandonen el amor y la lealtad; átalas a tu cuello, grábalas en la tablilla de tu corazón; así obtendrás estima y aceptación ante Dios y ante los hombres” (Prov 3,3)
“La búsqueda de la felicidad”, afirma el Papa Francisco, es algo común en todas las personas, de todos los tiempos y edades” porque ha sido Dios quien ha puesto “en el corazón de todo hombre y mujer un deseo irreprimible de la felicidad, de la plenitud”.