Una Iglesia que “valora la contribución de todos los bautizados, en la variedad de sus vocaciones”, llamados a transmitir los frutos del trabajo y continuar juntos el camino.
Una Iglesia sinodal que tiene como fuente la Trinidad y es desafiada a asumir el discernimiento en todos sus niveles
Eso demanda una renovación de las relaciones y cambios estructurales, un mayor reconocimiento y valorización de la contribución de las mujeres y un aumento de las responsabilidades pastorales, cuestionando como incluirlas en las funciones y ministerios existentes, o incluso crear nuevos ministerios
Se invita a escuchar a los jóvenes, a las víctimas y sobrevivientes a abusos sexuales, espirituales, económicos, institucionales, de poder y de conciencia por parte de miembros del clero o personas con nombramientos eclesiales
Con la participación de todos tomar decisiones verdaderamente apostólicas