El prelado invita a entrar en la “locura de Dios” y ejemplificó: “Nadie vive más intensamente un gozo si no aceptó vivir a fondo una angustia"
"Uno descansa mejor después de cansarse y bebe agua con más placer luego de sufrir una tremenda sed. No se puede vivir plenamente sin aceptar momentos de límite”
"Cuando miremos a Jesús crucificado, tiene que llegar un momento en que la propia mirada se una a su mirada. Así veremos que él levanta la cabeza y contempla a todos los abandonados, excluidos, explotados, desesperados, y nos pide que seamos sus instrumentos para acercarles alivio y liberación"
“Frente a un Dios anonadado de esa manera, ¿qué sentido pueden tener la gloria humana y el poder que pretendemos poseer los mortales?"